He leído ‘La asistenta’ y ésta es mi opinión de la película
Adaptación de la novela super ventas de Freida McFadden.
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El 1 de enero comenzó el 2026 con uno de los estrenos más esperados: La asistenta, adaptación de la novela super ventas de Freida McFadden. Te doy mi opinión, sin spoilers, de lo que me ha parecido la película después de haber leído los tres libros que componen la saga (bueno, hay un cuarto que es más bien un cuento y no merece la pena). Protagonizada por una maravillosa Amanda Seyfried y una Sydney Sweeney encantada en su papel de nuevo símbolo sexual, la cinta es fiel (mucho) al texto original y eso no es necesariamente una virtud. Yo ya sabía lo que iba a pasar y por ello, tal vez, se me hizo aburridísima por momentos pero interesante en otras. Sólo pùedo adelantar que es el placer culpable del nuevo año. Una producción pan delirante, loca y absurda que, si entras en el juego, disfrutas. De lo contrario, la sensación de vergüenza ajena puede expulsarte de la sala del cine.
Millie, una joven blanca bellísima, de dentadura perfecta, pelo hidratado y de pasado oscuro duerme en su coche y se lava en baños públicos. Nina, también rubia, perfecta pero rica, contrata a la otra como interna en su mansión. El trabajo: limpiar (en vaqueros- cosa que no es muy cómoda-) , cocinar y cuidar de su hija (repelente). Pronto, la matriarca comienza a portarse como una auténtica déspota esquizofrénica con su empleada. Menos mal que la pobrecita Mille se puede consolar con el marido de su jefa: Andrew, el macho joven, guapo, amable, sufridor y con un gusto extraño por las camisetas interiores sin mangas tres tallas más pequeñas. Ah, también anda por ahí un jardinero italiano buenorro que nunca sabes si está pensando en matarte o en quitarse la ropa. No, no se trata del argumento de una película porno paródica, es la trama de La asistenta, el thriller noventero más delirante que no se ha rodado en los noventa.

La pregunta es ¿Paul Feig, director, se ha tomado en serio el material de base o ha sido lo suficientemente listo como para reirse del clásico thriller doméstico-erótico de esos que nos aligeran las sobremesas en Antena 3? Pues no sabría decirlo, la verdad.
Reconozco que con la novela me lo pasé bien. Es literatura de alma evasiva, de lectura fácil, con mil trucos y trampas enmarcadas en un paraje idílico con personajes guapos. El culebrón de toda la vida sin profundidad psicológica pero con giros tan poco creíbles como efectivos.

La película es muy fiel al libro. Esto alegrará a los fans de Freida McFadden pero también provoca una inconsistencia narrativa muy grave. La primera hora y cuarto de la cinta pone al espectador entre la espada y la pared: ¿Tengo que creerme este festival pseudo erótico de diálogos que dan vergüenza ajena y situaciones absurdas o abandono y me largo? Entiendo la segunda opinión pero es en la segunda parte de La asistenta (tanto en la novela como en la película) cuando la cosa se pone interesante. Es ahí cuando uno se para y dice: Umm.. a ver qué va pasar aquí…

El problema de la lealtad con el texto original es que se centra demasiado en los preámbulos del drama (es decir, la mencionada primera hora y cuarto) y, sin embargo, cuando realmente hay chicha se soluciona todo rápido, corriendo y en voz en off. Mal. Es en ese último tramo cuando la historia crece y podía haber destapado la auténtica psicología de los personajes.
Cosas buenas de La asistenta: Primero, Amanda Seyfried: jamás le darán un premio por este trabajo pero por culpa de la película en la que está. Eso sí, lo que hace en pantalla es de lo mejor que he visto en cine en mucho tiempo. Segundo: algunos cambios en el clímax que aumentan la tensión y la violencia del libro.

El guión elige marcar más el encontronazo y la batalla final pero no se ha preocupado por cambiar el último deus ex machina (que ya estaba en el libro) y que representa una de las resoluciones más insólitas y vergonzantes de la historia del cine.
Que sí, que La asistenta es mala pero la he gozado (mis gustos no tienen nada que ver con mis criterios). Es el Crepúsculo de la nueva generación.