Carreteras de Burundi

PSOE Corrupción

Al ministro tuitero, de profesión macarra y carácter matón, ya se le ha pasado la responsabilidad por las muertes de Adamuz que su ministerio, con él al frente, consintió por omisión. Le duró una semana la contención que le obligaban los decesos de inocentes, atrapados hasta el final en hierros de mediocridad corrupta y negligente. Ha vuelto el eslabón perdido de las formas y las maneras a las gracietas y análisis político de taberna, entre whiskeys y risas de idafes amaestrados por cincuenta monedas, mientras los trenes siguen sin circular, las vías sin reparar y la vida de quienes aún las usan como transporte se sostienen en el hilo de un rezo constante. Nos han convertido en un país atrasado haciendo lo que mejor saben hacer en las repúblicas bananeras socialistas: robar y seguir en el poder, porque alguien tendrá que mantener a los pobres, que dirían los miembros del sicariato mediático sanchista.

Tras esas vías del tren, rotas y destartaladas, se esconden otras que vertebraban hace tiempo una nación que conectaba sus provincias incluso en sus momentos más oscuros, cuando dejamos al país lleno de sangre y cunetas rotas. La España actual se forjó también en los caminos que asfaltaron nuestra juventud, sobre todo en verano, cuando «coger la carretera» era sinónimo de vacaciones largas. Carreteras que hoy representan la decadencia de una forma de hacer política basada en el saqueo constante de los recursos públicos, destinados también a financiar la excusa que los incompetentes fabrican para no responsabilizarse de nada.

Parecía que nadie reparaba en ellas, a pesar del aumento de víctimas cada semana por el mal estado, no de las secundarias, sino de autovías y autopistas, infraestructuras básicas para comerciantes, transportistas y viajeros autónomos que cada día se recorrían el país para poder pagar las facturas. Ahora sabemos que, como ya pasa con el tren, se juegan la vida en cada bache, en cada agujero no reparado porque ese dinero se ha ido a pintar bancos morados de ideología y a pagar las nóminas de prostitutas agradecidas al ministro de turno. Ya saben, lo que no va a hospitales, se destina a meretrices. Con Ábalos y sin Ábalos. PSOE way of life, en el inglés que le gusta al cursi cum fraude.

Lo más vergonzoso de todo es que el sector del transporte deja cada año al Estado más de veinte mil millones de euros en impuestos. Todos los informes y estudios periciales a los que he tenido acceso señalan que la inversión anual, sólo en mantenimiento de infraestructuras viarias, debería ser, al menos, de dos mil millones de euros. Sin embargo, la cueva de Alí Ferraz y los cuarenta trincones han invertido una media de novecientos millones en los años que llevan ilegítimamente asaltando las instituciones. ¿Dónde está el resto del dinero? O para ser más precisos, ¿a qué países se han llevado la pasta la camada de golfos que gestionan el presupuesto público? ¿En qué cuenta corriente esperan esos euros ser liberados cuando su titular ya no ocupe el cargo que deshonra día tras día? Preguntas que se responden al analizar el reciente Índice de Percepción de la Corrupción 2025, que sitúa a España por debajo de Ruanda y Arabia Saudí y a la altura de Burundi, uno de los países con la renta per cápita más baja del mundo. Desde que la banda de Sánchez y Otegui llegaron en 2018 al poder, pagamos impuestos de Suecia para tener servicios africanos. Y esta pendiente no se va a frenar, como los accidentes y las tragedias. Es la simple constatación de una nación que se cae a pedazos ante la abulia de una parte de sus ciudadanos y la complicidad de otra, mientras quienes dirigen España forran su futuro y el de sus hijos entre narcodictaduras y paraísos exóticos. Nos dejan las carreteras de Burundi mientras les pagamos la jubilación en Costa Rica.

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