Pedro Sánchez, ¿el Maduro español?

pedro sánchez maduro

La lista de despropósitos, violaciones de normas constitucionales y sumisión de Pedro Sánchez a los que quieren demoler o asolar España es demasiado extensa. Hace seis años escribí el artículo titulado Pedro Sánchez, un problema para la Seguridad Nacional, que concluía con: «Es para meditar que el mayor problema de España sea la conducta de una persona, cuyas contradicciones permanentes e indicios de aparente inestabilidad personal son evidentes, que ponga impunemente en peligro la legitimidad institucional del Estado. El señor Sánchez busca la satisfacción personal sin reparar en norma escrita o consuetudinaria, el daño institucional es evidente pues va a negociar una reforma de hecho del Estado, de contenido y alcance desconocidos con una minoritaria representación para quebrar el orden constitucional. Ese comportamiento de un presidente del Gobierno no se puede consentir. Por ello, los partidos constitucionalistas, incluido el PSOE, no deben facilitar la investidura. El candidato incurre en una responsabilidad criminal, estamos ante un problema de Seguridad Nacional».

Ha demostrado que es más que un problema nacional, es posiblemente el mayor peligro para la pervivencia de nuestro régimen democrático. ¿Qué hemos hecho para apartar democráticamente a semejante personaje? Poco, muy poco, sólo ha habido un partido político constitucionalista que ha presentado una moción de censura, mostrando los demás su apocamiento. Es más, el PP atacando a Vox con discursos similares a los del PSOE, o sus corruptos y extorsionistas compadres. No ha existido la necesaria firmeza o simplemente la imprescindible inteligencia.

La última de Pedro ha sido, una vez más, dar a los separatistas lo que quita al resto de los españoles, mantenerse alineado con Hamás y contra Israel, mostrar de forma impúdica su relación con la narcodictadura venezolana y demostrar que es capaz de todo para implantar definitivamente el bolivarianismo sanchista. Que nadie dude de que terminará con alguna bufonada como plantear que no puede dormir, porque no sabe si es mejor la monarquía parlamentaria o la tercera república, proponiendo se sacrificaría para ser el candidato a presidente de la III República.

Ahora su juego y escapatoria tras la captura de un criminal jefe del narco estado es ir contra el presidente de los EEUU, que con sus movimientos estratégicos busca la supervivencia de lo que solíamos llamar «Occidente» ante China y Rusia.

Cierto, dicen con bastante razón, que el presidente Trump ha violado el derecho internacional o mejor dicho el establishment, pero me pregunto de qué sirve este derecho internacional cuando se permite que dictadores manchados de sangre se exhiban impunes en las Naciones Unidas o en las relaciones diplomáticas, o que ingentes fondos para desarrollo de países fallidos terminen en los bancos suizos o en villas de la Côte d’Azur.

Recordemos que la primera prioridad de la ONU es mantener la paz y la seguridad internacionales, tareas de ingente costo económico con muy limitados resultados. Ha derivado su esfuerzo en los llamados «decenios para el desarrollo» con enormes cantidades de dinero sin obtener el menor resultado. Recordemos que de los 193 países miembros de la ONU, unos 75 son democracias plenas o limitadas, el resto son regímenes híbridos o autoritarios. Por ello, creo que no es arriesgado decir que esta organización, que nació en 1945 con tantas esperanzas y en la que hay cinco países con derecho de veto, no es el mejor lugar para dar lecciones sobre democracia o derecho internacional.

Nuestro presidente del Gobierno, arropado por su clan de izquierdas y por las dádivas a los separatistas que le mantienen en el Congreso, expresa la indignación por los movimientos trumpistas por no respetar el derecho internacional. Nos lo dice un pérfido joker que desde hace siete años se salta a la torera las más elementales normas democráticas, nos miente sin cesar, está sumido en una profunda corrupción esférica, como decía el alcalde de Madrid, al abarcar la familia, gobierno y partido; se ha situado próximo a los narco estados, colocando a España en una ridícula posición internacional. Sí parece que a pesar de tanto despropósito la economía va bien, pero resulta que la mayoría de los españoles no llegan a final de mes, suben más los precios que los salarios, no pueden acceder a una vivienda y no tienen la seguridad ante comportamientos criminales importados sin el menor control.

Circulan por las redes sociales millones de mensajes comparando a Pedro Sánchez o su lugarteniente ideológico Rodríguez Zapatero con Maduro, las encuestas nos dicen que su partido está cayendo como un plomo y él sigue pertinaz aunque demacrado pensando en ser, tal vez, un Maduro cuando las cosas le iban muy bien. «Desperta ferro» gritaban los almogávares de la Corona de Aragón. Yo suplico, despertemos todos para sacar de la Moncloa a este tirano.

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