Insectos

Descubrimiento sin precedentes en la arqueología: hallan una hormiga de hace 40 millones de años

hormiga 40 millones años
Especie de hormiga en ámbar. (Foto: Bernhard Bock/Daniel Tröger)
Blanca Espada

Durante mucho tiempo, la colección de ámbar que perteneció al novelista, poeta, filósofo y naturalista alemán Johann Wolfgang von Goethe se consideró una curiosidad más dentro de su legado. Piezas bonitas y curiosas de las que poco más se pensaba. Por eso ha sorprendido tanto que, al examinarlas con calma y con herramientas modernas, los investigadores hayan encontrado algo que nadie esperaba: una hormiga fosilizada de hace unos 40 millones de años, tan oculta en la resina que era imposible verla a simple vista.

El hallazgo no llegó de golpe. Los científicos de la Universidad de Jena empezaron revisando la colección casi por rutina, sin pensar que allí pudiera esconderse algo así. Pero la pieza reveló sus secretos sólo  cuando se aplicaron técnicas de imagen avanzadas, más propias de un hospital que de un laboratorio de paleontología. Y, de pronto, la silueta de un insecto extinto empezó a tomar forma. A partir de ese momento, el proyecto cambió por completo. El fósil no era un simple insecto atrapado en ámbar, sino un ejemplar excepcionalmente bien conservado que abría la puerta a observar estructuras internas nunca vistas en esta especie. Un descubrimiento que ha obligado a repasar de nuevo esas colecciones antiguas que, de vez en cuando, demuestran que aún guardan historias inesperadas.

Hallan una hormiga de hace 40 millones de años

Quien haya visto alguna vez la colección de ámbar asociada a Goethe sabe que, a primera vista, no tiene nada de espectacular. Son piezas pequeñas, de un color cálido, que el escritor guardaba más por curiosidad que por interés científico. Y quizá por eso nadie pensó que dentro de una de ellas descansaba una hormiga fosilizada desde hace unos 40 millones de años. Ni él mismo, que observaba la naturaleza con una atención casi obsesiva, habría imaginado algo así.

El giro llegó mucho después, cuando un equipo de la Universidad de Jena empezó a revisar la colección con instrumentos modernos. Lo hicieron sin prisa porque no esperaban encontrar nada, pero lo hicieron y no sólo una hormiga, sino dos mosquitos atrapados en otra pieza. Todos prácticamente invisibles a simple vista, escondidos en un ámbar sin pulir que nunca había sido estudiado en profundidad.

Para desentrañar qué había dentro, los investigadores evitaron tocar la pieza. Optaron por un método que suena más a radiología que a paleontología: la microtomografía de sincrotrón, realizada en las instalaciones del DESY, en Hamburgo. Ese escaneo permitió ver el interior del ámbar como si fuese transparente y reconstruir cada insecto en tres dimensiones, con un nivel de detalle que, hasta hace poco, era impensable para fósiles de este tamaño.

Ctenobethylus goepperti, la especie extinta que ahora puede estudiarse por dentro

La hormiga hallada dentro de la pieza de ámbar pertenece a la especie extinta Ctenobethylus goepperti, habitual en el ámbar báltico. Lo sorprendente no fue su presencia, sino su estado de conservación. Según Bernhard Bock, del Museo Filético de la Universidad de Jena, el fósil ha permitido describir la especie con un nivel de precisión nunca alcanzado.

Las imágenes del sincrotrón revelaron detalles superficiales como pelos, mandíbulas y segmentos corporales, pero lo realmente revolucionario fue poder visualizar el interior del insecto. Por primera vez, los científicos tuvieron acceso a estructuras internas de la cabeza y el tórax, lo que aporta pistas sobre la evolución temprana de las hormigas y su relación con linajes actuales.

El equipo procesó por completo el fósil y creó una reconstrucción 3D interactiva, disponible para especialistas de todo el mundo. «Este modelo ayudará a identificar otros fósiles de la misma especie y a compararlos», explica Daniel Tröger, coautor del estudio. El material digital se convierte así en una herramienta de referencia internacional.

A partir de similitudes con el género Liometopum, que hoy habita en Norteamérica y regiones cálidas de Europa, los investigadores deducen que estas hormigas prehistóricas de 40 millones de años probablemente construían grandes nidos en árboles, lo que explicaría su frecuencia en ámbar.

Un descubrimiento que revaloriza las colecciones históricas

Buena parte del impacto de este hallazgo no reside sólo en la hormiga que ha estado conservada 40 millones de años, sino en lo que revela sobre el valor oculto de colecciones antiguas. Goethe reunió estas piezas por curiosidad y por sus experimentos ópticos, sin imaginar que, dos siglos después, podrían ofrecer información paleontológica inédita.

«Es fascinante que un objeto procedente de su mano y de su época, cuando la ciencia recién comenzaba, aún pueda enriquecer nuestro conocimiento», afirma Bock. La investigación demuestra que muchos museos y colecciones privadas podrían albergar materiales científicos de enorme relevancia, invisibles hasta que las técnicas modernas permitan explorarlos. Además, el caso refuerza el papel del ámbar como archivo natural: pequeñas burbujas fosilizadas capaces de preservar organismos enteros con una fidelidad imposible en otros sedimentos. Cada pieza puede encerrar escenas completas de un ecosistema desaparecido hace millones de años.

Lo último en Ciencia

Últimas noticias