Árboles

Desconcierto total entre los biólogos: estos árboles lanzan toneladas de frutos al suelo y aún no saben por qué

El fenómeno del masting consiste en la producción masiva y sincronizada de toneladas de semillas por parte de los árboles para asegurar su supervivencia en el suelo. (Freepik)
El fenómeno del masting consiste en la producción masiva y sincronizada de toneladas de semillas por parte de los árboles para asegurar su supervivencia en el suelo. (Freepik)
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El misterio envuelve a los bosques de medio mundo cada vez que llega el otoño. Sin previo aviso, millones de árboles deciden, de forma coordinada, cubrir el suelo con una cantidad enorme de semillas. Esta lluvia de castañas, bellotas o piñones que los expertos denominan mástil (o masting, en inglés) sucede de golpe y en áreas geográficas inmensas.

Lo curioso del caso es que, pese a los avances tecnológicos, los biólogos todavía no terminan de comprender el mecanismo exacto que dispara este comportamiento errático que se traduce en toneladas de frutos esparcidos por el suelo.

El enigma de los árboles y sus toneladas de frutos

A este fenómeno de sobreproducción masiva se le conoce técnicamente como masting o años de mástil. Según recoge el blog especializado Cool Green Science, de la organización The Nature Conservancy, no existe una cifra fija para definirlo, sino que se trata de una cantidad de frutos tan exagerada que cambia el paisaje por completo.

Sin embargo, para que se considere un año de masting real, debe existir una sincronización asombrosa. No hablamos de un par de ejemplares en un parque, sino de cientos de millones de árboles que, situados incluso a 600 kilómetros de distancia entre sí, se ponen de acuerdo para soltar su carga al unísono. Especies como el roble, el haya o el nogal son especialistas en esta estrategia, que deja a los biólogos confundidos ante tanta precisión natural.

¿Cuál es la razón de este fenómeno natural?

La teoría con más peso para explicar este suceso es la denominada hipótesis de la saciedad del depredador. Al lanzar toneladas de alimento de golpe, los árboles consiguen saturar a los animales del bosque. Ardillas, ratones y aves se hinchan a comer, pero son incapaces de terminar con todas las existencias. De este modo, muchas semillas sobreviven en el suelo y logran germinar.

Si la producción fuera constante cada año, las poblaciones de animales crecerían tanto que no quedaría ni un solo fruto para crear nuevos brotes. No obstante, el clima también es parte clave en este proceso. Por ejemplo, una primavera seca y cálida favorece que las flores se conviertan en frutos, pero la razón de la coordinación a larga distancia apunta a algo más complejo.

Theresa Crimmins, directora de la Red Nacional de Fenología de Estados Unidos,  sugiere que los ejemplares podrían enviarse señales químicas a través del aire o mediante redes de hongos en el subsuelo. Es una especie de «acuerdo» biológico para garantizar la supervivencia de la especie a costa de un agotamiento extremo, ya que tras un año de masting, el árbol necesita descansar varias temporadas para recuperar fuerzas.

El impacto en el ecosistema y el cambio climático

Esta explosión de vida tiene efectos secundarios inmediatos en toda la cadena trófica. Al año siguiente de una gran caída de frutos, las poblaciones de ciervos o pequeños roedores se disparan, lo que a su vez altera el comportamiento de los depredadores.

Sin embargo, no todo es positivo; el aumento de animales también conlleva un incremento de garrapatas y enfermedades asociadas. La gran duda de los biólogos ahora es cómo afectará el calentamiento global a estos ciclos, ya que muchas especies dependen de variaciones térmicas muy concretas para activar su reproducción.

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