Por qué el estrés y la ansiedad se manifiestan en el intestino: una digestivo y una psicóloga responden
El eje intestino-cerebro explica por qué el malestar emocional impacta en la digestión
El estrés, la ansiedad y la depresión pueden desencadenar o agravar síntomas digestivos
Fact checked
Este artículo de OkSalud ha sido verificado para garantizar la mayor precisión y veracidad posible: se incluyen, en su mayoría, estudios médicos, enlaces a medios acreditados en la temática y se menciona a instituciones académicas de investigación. Todo el contenido de OkSalud está revisado pero, si consideras que es dudoso, inexacto u obsoleto, puedes contactarnos para poder realizar las posibles modificaciones pertinentes.
La relación entre el aparato digestivo y la salud mental es una de las más frecuentes y, al mismo tiempo, una de las más incomprendidas en la práctica clínica. El especialista en Aparato Digestivo del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y del Hospital Universitario San Francisco de Asís de Madrid, el Dr. Oreste Lo Iacono, explica a OKSALUD que numerosos estudios científicos han demostrado la existencia de una relación bidireccional entre el cerebro y el intestino, una conexión que, además, resulta intuitiva y habitual en la experiencia cotidiana. Situaciones de estrés intenso pueden provocar de forma inmediata síntomas digestivos como diarrea, urgencia defecatoria o dolor abdominal.
Sin embargo, el Dr. Lo Iacono subraya que durante siglos la medicina ha mantenido una separación estricta entre lo somático y lo psíquico. En los últimos años, esta visión está cambiando hacia el concepto de unidad psicosomática, que entiende que cuerpo y mente no son entidades separadas, sino partes inseparables del mismo paciente. Desde esta perspectiva, cualquier enfermedad somática tiene un impacto emocional, y cualquier malestar emocional puede expresarse a través del cuerpo, especialmente del sistema digestivo, uno de los más sensibles a estos desequilibrios.
Esta comunicación constante se articula a través del eje intestino-cerebro, una red compleja de conexiones nerviosas, hormonales, inmunológicas y bioquímicas. Según el doctor, los estímulos psíquicos pueden transmitirse directamente al intestino y modificar la digestión, la motilidad intestinal o la sensibilidad abdominal. A su vez, los estímulos que se originan en el intestino pueden influir en el estado emocional y cognitivo de la persona, generando un diálogo continuo que puede estar en la base de numerosos síntomas digestivos.
En este proceso desempeña un papel clave la microbiota intestinal. El especialista en Aparato Digestivo detalla que el microbioma se forma de manera única en cada individuo durante los primeros años de vida y se modifica a lo largo del tiempo en función de factores ambientales, relacionales y vitales. Aunque todavía no es posible identificar bacterias concretas responsables de patologías específicas, sí se ha demostrado ampliamente la implicación de la microbiota en la relación entre trastornos digestivos y alteraciones emocionales como la ansiedad o la depresión.
Estrés, activa alerta
Desde el ámbito psicológico, la psicóloga Sara García señala a OKSALUD que en consulta es muy frecuente encontrar pacientes que presentan simultáneamente síntomas digestivos y malestar emocional. El estrés mantenido en el tiempo activa mecanismos de alerta en el organismo que afectan directamente al proceso digestivo, alterando la secreción de ácidos y enzimas y favoreciendo la aparición de dolor abdominal, diarrea, estreñimiento o digestiones pesadas. La ansiedad, añade, incrementa la atención y la preocupación por las sensaciones corporales, lo que amplifica la percepción del malestar digestivo.
La depresión, por su parte, suele asociarse a cambios en los hábitos alimentarios, el sueño y la actividad física, factores que influyen de forma directa en el funcionamiento del sistema digestivo. Todo ello contribuye a generar un círculo vicioso en el que el malestar emocional empeora los síntomas digestivos y, a su vez, estos síntomas impactan negativamente en la salud mental, dificultando identificar qué aparece primero y qué es consecuencia.
Los síntomas digestivos más frecuentemente asociados al estrés y a los trastornos emocionales incluyen dolor o malestar abdominal, náuseas, diarrea, estreñimiento, gases, hinchazón, reflujo, acidez o sensación de urgencia intestinal. Para Lo Iacono, estos síntomas no deben interpretarse como imaginarios ni exagerados: el paciente no inventa su malestar, sino que el cuerpo expresa aquello que no siempre puede verbalizarse.
Enfoque multidisciplinar
Ambos expertos coinciden en que este tipo de síntomas requiere un enfoque multidisciplinar. Muchos pacientes con trastornos digestivos funcionales pasan por múltiples pruebas y tratamientos sin lograr un alivio duradero, lo que genera frustración y sensación de incomprensión. Frente a ello, la colaboración entre gastroenterólogos y profesionales de la salud mental permite una escucha más completa del paciente, mejora la evolución clínica y ayuda a reducir tratamientos innecesarios.
Abordar la relación entre salud mental y digestiva desde una perspectiva integradora no solo mejora los síntomas, sino que representa un avance hacia una medicina más personalizada, cuyo objetivo no es tratar órganos aislados, sino cuidar a la persona en su totalidad.