Cuidado con los jabalíes: el nuevo hallazgo sanitario en la Península que pone en guardia a los expertos
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En los últimos años, los jabalíes han pasado de ser unos animales casi furtivos, a convertirse en una presencia constante en muchas zonas de la Península. Lo que antes era raro o puntual es ahora cada vez más habitual, viendo a estos animales cruzar carreteras, rebuscar entre los contenedores de basura o en los huertos o aparecer también en urbanizaciones que hace apenas una década no imaginaban convivir con fauna salvaje. Esa normalidad, que ya forma parte del día a día en varios municipios, ha vuelto a saltar a la primera línea por un motivo que no tiene que ver con accidentes ni con daños en cultivos. Esta vez, la preocupación llega desde los laboratorios con un estudio que pone en alerta a muchos.
Un grupo internacional de científicos, entre ellos investigadores españoles y portugueses, lleva años analizando muestras de jabalíes para entender qué papel pueden desempeñar en la transmisión de ciertos parásitos. El resultado, publicado en Veterinary Research, añade una pieza más a un puzzle que afecta directamente a la salud pública: Blastocystis, un microorganismo intestinal, aparece con más frecuencia de la que se pensaba en estos animales. La investigación ha llevado siete años de trabajo, en los que se han recogido muestras y se han manejado datos de distintas zonas de la Península para una conclusión que aunque no pretende alarmar, sí obliga a mirar con más atención lo que está ocurriendo en el campo y en los bordes de las ciudades.
Cuidado con los jabalíes: el nuevo hallazgo sanitario en la Península
De las 459 muestras analizadas entre 2014 y 2021, un 15,3 % contenía Blastocystis. No es una cifra extrema, pero la diferencia entre países es llamativa: en Portugal, el porcentaje se dispara a un 34,3 %, mientras que en España ronda el 10 %. Lo interesante, más allá del número, es la variedad genética del parásito. Se han detectado siete subtipos distintos y uno de ellos, el ST5, aparece en todos los animales infectados.
Ese subtipo concreto también es habitual en cerdos domésticos, lo que lleva automáticamente a una pregunta que preocupa desde hace años a los veterinarios: ¿estamos ante un escenario de intercambio de patógenos entre la fauna salvaje y las granjas? Porque si los jabalíes actúan como puente, el riesgo se multiplica.
Y hay más. En Portugal, donde la prevalencia es mayor, los científicos han encontrado infecciones mixtas: animales con varios subtipos a la vez. Entre ellos aparecen algunos con capacidad zoonótica, como los ST10 y ST14. En otras palabras: podrían llegar a transmitirse a personas en determinadas circunstancias.
Un problema que afecta sobre todo a las zonas rurales y periurbanas
Este tipo de parásito se transmite por vía fecal-oral de modo que basta con que haya contacto directo o indirecto con restos biológicos, suelos contaminados o animales infectados. Por eso el riesgo crece en actividades como la caza, el manejo de los ejemplares abatidos o los trabajos agrícolas en zonas donde los jabalíes se mueven con libertad.
Con estudios como el mencionado, muchos municipios han tenido que reaccionar en los últimos años ante la llegada constante de fauna silvestre a sus calles. Majadahonda, por ejemplo, ya firmó el año pasado un contrato con una empresa especializada para controlar cotorras, conejos, galápagos y también jabalíes. No sólo por seguridad vial o por daños en jardines públicos, sino porque empiezan a aparecer dudas sobre la salubridad en zonas donde el contacto con animales salvajes es cotidiano.
Qué proponen los investigadores para evitar problemas mayores
El estudio insiste en la necesidad de reforzar la vigilancia epidemiológica. No basta con controlar al ganado ya que si los jabalíes actúan como reservorio del parásito, hay que incluirlos dentro de los programas de seguimiento. Muestreos más frecuentes, protocolos de alerta temprana y, sobre todo, un trabajo conjunto entre veterinarios, científicos, cazadores y administraciones.
Es la base del enfoque Una Sola Salud, de la Organización Mundial de Sanidal Animal y que ya se aplica en otros ámbitos y que pide pensar en la salud humana, animal y ambiental como un sistema único. En este caso, significa vigilar cómo se mueven los jabalíes, qué patógenos portan y en qué medida pueden influir en el ganado o en las personas.
Un equilibrio complicado entre conservación y prevención
Lo que deja claro la investigación es que el jabalí no es sólo un actor secundario en el ecosistema del parásito Blastocystis. Está más implicado de lo que se pensaba y eso obliga a repensar cómo se gestiona su presencia en la Península. No se habla de erradicación ni de medidas drásticas, pero sí de una vigilancia que sea constante y de políticas que tengan en cuenta un escenario que ya es real y que es el de los animales salvajes cada vez más cerca de las personas. La clave, según los expertos, está en anticiparse. Entender qué ocurre en el terreno, detectar cambios a tiempo y evitar que un problema que hoy parece controlado termine convirtiéndose en un riesgo mayor dentro de unos años.
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