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Por qué eructar en casa puede mejorar el sueño y la salud digestiva en invierno

Eructar es un reflejo fisiológico que permite expulsar el aire acumulado en el estómago, generalmente tras comer o beber

eructar sueño
Una mujer después de comer eructa.
Diego Buenosvinos

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Durante el invierno, cuando el frío invita a quedarse en casa, surge una tendencia de bienestar tan curiosa como natural: permitirse eructar libremente en el hogar. Lo que durante décadas ha sido considerado un gesto descortés en público, hoy empieza a reivindicarse como una práctica beneficiosa para la salud digestiva y, sorprendentemente, para la calidad del sueño.

Eructar es un reflejo fisiológico que permite expulsar el aire acumulado en el estómago, generalmente tras comer o beber. Sin embargo, las normas sociales han hecho que muchas personas repriman este acto, incluso cuando están solas. Según especialistas en digestión, retener los eructos puede aumentar la sensación de hinchazón, presión abdominal y malestar gástrico, especialmente en épocas de comidas más copiosas como el invierno.

«Eructar no es falta de educación en un contexto privado, es simplemente escuchar al cuerpo» explica la nutricionista funcional Laura Méndez. «Cuando se permite de forma natural, se reduce la distensión abdominal y se favorece una digestión más cómoda».

Desde una perspectiva científica, los beneficios de eructar en casa —y, sobre todo, de ventilar adecuadamente los espacios— son reales. El aire interior, especialmente en viviendas bien selladas para conservar el calor durante el invierno, puede acumular dióxido de carbono (CO₂), compuestos orgánicos volátiles y otros contaminantes que afectan al bienestar general.

Un estudio publicado en la revista Building and Environment relaciona directamente la mala calidad del aire en los dormitorios con una peor calidad del sueño. Cuando se mantienen ventanas o puertas abiertas durante la noche, los niveles de CO₂ descienden de forma significativa, lo que se traduce en un descanso más profundo y reparador.

Dormir mejor no sólo mejora la sensación de bienestar al despertar, sino que también fortalece el sistema inmunitario, reduce el riesgo de obesidad y enfermedades crónicas, mejora el rendimiento cognitivo al día siguiente y disminuye la probabilidad de sufrir lesiones laborales.

El vínculo con el sueño

La tendencia ha cobrado fuerza en redes sociales y foros de bienestar, donde usuarios aseguran dormir mejor tras adoptar este hábito en casa. La explicación es sencilla: una digestión menos pesada reduce el reflujo, la acidez nocturna y la incomodidad al acostarse, factores que suelen interrumpir el descanso.

En invierno, además, el consumo de bebidas calientes, sopas, legumbres y alimentos ricos en fibra puede incrementar la producción de gases. Liberarlos antes de dormir ayuda al cuerpo a relajarse y facilita la transición al sueño profundo.

Bienestar sin culpa

Más allá de lo físico, esta tendencia también apunta al bienestar emocional. Permitirse eructar en casa implica romper con la autoexigencia constante y normalizar funciones corporales básicas, algo que muchos expertos asocian con una relación más saludable con el propio cuerpo.

«Es una forma de autocuidado cotidiano», señala Méndez. «No se trata de promoverlo en espacios públicos, sino de dejar de sentir vergüenza en la intimidad del hogar».

Un hábito sencillo, pero consciente

Los especialistas coinciden en que no se trata de forzar el eructo, sino de no reprimirlo. Comer despacio, evitar bebidas gaseosas en exceso y mantener una postura erguida después de cenar pueden potenciar sus beneficios.

Así, en medio de mantas, infusiones y rutinas de descanso, el invierno suma un nuevo gesto de autocuidado inesperado. Porque a veces, mejorar la salud empieza por aceptar lo más básico: escuchar al cuerpo, incluso cuando hace ruido.

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