Uno con boina corta las dos orejas (por cancelación) a Pérez-Reverte
Lo importante desde el punto de vista histórico de la semana no han sido las patochadas del todavía ministro de Transportes, ni las paqueiradas (continuas) de Isabel Díaz Ayuso. No. Lo relevante desde el punto de vista político-histórico, en lo estructural, es que la extrema izquierda ágrafa, sectaria y revanchista se ha impuesto a un intento intelectual decente y, desde la derecha, de poner sordina a tanto desvarío en relación con la malhadada Guerra Civil, sus autores, causas y consecuencias.
Estamos en lo de siempre. La izquierda extrema es irresistible cuando aprieta el acelerador para demostrar su teórica superioridad moral sobre todo aquel que intenta razonar desde posiciones democráticas y objetivas. Con el tipo desparramado ese y sus terminales comunistas, los grandes derrotados en esa guerra, podríamos coincidir con lo de la presencia de Aznar (otro que tal baila que debe estar inmensamente agradecido al pueblo español mediante el silencio), pero ya no es el fondo del encuentro lo que interesa al columnista.
Interesa, fundamentalmente, que el organizador de esas letras, no necesariamente de izquierdas según parece, pero hombre y escritor de enorme éxito, cuyos expresados criterios sobre casi todo son, a mi modesto entender, dignos al menos de ser escuchados, especialmente en todo lo que tiene que ver con el pasado reciente de España. Por todo lo anterior, no puedo entender que se haya rajado ante la ausencia de un señor con fatuos argumentos, nada democráticos, liberales o progresistas. Lo ha expresado magistralmente uno de los invocados por el boinero, Espinosa de los Monteros: «A mí no me cancela nadie; ese día estaré en Sevilla…».
Imagino que Pérez-Reverte, que ya tiene pagados los recibos de luz aunque viva 200 años, se habrá preguntado qué demonios hace él dirigiendo un curso sobre la Guerra Civil cuando aquel conflicto en armas no se ha olvidado, ni perdonado, pese a haber pasado casi un siglo. Habrá pensado para sí qué necesidad tiene de aguantar insultos ó que alguien le recuerde constantemente que una vez fue condenado por plagio. Pero resulta, querido Arturo, que tú, por cuenta propia, representabas como mínimo a más de la mitad de España que quiere debatir acerca de nuestros demonios familiares sin ferocidad, con talante abierto y, por una vez, sin ira. La cancelación ha dado alas a los que ni olvidan ni perdonan que los «suyos» perdieran la contienda fratricida.
¿Crees que si vuelves a convocar las Letras Sevillanas no van a volver envalentonados y con más fiereza? ¡Ojalá me equivoque!
El autor ha dicho después del default esto: «Hay gente que necesita las heridas abiertas y las trincheras para vivir en ellas…». Claro, ¿y entonces por qué cancelas?
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