Psicología

La psicología dice que los niños que cuidan y alimentan a sus mascotas no sólo son responsables, también les ayuda a ser más autónomos de adultos

psicología niños mascotas
Blanca Espada

Aprender a desenvolverse solo es un proceso que comienza mucho antes de llegar a la edad adulta. De hecho, algunas de esas primeras lecciones pueden aparecer siendo todavía pequeños y en una casa en la que se conviva con mascotas. De este modo, el hecho de que el niño tenga que darle de comer, preocuparse de que tenga agua o participar en sus paseos son pequeñas obligaciones que hace que según la psicología, hace que los niños sean mucho más que responsables.

La psicología lleva tiempo estudiando los efectos que tiene la relación con las mascotas durante la infancia. Cuando los menores también participan en los cuidados del animal, tienen la oportunidad de aprender a organizarse y asumir responsabilidades de manera progresiva. Pero esa experiencia puede favorecer el desarrollo de la autonomía, una capacidad que más adelante necesitarán para enfrentarse por sí mismos a obligaciones y decisiones.

Lo que dice la psicología sobre los niños que cuidan y alimentan a sus mascotas

Hay una diferencia importante entre pedir a un niño que recoja sus juguetes y encargarle que dé de comer al perro. Los juguetes pueden permanecer un rato más en el suelo sin que ocurra nada. El animal, en cambio, necesita comer. El niño comienza así a entender que determinadas tareas no se hacen únicamente cuando apetece y que existen compromisos que deben respetarse.

Por que sí, un perro o un gato será para el niño un pasatiempo con el que jugar, al que darle besos y mimos, pero rápidamente entenderá que es más importante su cuidado. Y lo mejor, es que querrá darle de comer para sentirse más responsable del animal y estrechar todavía más su vínculo. De hecho, en cuanto le asignemos por ejemplo la tarea de darle de comer a diario o de ponerle agua cuando la pida, sabará que se trata de una tarea importante e incluso querrá  anticiparse a ella y no dejará que el adulto lo haga.

Y es ahí cuando la psicología explica que aparece uno de los aprendizajes más interesantes. La autonomía no consiste simplemente en hacer las cosas solo, sino también en recordar, organizarse y actuar sin necesitar indicaciones continuas.

Los niños pueden comprobar las consecuencias de sus propias acciones

Cuidar de un animal además es algo que no siempre está presente en otras tareas domésticas: una respuesta visible. Si un niño llena el comedero, ve cómo su mascota se acerca a comer. Si prepara la correa, el perro reconoce que ha llegado el momento del paseo. De esta forma resulta más sencillo relacionar una acción con su consecuencia.

Con esto el niño empieza a descubrir que su comportamiento influye directamente en el bienestar de otro ser vivo. La repetición de estas experiencias puede ayudarle a sentirse capaz de asumir nuevas responsabilidades. Lo que comienza con acordarse del agua o de la comida puede convertirse en un entrenamiento cotidiano para desenvolverse con mayor independencia.

La autoestima también entra en juego

La relación con las mascotas tiene además un componente emocional importante durante la infancia. Los animales no juzgan las equivocaciones del niño ni esperan de él determinados resultados académicos o sociales. Para muchos pequeños, su compañía se convierte así en un espacio en el que se sienten cómodos.

A esto se añade la sensación de ser necesario. Descubrir que puede cuidar de su perro o de su gato y contribuir a que esté bien puede reforzar la seguridad que el niño tiene en sus propias capacidades. No se trata simplemente de pensar que la mascota le quiere, sino que además aparece la idea de «soy capaz de cuidar de ella». Esa percepción puede ser importante cuando tenga que enfrentarse a otras pequeñas decisiones y obligaciones sin recurrir inmediatamente a los adultos.

Tener una mascota no convierte automáticamente a un niño en responsable

Ahora bien, llevar un animal a casa no produce todos estos beneficios por sí solo. El papel que adopte el niño es fundamental. Si los adultos se encargan siempre de alimentarlo, pasearlo y atender sus necesidades, el menor podrá disfrutar de su compañía, pero se perderá buena parte del aprendizaje relacionado con la responsabilidad.

Eso tampoco significa entregar a un niño toda la responsabilidad sobre un animal. Las tareas tienen que adaptarse a su edad y capacidad y los adultos siguen siendo los responsables últimos de garantizar el bienestar de la mascota. Un niño pequeño puede ayudar a llenar el recipiente del agua o preparar la comida, mientras que uno mayor puede asumir obligaciones más complejas. La autonomía se construye de forma progresiva. También influye el estilo de crianza. Si cada tarea termina en una discusión o los padres intervienen inmediatamente cuando el niño se retrasa, será más difícil que llegue a interiorizar esa responsabilidad como propia.

Un aprendizaje que se produce todos los días

Los beneficios tampoco aparecen de la noche a la mañana. Cuidar de una mascota supone repetir pequeñas obligaciones durante meses y años. Y ahí puede estar una de sus mayores ventajas. No es una lección teórica sobre responsabilidad. Forma parte de la vida cotidiana. El niño aprende que otro ser vivo cuenta con él, que algunas cosas no pueden dejarse para después y que es capaz de asumir tareas sin tener permanentemente a un adulto detrás.

La mascota seguirá siendo, ante todo, su compañero. Pero alimentar al perro, comprobar que el gato tiene agua o participar en sus cuidados puede estar enseñándole, casi sin darse cuenta, algo que necesitará mucho después: empezar a hacerse cargo de sí mismo.

Lo último en Bebés

Últimas noticias