Los periodistas de Nuremberg

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Cuando hace un par de años Pedro Vallín, periodista destacado del ‘sanchismo’, pidió un «Nuremberg» para un listado de comunicadores críticos con la deriva antidemocrática del presidente del Gobierno, anticipó lo que estamos viviendo en la actualidad. Las Santaolallas, los Javi Ruiz y demás propagandistas del régimen se dedican a sembrar rencor a cambio de una generosa soldada porque saben lo que quiere su amo: tensar a la sociedad española para que no se hable del aluvión de casos de corrupción que acechan al Gobierno, al PSOE y al entorno familiar de su gran timonel, que OKDIARIO, entre otros medios, desvela cada día. La campaña de linchamiento que sufrió la periodista de La Gaceta Rebeca Crespo por colgar en redes la foto de una mujer con niqab en el metro provocó incluso que colgaran un montaje hecho con IA para acusar a Crespo de manipular y de ser ella la que llevaba el velo. Así las gasta el sanchismo.

El juicio sumarísimo al que Pedro Sánchez y sus voceros someten continuamente a todos aquellos que denuncian la rendición del Gobierno a sus socios tribalistas, esos partidos que odian a España y quieren acabar con la igualdad de derechos, es terrible. Basta con ver el aluvión de respuestas en redes que lanza el batallón de periodistas y bots a sueldo de Sánchez en cada tuit de denuncia de cualquier mentira o manipulación de Moncloa. Es un linchamiento constante en toda regla. Además, Televisión Española se ha convertido en el altavoz de las campañas de señalización y destrucción personal que el sanchismo organiza en las redes sociales. El amedrentamiento en forma de muerte social es su arma favorita para mandar un recado a los que piensen en discrepar.

Los españoles pagamos centenares de millones de euros para sustentar a una TVE que se ha convertido en un «Nuremberg» permanente, pero a la inversa. Los totalitarios son los que juzgan y los que defienden la democracia y los derechos civiles son los acusados. La programación del ente público es una auténtica vergüenza, una malversación de dinero público para satisfacer la manipulación mediática de un Gobierno acorralado por su corrupción (de momento, presunta), su mala gestión y su nulo respeto a las libertades de los ciudadanos. Han copiado el modelo de la peor TV3, la que durante el ‘procés’ era una mala copia de la televisión del régimen de Corea del Norte.

En el «Nuremberg» sanchista no son juzgados los que apoyan a los asesinos de ETA, sino los que denuncian los homenajes y los injustos beneficios penitenciarios que reciben. Tampoco comparecen los que provocan la muerte de ciudadanos por el pésimo estado de nuestras infraestructuras —y no solo las ferroviarias—, sino los que intentan desvelar los bulos del Gobierno. Ni han de dar explicaciones los que violan los derechos lingüísticos de millones de hispanohablantes en buena parte de nuestro país, sino los que piden equidad de trato entre las lenguas autonómicas y la lengua española.

Solo nos queda seguir denunciando a estos pseudojueces totalitarios que, desde las redes sociales, con el potente altavoz de TVE, intentan acallar a los que alzamos la voz contra un Gobierno liberticida que está creando un clima de conflicto permanente para intentar tapar lo que realmente es: una banda de indeseables que están dispuestos a lo que sea para seguir en el poder. Y más vale que nos preparemos, porque no van a rendirse fácilmente y van a jugar todo lo sucio que puedan, y les dejemos.

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