Con 45 muertos y una vía rota, Puente insiste en que todo estaba bien
La última comparecencia del ministro de Transportes, Óscar Puente, ha sido un supino ejercicio de voluntarismo después de que la investigación preliminar determinara un fallo en la vía como causa de la tragedia ferroviaria que causó la muerte de 45 personas. Escuchar a Óscar Puente decir que todo en teoría, antes del accidente, estaba bien, pero que hay esperar a saber qué motivo provocó la rotura del raíl es un fastuoso ejercicio de hipocresía. O sea, la investigación apunta directamente a un fallo mortal en la infraestructura y el ministro despeja el asunto asegurando que «si hubo una ruptura de vía no se pudo detectar». Y, en el colmo del cinismo, añadió que si las roturas del carril fueran las causas del accidente «son problemas recurrentes del sistema ferroviario español y europeo».
O sea, Puente no asume fallo alguno en su departamento y se encomienda al ya veremos para determinar por qué se partió la vía. Y, en relación con la descoordinación en las labores de rescate, el ministro trató de derivar la responsabilidad de que se tardara más de una hora en proceder a la evacuación de los heridos del Alvia al 112.
Es indigno, porque Adif tuvo conocimiento de que se había producido un descarrilamiento en el Alvia a las 19:49 horas del domingo, cuando contacta con la interventora del tren que avisa de que está herida. Y, sin embargo, Adif no llama a los servicios de emergencia ni a la Guardia Civil. Es el 112 el que once minutos después se pone en contacto con Renfe para requerir información de lo ocurrido, pero sólo recibe una vaga respuesta que, en ningún caso, advierte de la gravedad de la situación del Alvia.
Y Puente lo que hace es decir que a las ocho de la tarde el 112 ya sabía que había dos descarrilamientos y se lava las manos. Lo que esconde es que nadie de Adif llamó a Emergencias advirtiendo del accidente del Alvia. Puente, en suma, no dimite, Sánchez está desaparecido y la culpa del accidente mortal es del empedrado.