Hace 40 años la tenían como mascota: hoy es un depredador letal que amenaza los ecosistemas americanos
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Hace cuatro décadas, la pitón birmana era admirada en los hogares estadounidenses por su exotismo y tamaño impresionante, considerada un símbolo de coleccionismo y curiosidad.
Actualmente, esa misma especie se ha convertido en un depredador que ha transformado profundamente los ecosistemas del sur de Florida, especialmente en los Everglades.
Comenzó como una moda pasajera, pero ha terminado desencadenando un desequilibrio ecológico que los científicos y las autoridades aún intentan contener.
Pitón birmana: de mascota exótica a amenaza en Florida
La pitón birmana (Python bivittatus), originaria del sudeste asiático, alcanzó las costas estadounidenses a través del comercio legal de mascotas exóticas. Sin embargo, sus características biológicas la hicieron imposible de manejar para la mayoría de los dueños.
Las hembras adultas pueden superar los seis metros de longitud y los 100 kilogramos de peso, mientras que los ejemplares jóvenes crecen rápidamente.
La liberación voluntaria o accidental de estos reptiles, a menudo tras huracanes que destruyeron criaderos, permitió que la especie encontrara en los humedales floridanos un hábitat ideal: temperaturas cálidas, abundante refugio y un suministro casi ilimitado de presas.
Cómo la pitón birmana está acabando con los mamíferos nativos de Florida
El resultado ha sido un silencioso pero drástico declive de la fauna nativa. Sin depredadores naturales, la pitón birmana ocupa el rol de depredador ápice, alterando las dinámicas tróficas de forma irreversible.
En las zonas de mayor concentración de estas serpientes, la población de mamíferos nativos ha disminuido hasta un 90%. Estos son algunos de los datos destacados por Telesol Diario:
- Mapaches: caída del 99,3%.
- Zarigüeyas: descenso del 98,9%.
- Gatos monteses: reducción del 87,5%.
Incluso los depredadores locales más grandes sufren las consecuencias, y especies como zorros y conejos han desaparecido de algunos sectores. La dieta generalista de la pitón, que incluye aves y reptiles, dificulta la recuperación natural del ecosistema y complica los esfuerzos de conservación.
Por qué es tan difícil controlar a la pitón birmana en Florida
Erradicar a esta especie es muy complejo. Su habilidad para permanecer inmóvil y sumergida durante largos periodos, junto con su camuflaje entre la vegetación densa, reduce las probabilidades de detección a menos del 1%.
Además, las hembras pueden poner entre 50 y 100 huevos por ciclo, garantizando la continuidad poblacional incluso tras esfuerzos de captura intensivos. Su adaptabilidad es notable.
Jóvenes y adultos cazan tanto en tierra como en árboles y utilizan sensores de calor para localizar a sus presas con precisión letal.
Tecnologías innovadoras para frenar a un depredador imparable
La ciencia ha tenido que adaptarse para enfrentar esta crisis. El USGS y otras entidades emplean técnicas de telemetría para rastrear ejemplares marcados y análisis de ADN ambiental para identificar su presencia en zonas invisibles.
En 2025 se probaron señuelos robóticos que imitan a conejos, atrayendo a las serpientes hacia trampas de captura. No obstante, la propuesta de consumir su carne se ve limitada por riesgos de mercurio en sus tejidos, lo que añade un componente de salud pública a este problema ecológico que permanece sin solución definitiva.
La transformación de la pitón birmana, de mascota exótica a depredador letal, evidencia cómo decisiones humanas pueden desencadenar consecuencias ambientales de largo alcance.