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La OCU pide que no tomemos esta bebida famosa en España y avisa: tiene ingredientes industriales

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Blanca Espada

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En apenas unos años, la kombucha ha pasado de ser una bebida casi desconocida a estar presente en todos los supermercados. Primero llegó tímidamente a tiendas especializadas y, cuando muchos aún no sabían muy bien qué era, ya formaba parte de la oferta habitual en supermercados y cafeterías. Ese crecimiento vino acompañado de una imagen casi idealizada: una bebida ligera, fermentada y con supuestos beneficios digestivos que la convertían en una alternativa atractiva frente a los refrescos. Sin embargo, el último análisis que ha hecho la OCU sobre esta bebida, ha obligado a mirar el producto con algo más de calma.

El estudio no cuestiona que tenga menos azúcar que un refresco corriente, pero sí llama la atención sobre su verdadera composición. Lo que aparece en la etiqueta no siempre coincide con la idea de bebida natural que muchos consumidores tienen en mente. Según la organización, una parte significativa de las kombuchas que se venden en España incorpora ingredientes propios de un procesado industrial, desde aromas y colorantes hasta gas añadido para reforzar la burbuja. Algo que sorprende a quienes pensaban que estaban comprando un producto prácticamente artesanal. A esa revisión se suma otro factor que pesa bastante: el precio. La kombucha se mueve en un rango que multiplica varias veces el coste de cualquier té embotellado, hasta el punto de que muchos se preguntan si realmente existe una diferencia real que justifique ese desembolso. Y la respuesta, según su análisis, no es tan clara como parece.

La OCU pide que no tomemos esta bebida famosa en España

La kombucha se elabora a partir de té azucarado que se deja fermentar con un cultivo específico de bacterias y levaduras. Ese proceso genera acidez, algo de gas y unas trazas mínimas de alcohol que suelen pasar desapercibidas. Aunque en los últimos años se ha presentado como un producto con beneficios para la microbiota, la ciencia aún no ha confirmado la mayor parte de esas propiedades. Lo que sí está demostrado es la gran variedad de productos que existen, y ahí es donde aparecen las diferencias.

El informe de la OCU muestra que el azúcar medio es bajo, unos 2,6 gramos por cada 100 mililitros, pero advierte de que muchas kombuchas poco tienen que ver con la idea de bebida simple y fermentada. Aromas, edulcorantes, extractos e incluso dióxido de carbono añadido aparecen de forma habitual. Y es precisamente esa distancia entre lo que se vende y lo que realmente se consume lo que ha motivado este aviso.

Las únicas kombuchas que salen bien paradas 

Dentro de las 90 bebidas analizadas por la OCU hay un grupo pequeño que destaca positivamente y que sí responde mejor a lo que el consumidor espera cuando compra kombucha. Son opciones que prescinden de aditivos y que parten de ingredientes ecológicos o mínimamente procesados.
Entre ellas aparecen algunas variedades de El Corte Inglés Club Gourmet, varias propuestas de Mun Kombucha y la gama Bio de Santiveri, especialmente las versiones de hibiscus o de jengibre y cúrcuma. También hay referencias de Vitae que cumplen este perfil más “limpio”.

Estas marcas presentan porcentajes de azúcar muy bajos, en algunos casos incluso inexistentes, y mantienen perfiles calóricos muy reducidos. No son bebidas milagrosas, pero sí se ajustan más al concepto de kombucha artesanal que muchas otras del mercado.

El precio, el gran punto débil

Pese a su buena composición, el precio sigue siendo un freno importante. Las versiones más conocidas pueden costar entre 10 y 15 euros el litro, mientras que las marcas blancas bajan algo pero siguen moviéndose entre 7 y 9 euros. En paralelo, una bebida de té lista para tomar puede costar entre 1 y 4 euros. La diferencia es evidente.

La OCU plantea que, aunque nutricionalmente pueda ser más interesante que un refresco azucarado, su coste está lejos de lo que muchos consumidores estarían dispuestos a pagar si conocieran su verdadera composición.

Advertencias para quienes quieran consumirla

La organización recomienda introducirla poco a poco en la dieta, sobre todo por su acidez y por la fermentación. Las versiones no pasteurizadas no son adecuadas para personas con problemas intestinales, sistemas inmunológicos debilitados, mujeres embarazadas o niños. Conviene recordar también que lleva cafeína y trazas de alcohol, algo que muchas personas pasan por alto pensando que se trata de una bebida totalmente inocua.

Al final, la kombucha no es ni el enemigo ni la poción mágica que muchos imaginan. Tiene menos azúcar que un refresco y puede encajar en la rutina de quien busca alternativas distintas, pero el análisis deja claro que conviene mirarla con algo más de detalle. No todo lo que se vende como fermentado y natural lo es, y la composición de muchas marcas obliga a replantearse esa imagen casi perfecta con la que se comercializa.

Quien quiera incorporarla a su día a día puede hacerlo sin mayor problema, pero es útil dedicar unos segundos a leer la etiqueta y comparar. Hay opciones más sencillas y otras más cargadas de añadidos, y la diferencia no siempre está en el precio. En un mercado tan variado, elegir bien pasa, simplemente, por saber qué se está comprando.

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