El cabestrillo de Sarah Santaolalla

El comandante Rubio alzó la vista y en apenas unos minutos resumió la crisis de la prensa de papel. Que no se quejen, ha sido un negocio magnífico durante los dos últimos siglos. Pero todo llega a su fin. Y ni qué decir que los propios periódicos —o sus propietarios— también tienen mucha responsabilidad en su declive. Al menos en España.
Era una jornada organizada para periodistas. La Inspección General del Ejército —la antigua Capitanía General de mi época— tuvo la buena idea de reunir a una treintena de profesionales en el Cuartel del Bruch (Barcelona) para ponernos al corriente.
Había un poco de todo. Desde colegas de Crónica Global, a estudiantes de un máster de Brasil, Argentina, Puerto Rico, Ecuador, Bolivia y Chile, entre otros. Eché en falta a alguno de TV3. Aunque ya se sabe que la cadena autonómica, en la guerra de Irán, va a favor de los ayatolás.
Como TVE, por cierto. El canal 24 horas de Televisión Española entrevistó el martes al portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní y la primera pregunta de la presentadora fue: «Donald Trump les pide que se rindan, ¿lo van a hacer?». Lástima no haberle llamado cuando las recientes protestas. A ver qué decía de los muertos.
Al fin y al cabo, no hay nada que desmerezca más a un medio —y a un periodista— que confundir un obús con un proyectil, una deflagración con una explosión, un carro de combate con un vehículo de combate o un cohete con un misil.
Yo hasta casi me aprendí los empleos de la Armada, que siempre va a su aire: un teniente de navío equivale a un capitán, un capitán de corbeta a un comandante, un capitán de fragata a un teniente coronel y un capitán de navío a un coronel.
Pero, como decía, el comandante Rubio nos dio una conferencia sobre la comunicación en el Ejército de Tierra. Sin quererlo, puso el dedo en el ojo. En una diapositiva del PowerPoint resumió el impacto de internet en los albores del siglo XXI.
Cuando la vi, se me encendieron los ojos. Era el resumen perfecto. La comunicación actual se basa en seis puntos:
– Democratización de la información
– Información en tiempo real
– Poder de movilización ciudadana
– Nuevos horizontes informativos
– Multiplicidad de canales
– Televisión por internet y bajo demanda.
Ahí estaba todo. Por qué los periódicos tradicionales han dejado de ser el intermediario entre el poder político y los votantes. La opinión publicada, que dijo en su día Felipe González.
«Todo el mundo participa de la comunicación, ya no es solo el medio de comunicación el que informa», sintetizó el orador. “La velocidad de información supera cualquier forma de comunicación interna”, añadió. Incluso puso un ejemplo: «Hay un accidente en Almería y se entera antes la Agencia Efe por el canal 112 que lo que tarda el sargento en llamar a su capitán para comunicarle que hay un herido en el campo de maniobras».
Terminó hablando de la «burbuja de la información»: «tenemos la información que queremos tener». Aunque el famoso algoritmo también tiene que ver. Nos envía solo información que puede interesarnos.
Eso fue como retroceder al famoso proceso catalán. El procés, en buena medida, también fue una burbuja. Se retroalimentaba. Los medios oficiales, especialmente la mencionada TV3, no paraban de echar leña al fuego. En términos militares fueron, y espero que no se enfade algún infante por la comparación, la fiel infantería.
Había montado guardia en algún consejo nacional de Esquerra y veías que, a la entrada, los que iban con un periódico bajo el brazo era el Ara, el más próximo a este partido. Con toda seguridad solo veían TV3 y escuchaban a Jordi Basté (Rac1) o a Mònica Terribas (Catalunya Ràdio). Así nos fue.
Luego nos dieron unas lecciones magistrales sobre derecho internacional humanitario tres tenientes del cuerpo jurídico: David García, Borja del Campo y Néstor Rivera. Cómo fue, tras la comida pensé: ahora viene el tostón. Me equivoqué de cabo a rabo. Salió desde el genocidio de Ruanda a la muerte de José Couso en Irak por el cañonazo de aquel carro de combate. Se lo sabían todo al dedillo.
Acabaron analizando la «instrumentalización por parte del Estado de los medios de comunicación» y «la utilización del periodismo como propaganda» durante la II Guerra Mundial.
A fin de cuentas, Mussolini empezó de periodista, director de Il Popolo d’Italia. Mientras que Goebbels, el ministro de Propaganda del III Reich, también hizo sus pinitos en periodismo tras haberse doctorado en Filología germánica.
Era el famoso relato: «La construcción de una narrativa propia». Tan importante en las guerras como en la política. Lo importante no es lo que es, sino cómo lo cuentan.
Basta ver la supuesta agresión a Sarah Santaolalla. Ves el vídeo y no la ves por ningún lado. A pesar de que cuatro ministros, incluido el de Interior, digan que sí. Hasta el juez no ve acreditada «situación de riesgo objetivo» y afirma que la «levedad de las lesiones» ni siquiera puede ser «objetivada». ¡El relato, otra vez! De eso, los indepes también sabían un montón.
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