Guía del viajero: China

Pekín express: cómo ver los principales monumentos en 24 horas

pekín
El encanto de Pekín es indudable como destino turístico.

Cada vez es más habitual que las grandes compañías aéreas obliguen a sus pasajeros a hacer escalas largas en sus principales bases. Qatar, Emiratos Árabes y ahora China fomentan que los turistas conozcan sus países a través de escalas largas de un día. Para ello, han eliminado uno de los obstáculos que más dudas generaban en el visitante: los visados gratuitos de tránsito son una realidad.

Hasta 2018 era imposible entrar en China sin pagar 50 euros, ahora mostrando un billete de salida de hasta 144 horas después de tu aterrizaje puedes acceder al país y disfrutar del mismo sin restricciones. Aunque una escala tan prolongada es casi imposible de encontrar, no es para nada desdeñable poder comprar un vuelo con Air China –la compañía bandera del país– y tener que quedarte 16 horas de escala en Pekín.

¿Es posible ver Pekín lo mejor de Pekín en 16 horas? Por supuesto que sí, pero hay que ser muy organizado. La mejor opción, para un servidor, es contactar con un conductor privado (nosotros lo hicimos en esta web) que nos recoja en el aeropuerto, nos lleve a la Gran Muralla china y luego nos suelte en la Ciudad Prohibida de Pekín. Por este servicio, de unos 150 kilómetros de coche y tres horas de espera, el precio estándar asciende a unos 700 yuanes, al cambio 80 euros. No está nada mal y encima lo tienen estandarizado.

No te preocupes por el idioma. Los chinos, aunque no hablen una palabra de inglés, van con el traductor conectado en todo momento y te pueden hablar tanto en castellano como en inglés con tremenda facilidad. De hecho, llega a ser hasta divertido comunicarte con ellos a través de esta herramienta porque les encanta hacer bromas y ‘vacilar’.

La Gran Muralla china en tres horas

Entremos en materia, la Gran Muralla china no está en Pekín como mucha gente se piensa. Hay un tirón importante –de casi 100 kilómetros– hasta llegar a ella y dos puntos son los más cercanos: la masificada Badaling o la semidesconocida Mutianyu. Nosotros nos decantamos por la segunda opción marchando directamente desde el aeropuerto a la muralla y evitando la entrada a Pekín, donde el tráfico es intenso.

En la sección de Mutianyu, muy bien conservada y sin apenas turistas por no entrar en los paquetes de las grandes agencias situadas en Pekín, hay múltiples opciones para disfrutar de las 15 secciones abiertas al público. Nosotros nos decantamos por subir en teleférico (también se puede en telesilla como si fuera un esquiador) y descender en tobogán, todo por el módico precio de 180 yuanes.

El recorrido por dentro de la muralla es exigente con constantes subidas de escalones, pero con una belleza que hará que quieras detenerte en casa rincón. En verdad el calor no es tan terrible por el hecho de que cada 10 minutos caminando aproximadamente te encontrarás con una torre de vigilancia donde tomar un respiro. Un consejo, no compres nada si no quieres pagar 15 euros por una cerveza.

La Ciudad Prohibida no masificada

La muralla entera se puede caminar sin problema en tres horas –los horarios se comprenden entre las 8 y las 17 horas– y después de ello nuestro chófer nos llevó a la Ciudad Prohibida en un recorrido en automóvil de una hora y media para llegar al centro de Pekín. Allí la mejor opción es llegar sobre las 15 horas y aguantar hasta el cierre dos horas después. Como truco, aconsejo que cuando el personal vacía el templo llegando la hora del cierre se sacan las mejores. Antes es imposible por la masificación.

Después de la visita express, lo conveniente es caminar unos 500 metros al sur hacia la plaza Tiananmén, donde encontraremos el retrato de Mao y una gran explanada que evoca a los tiempos soviéticos y donde encontramos monumentos de homenaje al pueblo en cada esquina. La militarización de la plaza da un encanto extra al turista.

La noche se nos echa encima tras esta visita y la mejor opción para redondear la ruta por Pekín es ir a disfrutar de un pato, el plato mundialmente conocido de la ciudad. También se puede ir a disfrutar de la zona del nido olímpico o el templo del cielo, pero son visitas recurrentes, no imprescindibles para una primera toma de contacto.

Nosotros aprovechamos para cenar un deliciosa ave y salir en taxi –por unos 100 yuanes– de regreso al aeropuerto. A las 9 de la noche ya estábamos allí dispuestos por salir a medianoche de regreso a casa. Puede que no te ocurra, pero es bueno saber que si te enfrentas a un retraso puedes dormir o ducharte en un hotel por horas que hay dentro del aeropuerto y que sale por unos 40 euros por dos horas.

Pekín se ha puesto las pilas en lo referente al turismo express. Ver una maravilla del mundo está al alcance de la mano en una sola escala, algo cuanto menos tentador. Y lo mejor de todo es que, aunque no tengan ni idea de inglés, hacen por entenderte. A ver si tienes esa misma suerte en países vecinos como Korea o Rusia…

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