Psicología

La psicología confirma que los niños que aprenden a leer las emociones de los demás antes de los 5 años tienen mejores relaciones cuando son adultos

Niños, psicología, emociones
Recreación artística de una niña con su madre. Foto: elaboración propia con IA
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Aprender a identificar si otra persona está triste, enfadada o contenta es una habilidad importante durante la infancia. Reconocer las emociones ajenas ayuda a interpretar situaciones sociales, responder de forma adecuada y desarrollar empatía.

Los primeros años de vida ofrecen un periodo especialmente importantes para adquirir estas capacidades y sentar las bases de futuras relaciones.

¿Cómo influye la educación emocional en las relaciones futuras de los niños?

La educación emocional comienza mucho antes de que los niños puedan explicar con palabras lo que sienten. Durante los primeros meses, los bebés responden a los gestos, las expresiones faciales y el tono emocional de las personas que los rodean.

Esa exposición cotidiana contribuye al desarrollo progresivo de la capacidad para interpretar estados emocionales.

Entre los dos y los tres años aparece una etapa especialmente compleja. El niño busca mayor autonomía, pero todavía depende de los adultos para regular buena parte de sus emociones.

Las rabietas y la frustración forman parte de ese proceso. Al mismo tiempo, empiezan a observar con mayor atención las reacciones de otras personas.

Hacia los tres años pueden aparecer conductas relacionadas con la empatía, como intentar consolar a alguien que llora o mostrar preocupación cuando otra persona está triste. Estas respuestas no surgen de un día para otro, sino que se construyen mediante la interacción, la observación y la ayuda de los adultos.

¿Por qué es importante que un niño aprenda a reconocer las emociones?

Reconocer una emoción ajena constituye uno de los primeros pasos para comprender qué necesita otra persona. No significa que el niño tenga que reaccionar siempre de la manera correcta, sino que empieza a relacionar expresiones, situaciones y sentimientos.

La empatía combina diferentes capacidades. Una permite experimentar una respuesta emocional ante lo que le ocurre a otra persona, y la otra consiste en comprender su perspectiva y tratar de interpretar qué puede estar sintiendo.

Esta segunda dimensión resulta especialmente relevante para desenvolverse en situaciones sociales, resolver conflictos y respetar las necesidades de los demás.

La educación emocional también ayuda al menor a identificar y poner nombre a sus propios estados internos. Cuando un adulto explica que está enfadado, triste o preocupado y muestra formas adecuadas de gestionar esas emociones, ofrece al niño modelos que puede incorporar progresivamente.

¿Qué relación existe entre la empatía infantil y las relaciones en la edad adulta?

La relación entre el desarrollo de la empatía y las competencias sociales cuenta con respaldo científico. Un estudio realizado por Mathias Allemand, Andrea E. Steiger y Helmut A. Fend y publicado en Journal of Personality, siguió durante 23 años a 1.527 personas.

Los investigadores analizaron la empatía entre los 12 y los 16 años y posteriormente evaluaron, a los 35, aspectos como la comunicación, la integración social, la satisfacción con las relaciones y los conflictos interpersonales.

Los resultados asociaron el nivel y la evolución de la empatía durante la adolescencia con diferencias posteriores en las competencias sociales.

El desarrollo emocional continúa durante la infancia y la adolescencia y depende de numerosos factores. Por eso, conviene interpretar estos resultados como parte de un proceso acumulativo y no como una predicción individual.

El portal especializado Bonamind señala que los adultos pueden favorecer este aprendizaje identificando y nombrando las emociones del niño, acompañándolo durante los momentos de frustración y estableciendo límites claros.

También recomienda crear un entorno donde expresar los sentimientos resulte posible sin convertir cualquier emoción en una conducta aceptable.

La clave está en enseñar desde los primeros años que las emociones pueden reconocerse, expresarse y regularse. Esa base no garantiza por sí sola relaciones adultas saludables, pero proporciona herramientas sociales que pueden seguir desarrollándose con el tiempo.

Lo último en Bebés

Últimas noticias