Un plante por el Ramadán deja dos funcionarios heridos y una puerta arrancada en la cárcel de Alhaurín
Decenas de internos rompen una cancela del módulo 13 tras exigir cenar en el comedor y no en sus celdas
"Llevo muchos años en esto y es de las situaciones potencialmente más peligrosas que he visto", afirma el jefe de servicios

Domingo movido en la prisión de Alhaurín de la Torre (Málaga). Un plante en el comedor del módulo 13 por el horario de comida durante el Ramadán dejó dos funcionarios heridos y cerca estuvo de desembocar en un motín, ya que los internos arrancaron una puerta y se quedaron frente a una segunda que daba acceso a la zona de seguridad de los funcionarios.
La jornada dejó dos incidentes casi simultáneos. El más grave lo protagonizó un grupo de internos del módulo 13, donde residen 55 reclusos musulmanes, aproximadamente la mitad de los presos del departamento.
El altercado tuvo lugar sobre las 18:30 horas. Durante el mes de Ramadán, los internos musulmanes reciben el desayuno, la comida y la cena en un único racionado, una vez se pone el sol, adaptado a sus costumbres. Es un protocolo común en todos los centros penitenciarios. El horario del comedor se alarga ligeramente por este motivo, pero la norma es que quienes sigan el Ramadán han de recoger sus fiambreras y llevárselas a su celda para comer allí.
En esta ocasión, un grupo de internos pidió quedarse a cenar en el comedor en lugar de regresar a sus celdas. Los funcionarios se negaron. Según explica a OKDIARIO Andalucía Francisco Macero, jefe de servicios de la prisión de Alhaurín y representante del sindicato Acaip, uno de los presos se volvió especialmente «violento», insultando y amenazando a uno de los funcionarios. El trabajador logró aislarlo en la zona de seguridad y solicitó la ayuda de sus compañeros. Los demás internos aprovecharon para arrancar los cables de una cancela mecánica y plantarse a una sola puerta de la zona de oficinas. «Es una puerta de seguridad, no se tumba fácil, pero la intención era esa. Y que ellos piensen que lo pueden conseguir no ayuda», relata Macero. Finalmente, los funcionaros lograron hacerles retroceder y los condujeron de nuevo a sus celdas.
«No tenían buenas intenciones. Quedó en nada porque se actuó rápido, pero fue bastante serio. Llevo muchos años en esto y es de las situaciones potencialmente más peligrosas que he visto», afirma el representante de Acaip.
El incidente se saldó con dos funcionarios heridos leves, uno por un mordisco en la mano y otro por una contusión con inflamación en la muñeca tras caerle encima un interno.
Una hora antes de este conato de motín, el propio jefe de servicios fue agredido por otro interno en un pasillo, mientras era trasladado desde el módulo 9 al módulo de ingresos. El recluso, que se encontraba presumiblemente bajo los efectos de las drogas, le mordió en la mano. «Por suerte, llevamos guantes anticorte. Ya sabemos que también son antimordiscos», bromea Macero. Por la noche, ese mismo interno desencajó a patadas la puerta de su celda. No pudo ser ingresado en aislamiento porque en la cárcel no había ningún médico, y esa operación requiere su visto bueno.
El representante de Acaip vincula este tipo de episodios a que «está entrando muchísima droga en la cárcel». Lo habitual es que en las comunicaciones se intente introducir hachís, una sustancia que, por lo general, no provoca agresividad entre los internos. Distinto es el caso del tusi o cocaína rosa, una droga con efectos mucho más estimulantes de la que la semana pasada se incautó una importante cantidad durante un vis a vis.
«También se han puesto muy de moda los papelillos, que no sabemos muy bien qué llevan, pero suele ser una mezcla de fentanilo y ketamina». Impregnada en la correspondencia, esta droga ya mató a dos presos de la cárcel de Algeciras el pasado verano. En Alhaurín ya ha habido varios casos de sobredosis.
Tras estos dos incidentes consecutivos, Macero denuncia que la prisión de Alhaurín no está pensada para albergar tantos internos: «Hay más de 1.100 y debería haber 800». Además, no es una prisión moderna ni preparada para custodiar presos peligrosos: las celdas se abren con una simple llave. «Y hay internos que por sus antecedentes de agresiones contra funcionarios no deberían estar clasificados en régimen ordinario (segundo grado)», añade.
Actualmente, desde la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior se incide en que se «fomenten» los terceros grados y no haya «más de un 1% de internos clasificados en primer grado» (reservado a los peligrosos). Pero el régimen de semilibertad tienen que «ganárselo con su comportamiento, no para cuadrar una estadística», sentencia Macero.