Candelaria de los pueblos de Cataluña

Ni marmotas ni sombras: en estos pueblos de Cataluña la Candelaria y el oso tienen mucho que decir

La Candelaria nunca fue un día cualquiera. Hoy, esta fiesta se mantiene viva

a Candelaria se sitúa exactamente 44 días después del solsticio de invierno

En muchos pueblos, estas creencias convivían con la liturgia cristiana sin conflicto

Ni marmotas ni sombras: en estos pueblos de Cataluña la Candelaria y el oso tienen mucho que decir

La Candelaria es una de esas celebraciones que, aunque discretas en apariencia, condensan siglos de creencias, observación de la naturaleza y vida comunitaria. Se celebra cada 2 de febrero, justo en el ecuador del invierno, y en muchos pueblos españoles sigue siendo una fecha señalada. No solo por su significado religioso, sino porque tradicionalmente ha servido para interpretar el clima, anticipar el final del frío y marcar un punto de inflexión en el calendario agrícola y ganadero.

En el mundo rural, la Candelaria nunca fue un día cualquiera. Hoy, esta fiesta se mantiene viva sobre todo en pequeños municipios, donde los refranes, las procesiones y las tradiciones populares continúan transmitiéndose de generación en generación. En algunos lugares se bendicen las velas; en otros, se encienden hogueras o se organizan celebraciones vinculadas a la montaña y a los ciclos de la naturaleza. La Candelaria es también una invitación a mirar al pasado y entender cómo las comunidades interpretaban su entorno cuando el tiempo atmosférico podía marcar la supervivencia durante semanas.

Una fecha clave en el calendario invernal: la Candelaria

La Candelaria se sitúa exactamente 44 días después del solsticio de invierno y 50 días antes del equinoccio de primavera. Esta posición intermedia explica por qué, desde hace siglos, se ha considerado un momento idóneo para hacer pronósticos meteorológicos. En una época sin previsiones científicas, observar el cielo en esta fecha servía para anticipar cuánto duraría el frío y cuándo podría empezar el deshielo o la llegada de temperaturas más suaves.

Uno de los refranes más conocidos en los territorios de habla catalana resume esta creencia: “Si la Candelera plora, l’hivern és fora; si la Candelera riu, l’hivern és viu”. Traducido al castellano, significa que, si llueve el día de la Candelaria, el invierno está a punto de terminar, mientras que, si hace sol, aún quedan semanas de frío intenso. Estos dichos populares no eran simples supersticiones, sino una forma de interpretar patrones climáticos repetidos durante generaciones.

Interpretaciones ligadas a la luna

Más allá de la lectura directa del tiempo atmosférico, existe una interpretación menos conocida pero muy extendida en la tradición popular, relacionada con el calendario lunar. Según esta visión, la Candelaria “llora” cuando hay luna nueva, ya que no se ve en el cielo, lo que indicaría que la primavera se adelantará.

En cambio, cuando coincide con luna llena y la noche es clara, se dice que la Candelaria “ríe”, señal de que el invierno aún será largo.

Esta lectura demuestra hasta qué punto las comunidades rurales estaban atentas a los ciclos naturales. La luna, fundamental para la agricultura, la pesca y el pastoreo, se convertía también en una referencia para interpretar el paso de las estaciones.

En muchos pueblos, estas creencias convivían con la liturgia cristiana sin conflicto, formando un imaginario colectivo donde religión y naturaleza iban de la mano.

El oso y las fiestas de montaña

En las zonas de montaña, especialmente en los Pirineos de Cataluña, la Candelaria se asocia a una figura muy concreta: el oso. Existe la creencia popular de que alrededor de esta fecha el oso comienza a despertar de la hibernación. El dicho “Per la Candelera, l’ós surt de l’ossera” refleja la idea de que el animal sale de su guarida para comprobar el tiempo.

Según la tradición, si el oso encuentra luna llena y buen tiempo, regresa a la cueva y prolonga su letargo unas semanas más. Si, por el contrario, la noche es oscura, entiende que el invierno ha terminado y despierta definitivamente. Esta creencia ha dado lugar a las conocidas fiestas del oso, muy presentes en localidades de los Pirineos, donde un vecino disfrazado de oso recorre las calles simbolizando el fin del invierno.

De los Pirineos al Día de la Marmota

Esta idea de un animal que “decide” cuándo acaba el invierno no es exclusiva de Europa. En Estados Unidos y Canadá, el 2 de febrero se celebra el Día de la Marmota, una tradición popular que también utiliza el comportamiento de un animal para predecir el tiempo. Si la marmota ve su sombra porque el día es soleado, vuelve a su madriguera y el invierno se alarga seis semanas más; si no la ve, la primavera está cerca.

Aunque esta costumbre se ha popularizado gracias al cine, su origen es folclórico y guarda paralelismos claros con las tradiciones europeas vinculadas a la Candelaria. Ambas muestran una necesidad común: encontrar señales en la naturaleza que ayuden a comprender y anticipar el paso de las estaciones.

La Candelaria como patrimonio cultural

Hoy, muchas de estas celebraciones se consideran parte del patrimonio cultural inmaterial. Instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona, a través de su área de cultura popular, destacan el valor histórico y simbólico de la Candelaria como expresión de identidad colectiva y memoria compartida.

Del mismo modo, organismos internacionales como la UNESCO subrayan la importancia de preservar las tradiciones que conectan a las comunidades con su entorno natural y su historia.

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