Suena cruel pero la ciencia lo confirma: biólogos de Panamá liberan ranas en un entorno tóxico para ver si se adaptan
Un grupo de biólogos en Panamá ha tomado una decisión que genera debate, pero que cuenta con el respaldo de la ciencia experimental. El objetivo de esta estrategia consiste en comprobar si un grupo de ranas doradas logra resistir el patógeno que las obligó a desaparecer de su hábitat natural hace más de una década.
Aunque parezca cruel, liberar ejemplares sanos en un entorno tóxico para su supervivencia representa la única vía para entender el comportamiento de la enfermedad sobre el terreno. Las investigaciones buscan encontrar las claves biológicas que permitan el retorno definitivo de los animales a su ecosistema de origen.
Biólogos en Panamá comprueban la resistencia de las ranas doradas
Desde el año 2009, la presencia de la rana dorada en libertad es nula debido a la quitridiomicosis, una afección cutánea que paraliza las funciones vitales de estos animales.
Investigadores asociados al Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales o STRI (de sus siglas del inglés Smithsonian Tropical Research Institute) han devuelto de forma controlada a 100 de estas ranas a la naturaleza, pese a que el área sigue infectada por el letal hongo Batrachochytrium dendrobatidis.
El ensayo clínico, lejos de buscar una repoblación inmediata, busca entender la respuesta fisiológica de la especie en este entorno tóxico lleno de esporas. Los biólogos necesitan comprobar sobre el terreno cómo los ejemplares recuperan las toxinas defensivas de su piel mediante la ingesta de alimentos silvestres, un mecanismo que la ciencia no puede replicar en condiciones de cautiverio.
El experimento con ranas doradas en Panamá
La realidad del estudio de campo en Panamá arrojó una pérdida del 70 % de la población de estudio durante las primeras 12 semanas dentro de los habitáculos de liberación gradual, conocidos técnicamente como mesocosmos.
Pese a la dureza de esta cifra, para los científicos del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá (PARC) la mortalidad de estos animales aporta la información necesaria para modelar futuras estrategias de rescate en la región.
El análisis de los restos biológicos de las ranas doradas fallecidas permite a los expertos estudiar el comportamiento del hongo ante factores ambientales externos. De esta manera, buscan determinar si la ubicación en refugios climáticos con temperaturas menos favorables para el patógeno ofrece un margen de supervivencia mayor para las siguientes fases de reintroducción.
La movilización de recursos cuenta con el apoyo de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) y la colaboración de entidades como el Zoológico de Cheyenne Mountain y el Zoológico de New England. El equipo de investigadores, compuesto por figuras como Jorge Guerrel y Orlando Garcés, realizó un seguimiento constante de los animales supervivientes tras superar el periodo crítico de aislamiento inicial.
¿Cuál es el siguiente paso en esta investigación con ranas?
El programa científico no se detiene en este ensayo, pues la experiencia previa con otras tres especies de anfibios liberadas en 2025 demuestra que la supervivencia en libertad es viable bajo ciertas condiciones de monitoreo acústico y ambiental. Las entidades coordinadoras, entre las que destaca el Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales, centran ahora sus esfuerzos en la búsqueda de zonas geográficas óptimas.
En aquellos ensayos anteriores, especies como la rana coronada y la rana cohete de Pratt arrojaron datos positivos mediante sistemas de monitorización acústica pasiva, mientras que la rana hoja lemur mostró una tasa de supervivencia excelente en su entorno natural.
La información recolectada servirá para afinar los criterios de selección de nuevos puntos de suelta. Con el respaldo financiero de entidades internacionales como el Bezos Earth Fund, los expertos confían en que este paso permita diseñar un protocolo de seguridad biológica para la recuperación de la especie.