El ‘Fortuna’: el yate real que fue y ya no es

Yate Fortuna
Los Príncipes de Gales junto a la Familia Real española a bordo del Fortuna, en el verano de 1990 (Foto: Ángel Millán/EFE).

La avería se produjo en el momento más inoportuno. El Rey Juan Carlos I, el entonces Príncipe Felipe de Borbón y el Príncipe Carlos de Inglaterra navegaban a bordo del yate Fortuna entre las islas de Mallorca y Menorca, cuando la embarcación quedó a la deriva frente a la bahía de Sóller a causa de un cortocircuito.

El yate tuvo que ser remolcado hasta el puerto por dos pesqueros, mientras Don Juan Carlos, abochornado, se deshacía en disculpas ante su ilustre invitado. El incidente registrado durante las vacaciones mallorquinas del Príncipe Carlos y Lady Di –cuyo matrimonio ya comenzaba a hacer aguas– fue recogido con profusión por los tabloides británicos.

Más tarde, Lady Di confesaría que se había sentido extraordinariamente incómoda por el exceso de atenciones que le brindaba el Rey Juan Carlos durante sus estancias en la isla. En aquel verano de 1988, el Rey Juan Carlos empezó a plantearse la necesidad de buscar un relevo al yate Fortuna (la segunda de las tres embarcaciones que ha utilizado con este nombre), aunque todavía tendría que esperar más de una década para conseguirlo.

El primer Fortuna era un barco de recreo mucho más modesto, de 20 metros eslora, fabricado en los astilleros de Viudes. Don Juan Carlos lo estrenó junto a la Reina Sofía y sus hijos en el verano 1976, apenas iniciado su Reinado, y se deshizo de él tres años después: lo vendió al marqués de Mondéjar Nicolás Cotoner, su primer jefe de la Casa del Rey, quien lo rebautizó como Trinidad III.

Un regalo del Rey Fahd de Arabia Saudí

Ese mismo año, en 1979, Don Juan Carlos se ponía por primera vez al timón de su nuevo yate Fortuna, una moderna embarcación de 30 metros de eslora que le había regalado el Rey Fahd de Arabia Saudí como muestra de los vínculos de amistad entre las dos Familias Reales.

El barco estaba dotado con un sistema de propulsión mediante chorros de agua, que sustituía a las tradicionales hélices. Fue fabricado en los astilleros Palmer Johnson de Estados Unidos en una aleación ligera de aluminio. Un año después, fue remodelado en los astilleros de Mefasa en San Juan de Nieva (Avilés) para mejorar su sistema de navegación y su mecánica, excesivamente ruidosa, alargar la popa en tres metros y ampliar el número de camarotes.

Se trata del mismo Fortuna que sufrió la aparatosa avería en el verano de 1988 con el Príncipe Carlos de Inglaterra a bordo. Un año después, los paparazzi lograron fotografiar al Rey Juan Carlos, tomando el sol completamente desnudo en su cubierta. La Casa Real aseguró que su médico había aconsejado al monarca que tomar el sol desnudo, para tratarse una afección de la piel.

En sus travesías por el Mediterráneo, Don Juan Carlos y la Reina Sofía también tuvieron otros ilustres invitados a bordo, como el matrimonio Clinton (en el verano de 1997), los duques de Luxemburgo, Carmen Cervera y el barón Thyssen, los reyes de Grecia Constantino (hermano de la Reina Sofía) y Ana María, Kyril de Bulgaria y el rey Hussein de Jordania.

La colecta de los millonarios de Baleares

Pese al fuerte despliegue de seguridad que rodeaba a la Familia Real durante sus veranos en Mallorca, los etarras Juan José Rego Vidal y Jorge García Sertucha llegaron a tener a tiro al monarca con un rifle de mira telescópica en 1995, desde un bloque de pisos próximo a la base naval de Porto Pi, donde permanecía amarrado el Fortuna.

Finalmente, el Rey Juan Carlos estrenó su tercer yate Fortuna en el verano del año 2000. Costó 21,5 millones de euros, que fueron aportados por el Govern balear y una treintena de empresarios del sector turístico a través de la Fundación Fundatur.

Entre los empresarios que realizaron aportaciones de 600.000 euros para evitar que la Familia Real renunciara a sus veraneos en Baleares se encuentran los máximos responsables de las cadenas hoteleras Sol Meliá, el Grupo Barceló, La Caixa, Air Europa, Soltour y el Grupo Matutes.

Este tercer Fortuna tiene 41 metros de eslora y fue fabricado en los astilleros de Cádiz, sobre un diseño de Donald Blount. El Rey Juan Carlos renunció finalmente a utilizarlo en 2013, tras el accidente que sufrió cazando elefantes en Botsuana junto a la Princesa Corinna.

Los empresarios que financiaron la construcción del tercer Fortuna reclamaron a Patrimonio Nacional su devolución, puesto que el monarca había dejado de utilizarlo. Rebautizado como Foners, se puso a la venta por 10 millones de euros (menos de la mitad de lo que había costado) y finalmente fue comprado por la naviera Balearia por 2,2 millones para poder incorporar sus turbinas Rolls Roice a los ferrys con los que cubre la línea marítima entre las Islas y la Península.

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