Entre el horror y el esperpento

De las muchas irresponsabilidades que hemos venido escuchando en los últimos meses de nuestra clase política y que explican, en una gran parte, la envergadura de la crisis del COVID-19 en nuestro país, el episodio más histriónico lo protagonizó el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, cuando espetó aquello de “tiene que venir la OMS para que se suspenda la Semana Santa y la Feria”. Aquella exhibición de chulería grotesca y grandilocuente del regidor hispalense se producía el 15 de marzo cuando ya contábamos por miles los infectados en nuestro país. Hoy, en el NODO diario con el que nos alecciona el Gobierno, la ministra de Hacienda y portavoz María Jesús Montero ha sentenciado otra de esas frases que formarán parte de la antología del disparate institucional de esta pandemia: “España va de avanzadilla en medidas innovadoras para afrontar esta crisis”. Vamos tan “de avanzadilla” que, mientras hay 29 países en el mundo con más población que el nuestro, España se sitúa en tercera posición en número de fallecidos. Eso sin considerar que el número de fallecidos acabará siendo más elevado que el aportado en la actualidad por las estadísticas oficiales.

El Gobierno no puede obligar al uso de mascarillas porque es parte responsable del actual desabastecimiento; el Gobierno prepara un estudio epidemiológico con una muestra de 60.000 personas porque la realidad es que no hay pruebas suficientes para poder testar a un porcentaje mayor de la población lo suficientemente representativo que minimice el riesgo de una reinfección; el Gobierno sigue sin reconocer errores en su gestión por temor a las consecuencias penales que se puedan derivar de sus actuaciones; el Gobierno levantará el veto a la actividad no esencial pese a no tener presumiblemente el control de la epidémica porque ha agotado su margen para seguir estrangulando la actividad económica; y, claro está, el presidente del Gobierno se parapeta tras alocuciones de cartón piedra porque no está en disposición de dar explicaciones que le comprometan en la sede de la soberanía nacional .

Todo lo que está pasando es muy grave. Mientras el Ejecutivo esconde sus responsabilidades tras las directrices de unos supuestos expertos cuyos nombres aún hoy desconocemos más allá de un puñado de cargos ministeriales nombrados a dedo, la sociedad española vive un duelo invisibilizado por los memes y los ‘resistiré’. Algunos se afanan en describirnos una sociedad profundamente egoísta e infantilizada que implora blindarse emocionalmente ante el drama que supone la pérdida de casi 15.000 vidas. Los que hace meses nos hablaban de alarmismo infundado son los mismos que hoy nos descubren lo obvio, que saldremos de ésta. Claro que vamos a salir… pero con decenas de miles de fallecidos y no con algunos casos como decían los expertos consejeros.

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