El truco del neuropsicólogo Álvaro Bilbao para que tu hijo se duerma pronto: «Sin despertares nocturnos»
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En muchas familias, existe un momento del día que de alguna manera se puede llegar a convertir en el más temido de todos. Nos estamos refiriendo al hecho de querer poner a dormir al niño y que este se resista o que de hecho, tengamos que pasar mucho rato intentando relajarle o acompañarle hasta que por fin se duerme. Una situación que acaba por desgastar a los padres, que llegan a la cama con la sensación de haber librado una batalla que se repite todas las noches. Pero por suerte existen trucos para lograr que tu hijo se duerma sin tanto esfuerzo, y uno de los más efectivos llega de la mano del neuropsicólogo Álvaro Bilbao.
Bilbao es de sobras conocido en las, y en uno de sus vídeos explica un método o truco para lograr que tu hijo se duerma y que en realidad, consiste en aplicar cuatro ideas que son muy concretas, pero que funcionan como un todo. No se trata de algo rápido, sino de cambiar la manera en la que el niño vive el momento de ir a la cama. Según explica, cuando los despertares nocturnos son frecuentes o el niño tarda mucho en dormirse, normalmente no es cuestión de disciplina, sino de cómo está gestionando esa separación tan larga que sucede por la noche. Los niños fácilmente se asustan cuando todo está oscuro o echan de menos a sus padres, por lo que es importante ponerse en su lugar, empatizar y con ello, podemos dar con la solución. De hecho, es la plantea Bilbao y lo cierto es que resulta de lo más efectiva.
El truco de Álvaro Bilbao para que que tu hijo se duerma pronto
Los especialistas coinciden en que el sueño infantil no suele fallar por una única razón. A veces influye el ritmo del día, otras el nivel de cansancio, los miedos propios de la edad o incluso la forma en la que se terminan las rutinas de la tarde. Para Bilbao, el denominador común suele ser la necesidad profunda de sentirse seguro. Por ello, el momento de acostarse que implica separarse de los padres durante horas, hace que los niños quieran asegurarse de que todo está bien antes de cerrar los ojos. Esa es la razón por la que este experto interpreta las interrupciones nocturnas como señales de búsqueda, no como desafíos. Entenderlo así cambia por completo la perspectiva y permite abordar el problema desde un punto más flexible.
Acompañar en lugar de vigilar
Lo primero que recomienda es acompañar al niño en el inicio del sueño. No para controlarlo ni para intervenir constantemente, sino para que perciba que el adulto sigue ahí. Esa presencia tranquila reduce la tensión y, según Bilbao, evita muchas de esas pequeñas maniobras que retrasan la hora de dormir. La clave está en ofrecer calma y cercanía, sin convertir el momento en una negociación interminable.
La seguridad se construye durante el día
La segunda idea rompe con la creencia de que todo se soluciona en la rutina nocturna. Para Bilbao, si durante el día el niño no se ha sentido conectado, escuchado o emocionalmente estable, es mucho más difícil que llegue relajado a la cama. Pequeños gestos de atención y tiempo compartido a lo largo de la jornada tienen un impacto directo en cómo se enfrenta a la noche. Esto, señala, es uno de los motivos por los que muchas estrategias fallan: se pretende resolver en diez minutos algo que se ha acumulado durante horas.
Límites claros para no alargar el ritual
El tercer punto introduce un elemento práctico. Bilbao aconseja que las peticiones previas al sueño estén acotadas. No se trata de negar, sino de anticipar. Un par de cuentos, un vaso de agua, un minuto de caricias y, después de eso, comienza la hora de dormir. Tener un marco claro evita que el niño prolongue la rutina por puro nerviosismo o por miedo a quedarse solo sin avisar.
Dejarles el último tramo del proceso
Llegado ese momento, Bilbao propone un cambio importante: el niño debe ser quien haga por sí mismo la parte final de quedarse dormido. El adulto sigue cerca, pero ya sin contacto físico. Esta pequeña distancia controlada es lo que, según el neuropsicólogo, marca la diferencia cuando hay despertares nocturnos. Si el niño aprende a dormirse sin depender del abrazo o la presencia activa de un adulto, tendrá más herramientas para volver a conciliar el sueño por su cuenta cuando se despierte.
Como vemos, las recomendaciones de Álvaro Bilbao no son un truco para que tu hijo se duerma por arte de magia. Lo que plantean es una forma más respetuosa de prepararse para la noche, basada en acompañar, dar seguridad, poner límites y fomentar la autonomía. Cuando esas cuatro piezas encajan, el descanso mejora, no porque el niño obedezca, sino porque entiende la noche y el momento de irse a la cama a dormir desde otro lugar.