El triunfo de la verdad sobre la mala fe: María Corina en Washington

María Corina Washington

La vileza y mala fe del coro mediático español en toda su información sobre Donald Trump, María Corina Machado y el proceso venezolano son, por supuesto, despreciables. Pero además falsean y tergiversan todo de tal manera que convierten los hechos reales y sus efectos en fenómenos incomprensibles, contradictorios y absurdos.

Todos hablan de terrible «menosprecio» del presidente Trump a María Corina y de su preferencia, manifestada en supuestos «elogios encendidos» por la segunda de Maduro, la narcotraficante, torturadora y asesina Delcy Rodriguez, la amiga de Sánchez, Zapatero, Ábalos y demás miembros carpetovetónicos de la trama narcosocialista transatlántica.

Hasta los que suelen cuidar imagen de prudentes y sesudos pretenden que Trump quiere eternizar con Delcy la dictadura y proteger al cartel del narco y del crimen organizado en Caracas a cambio de algo que le sobra a EEUU como es el petróleo.

Veamos. María Corina Machado fue invitada a comer en la Casa Blanca por el presidente en compañía del vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. Pasó dos horas y media con el presidente de los EEUU. ¿Cuántos presidentes y primeros ministros aliados han pasado dos horas y media con Donald Trump en este año de su nuevo mandato que ahora se cumple? Pocos.

Se vierten majaderías sin pausa sobre una «humillación en venganza por el Nobel». Cuando las reticencias que han tenido Trump y su equipo hacia Maria Corina Machado y Edmundo González radican en cuestiones del pasado en principio mucho más serias. Como que ambos saludaran la victoria de Joe Biden en 2020 y que ambos proceden del mundo socialdemócrata simpatizante de un Partido Demócrata que por muchas razones lógicas y evidentes Trump sabe que es su enemigo. Esas son las auténticas dificultades a superar en la relación y todo indica que la prueba de fuego de la relación personal entre María Corina Machado y Trump en Washington fue superada con un éxito rotundo.

Nadie debe dudar que ambos protagonistas tienen de sobra la inteligencia para saber de revisiones y redenciones y ambos son plenamente conscientes del cambio de era en todo el mundo. En su marco se entiende el legítimo y genuino cambio de posiciones y opiniones ante situaciones radicalmente nuevas. Como lo son la objetiva alianza del Partido Demócrata con el narcosocialismo iberoamericano, la gesta de Machado en el proceso electoral que culminó con el 28 de julio y la presentación de las actas y la decisiva legitimación de la intervención norteamericana hecha por los ganadores de aquellas elecciones, ella y el presidente legítimo.

Hoy María Corina Machado sabe tan bien como Trump que todo proyecto de socialismo –desde los comunistas hasta su versión embozada de socialdemocracia– ha desembocado en el fracaso y el crimen sistemáticos, en su extensión por la región y la multiplicación de la subversión, el daño y el dolor, la violencia, la pobreza y la inseguridad para todos los países del continente.

Machado sabe hoy igual que Trump que la podredumbre relativista de la socialdemocracia, americana o, peor aún, la europea, jamás habría movido un dedo para sacar a Venezuela del pozo de terror, miseria y saqueo.

Al contrario, han estado apoyando tanto al régimen venezolano como a su amo cubano, no ya sólo desde México o Brasil, desde la Unión Europea, desde una Bruselas que sistemáticamente ha promocionado, apoyado y protegido a todos los candidatos del Foro de Sao Paulo en los diversos países, desde Kirchner a Lula, de Boric a Petro y antes a Morales y a Correa y tantos que han impuesto las desgracias, la corrupción y el crimen organizado a los pueblos americanos.

Mientras María Corina, Trump, Vance y Rubio hablaban del futuro de Venezuela y de los pasos a dar, el jefe de la CIA, uno de los máximos responsables de la espectacular y magistral operación de captura del asesino Nicolás Maduro en su madriguera, llegaba a Caracas para darle instrucciones a Delcy Rodríguez, la recién nombrada cónsul del presidente provisional de Venezuela que es Donald Trump.

Tiene un papelón la Delcy en pretender dar seguridades a la banda de criminales de su gobierno de que todo sigue igual cuando todos ellos ven cómo recibe las instrucciones y órdenes del «secuestrador de Maduro». Y en Washington, Trump disfruta con sus piropos a Delcy por lo bien que funciona cumpliendo las órdenes que el imperio le dicta a diario.

Los mandos del ejército que hasta el 3 de enero se han mantenido leales al cartel de Maduro que los ha hecho ricos con el tráfico ilegal de droga y petróleo, ya tienen dos equipos al menos, los que ven a Delcy como una infame traidora que hay que derribar y los que creen que con Delcy tienen posibilidades de sobrevivir más o menos indemnes a los cambios que Washington ordena.

La visita de María Corina a Washington ha sido un éxito rotundo que frustra todos los intentos –algunos en Washington, muchos en Bruselas y Madrid especialmente–, de limitar daños para el régimen. El mensaje es nítido: la transición será difícil y compleja como lo han sido todas, incluidas las que contaban con consenso para la disolución del régimen previo. Los enemigos son muchos y son los mejores en subversión, en guerra sicológica e híbrida, en terrorismo y en desinformación. Los peligros que generan sin cesar estos enemigos son inmensos.

Pero lo cierto es que, en Venezuela, el régimen ya ha comenzado un proceso de autodisolución, despojado de sus recursos y bajo amenazas directas a los más obcecados de sus miembros con algo mucho peor. Tarea de los venezolanos y sus amigos será ejercer presión para que se aceleren los objetivos más urgentes como la liberación de todos los presos, el cierre de centros de tortura y la disolución de colectivos y elementos más notorios de los crímenes de lesa humanidad contra su pueblo.

El objetivo de EEUU está en acabar con el crimen organizado y el narcotráfico en su patio trasero y con toda la cooperación del Estado venezolano con las potencias enemigas para generar aliados estables en su hemisferio. Porque han comprobado, tarde sin duda, que son una amenaza inmensa para su propia seguridad nacional. Esto pasa por hacer de la liquidación del aparato estatal enemigo y la transición a la libertad y prosperidad en Venezuela una historia de éxito y ejemplo para todo el subcontinente. Hay mucha tarea que hacer en ese sentido y no sólo en Cuba, Nicaragua o Colombia porque ahí están los dos gigantes, México y Brasil, dirigidos por el crimen organizado con bandera socialista.

Que las cosas vayan bien, que sea gracias a EEUU y encima a su presidente actual, Donald Trump, es una realidad absolutamente insoportable para muchos. Y lo que se hace aquí es simplemente negarla. Con todas las manipulaciones posibles que en España, bajo un gobierno plenamente identificado con el cartel criminal de Caracas, ya han alcanzado el grado de cinismo falsario del propio chavismo o de Corea del Norte. Porque es algo que jamás podrán aceptar quienes vivían cómodos con Venezuela bajo el terror, el sufrimiento y la miseria total. Especialmente los que, como el Gobierno español y sus partidos, se lucraban y aun lucran directamente de ello. Esos son los que llevan a esa izquierda espeluznante en España a insultar a los venezolanos por querer vivir en libertad. Y por celebrar como celebran que ya están más cerca de conquistarla, gracias al coraje e inteligencia de María Corina Machado, a la lucha de un pueblo y al presidente Donald Trump de los Estados Unidos de América.

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