Dr. Celso Arango: «El síntoma más frecuente de depresión en un niño es la irritabilidad»
"Es importante una intervención temprana y no dejar mantener demasiado tiempo esa sintomatología de tristeza prolongada"
“Hay otra serie de síntomas menos frecuente como la caída del pelo o la falta de higiene”
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Sentirse triste forma parte de la experiencia humana. Una ruptura, una pérdida, un problema laboral o una etapa de incertidumbre vital pueden generar un malestar emocional intenso y duradero. Sin embargo, no toda tristeza es depresión. Distinguir entre una tristeza prolongada y una depresión clínica es clave para saber cuándo es necesario buscar ayuda profesional y evitar tanto la banalización como el alarmismo.
Este 13 de enero se celebra el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, con el objetivo de concienciar sobre esta enfermedad mental, reducir el estigma y promover la búsqueda de ayuda, ya que afecta, según la Organización Mundial de la Salud, a más de 300 millones de personas, impactando su capacidad para disfrutar la vida, trabajar y relacionarse, y siendo un problema de salud global grave.
La tristeza prolongada suele estar vinculada a una causa identificable. La persona puede sentirse abatida durante semanas, pero mantiene cierta capacidad para disfrutar de momentos agradables, conservar rutinas básicas y responder al apoyo del entorno. Aunque el estado de ánimo sea bajo, no suele haber una pérdida total de interés por la vida ni una alteración profunda del funcionamiento diario. Con el paso del tiempo, y especialmente con acompañamiento emocional, esta tristeza tiende a aliviarse.
La depresión clínica, en cambio, es un trastorno mental reconocido que va mucho más allá de «estar triste». Según los criterios diagnósticos internacionales (DSM-5), implica la presencia de varios síntomas mantenidos durante al menos dos semanas, con un impacto claro en la vida personal, social y laboral. Entre ellos se encuentran la pérdida de interés o placer por actividades antes gratificantes, alteraciones del sueño y del apetito, fatiga constante, dificultad para concentrarse, sentimientos de culpa excesiva o inutilidad y, en los casos más graves, pensamientos de muerte o suicidio.
Hablar de salud mental con rigor y sin estigmas ayuda a que más personas identifiquen a tiempo lo que les ocurre y accedan a la ayuda que necesitan. Sentirse triste es humano; sufrir depresión es una enfermedad que tiene tratamiento. Precisamente, en esta efeméride, OKSALUD charla con el psiquiatra Celso Arango, quien responde a las preguntas fundamentales en torno a esta cuestión.
PREGUNTA.- ¿Cuál es la señal más clara que permite diferenciar una tristeza prolongada de una depresión clínica?
RESPUESTA.- El impacto que tiene en el funcionamiento de la persona en el momento en que esa tristeza prolongada se traduce en una falta de rendimiento a nivel de trabajo, influye en las relaciones sociales, en las relaciones sentimentales dentro de la familia, etc. Cuando sucede ese impacto es cuando estamos hablando de algo ya patológico.
Importante reseñar también que los síntomas más frecuentes de depresión van a depender mucho también de la persona. Mientras que en un adulto es la tristeza, en un niño, por ejemplo, puede no serlo y ser más frecuente la irritabilidad. Por lo tanto, para el diagnóstico diferencial es muy importante tener en cuenta también la edad de la persona.
P.- ¿Cuánto tiempo debe durar el malestar para que sea recomendable consultar con un profesional?
R.- Hay un momento en que lo normal, lo fisiológico, lo esperado, si se mantiene demasiado tiempo, pasa a ser patológico. Algo que se entiende muy bien, por ejemplo, es el duelo patológico. Todos tenemos tristeza por el fallecimiento de una persona muy cercana, pero eso es algo que va no desapareciendo, pero sí atenuándose con el tiempo. Si eso no es así, después de dos años del fallecimiento de esa persona, seguimos con la misma tristeza, incapaces de hacer las cosas porque nos viene a la cabeza en todo momento, estamos hablando de un duelo patológico. Aquí el factor tiempo es el que ha convertido algo fisiológico, algo normal, algo esperado, en algo patológico. Por ello, de cara a una buena prevención, es importante una intervención temprana y no dejar mantener demasiado tiempo esa sintomatología de tristeza prolongada.
P.- ¿Qué papel juegan los síntomas físicos en el diagnóstico de la depresión?
R.- Los síntomas físicos son muy importantes y, de hecho, en cualquier diagnóstico diferencial, las preguntas que hacemos siempre tienen que ver, por ejemplo, con pérdida de sueño, fundamentalmente, insomnio de conciliación, insomnio vespertino, despertarse muy pronto por la mañana, dormir menos horas, con anorexia, falta de apetito, con anergia, una sensación de decaimiento, de debilidad física, de no poder moverse, de no poder hacer las cosas como uno las hacía antes con esa actividad. Y luego hay otra serie de síntomas, a veces menos frecuente, como la caída del pelo, la falta de cuidado de la higiene, del aspecto físico que también son importantes en el diagnóstico de la depresión.
P.- ¿Qué mensaje daría a quienes minimizan sus síntomas pensando que «no es para tanto»?
R.- A quienes minimizan sus síntomas les diría que sí lo hacen por vergüenza o por sentimiento de que es algo que no deberían tener, que piensen que si haría lo mismo minimizando los síntomas de cualquier otra patología o enfermedad, como la diabetes, o un tumor o una cefalea, porque muchas veces esos síntomas se minimizan, se niegan, piensan que pasarán por la vergüenza que pasa uno y por el miedo a la respuesta de los otros en unas patologías que están absolutamente estigmatizadas.
Por lo tanto, les diría a esas personas que fueran justos y que no dieran menos importancia a los síntomas de una patología como es la depresión, que en 10 % de los casos está asociada con el suicidio, que es la primera causa ya en el mundo occidental de bajas laborales y que produce una disfunción y una infelicidad y una falta de calidad de vida absoluta para la cual hay tratamiento y por lo tanto cuanto antes se inicie ese tratamiento, mejor va a ser el pronóstico.