Es como viajar al pasado: el pueblo medieval de Andalucía con una fortaleza y castillo
Descubre Castellar de la Frontera, el pueblo de Andalucía que es perfecto para visitar en invierno
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Aunque para muchos, los pueblos de Andalucía son perfectos para una escapada en primavera o verano, lo cierto es que el invierno es también una época propicia para programar un fin de semana o incluso un sólo día en un pueblo de interior o si lo prefieres de costa. Es más con un tiempo que resulta mucho más agradable, no hay nada como descubrir rincones como el que ahora os presentamos, el pueblo medieval de Andalucía con una fortaleza y castillo.
Se trata de un pueblo de Cádiz que como le ocurre a otros muchos, gana encanto precisamente en esta época, cuando no hay tanta gente y se puede recorrer sin ningún problema. Su nombre es Castellar de la Frontera, y está situado en lo alto de una fortaleza medieval y rodeado por uno de los paisajes más verdes del sur. Pero además, es un pueblo medieval de Andalucía que destaca por su historia y su arquitectura, de modo que se convierte en el perfecto para visitar este mes de enero así que toma nota porque te contamos a continuación, todos los detalles.
El pueblo medieval de Andalucía con una fortaleza y castillo
Para empezar, Castellar de la Frontera no es un único núcleo. Son tres, cada uno con su origen y su carácter. El más antiguo, el que todos buscan al llegar, es el Pueblo Viejo, un recinto amurallado que conserva las proporciones, las calles estrechas y la esencia de lo que fue un enclave defensivo durante siglos. Luego está el Pueblo Nuevo, más reciente, construido en los años 70, y La Almoraima, cuyo pasado se remonta a una antigua torre de vigilancia musulmana.
Pero quien visita Castellar por primera vez suele dirigirse directamente al interior de la fortaleza. Es algo que se entiende, ya que es donde realmente se encuentra el magnetismo del lugar. Basta cruzar la puerta tan típica de la arquitectura militar andalusí, para notar un cambio de ambiente. Silencio, casas blancas, cuestas suaves, pequeñas plazas donde apenas pasa nada y, aun así, todo tiene su encanto.
La historia del recinto es larga. Durante siglos fue una zona estratégica en los choques entre reinos cristianos y musulmanes. Cambió de manos varias veces hasta que, en 1434, quedó definitivamente bajo control cristiano. De toda esa etapa quedan todavía las murallas, así como la disposición de las calles y, sobre todo, el castillo.
Así es su castillo
El castillo, originario del siglo XIII, es la pieza que atrae todas las miradas al visitar este pueblo medieval de Andalucía. No se trata sólo de una antigua fortaleza colocada en un sitio espectacular; es un conjunto que sigue mostrando capas de su pasado. Elementos islámicos, aportaciones góticas, torres defensivas, barbacanas, cubos, etc… El paso del tiempo no ha borrado la lógica de su estructura.
Una vez dentro, sorprende que parte del castillo funcione como espacio cultural. Exposiciones temporales, conciertos, actividades puntuales se celebran en su interior, por lo que no es un monumento congelado, sino un lugar con vida, lo que hace que la visita sea más cercana y menos rígida de lo habitual en conjuntos medievales.
Calles estrechas, casas encaladas y vistas inesperadas
El pueblo, dentro de la muralla, mantiene un trazado de influencia claramente islámica con calles estrechas, curvas, empedradas, pensadas más para proteger del clima y evitar ataques que para el tráfico. Las casas blancas, decoradas con macetas y plantas incluso en invierno, dan una sensación acogedora que contrasta con el aspecto militar del conjunto.
Uno de los puntos más conocidos es el Balcón de los Amorosos, un mirador que abre directamente hacia el embalse del Guadarranque. Desde allí, el paisaje es una mezcla de agua, montes y un horizonte verde que se pierde entre los Alcornocales. En invierno, con la luz más suave, el entorno tiene un color diferente que invita a quedarse un rato más.
Un entorno natural que completa la experiencia
Castellar no puede entenderse sin su paisaje. A un lado está el embalse del Guadarranque, muy frecuentado por quienes buscan rutas tranquilas o actividades al aire libre. Al otro, el Parque Natural de los Alcornocales, uno de los mayores bosques de alcornoques de Europa, que en invierno muestra una de sus mejores caras: humedad, musgos, sombras profundas, ese verde tan característico del sur más atlántico.
Esa mezcla de patrimonio y naturaleza es lo que hace que Castellar de la Frontera funcione tan bien como escapada invernal. Es un lugar donde uno puede pasar de una muralla del siglo XIII a un sendero rodeado de alcornoques sin necesidad de coche. Donde todo está a un paso y nada obliga a correr.
Al final, la sensación general es la de haber visitado un pueblo que sigue siendo él mismo, sin artificio. Un sitio donde el invierno no resta, sino que suma. Y donde caminar por sus calles, en silencio, es casi como asomarse a otra época.