Alerta en la comunidad zoológica: descubren en los lagos de Argentina una medusa asiática invasora con 400 tentáculos
Investigadoras del Conicet han detectado la presencia de la medusa asiática Craspedacusta sowerbii en los lagos de Bariloche en Argentina.
Este hallazgo en el Parque Nacional Nahuel Huapi preocupa a la comunidad científica por su capacidad para alterar el equilibrio ecológico local. Aunque su tamaño es reducido, su potencial de expansión y la dificultad para erradicarla suponen un desafío ambiental sin precedentes en la región patagónica.
Hallan a una medusa asiática dulce en la Patagonia argentina
Un equipo de especialistas del Grupo de Ecología de Sistemas Acuáticos a escala de Paisaje (Gesap), perteneciente al Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inbioma – Conicet), ha confirmado la identificación de la medusa asiática Craspedacusta sowerbii en los lagos Escondido y El Trébol, además de en la laguna Huillines.
Las científicas Sharon Allen Dohle, Mariana Reissig, Patricia García y María del Carmen Diéguez lideran esta investigación que busca monitorizar a la especie invasora.
La Craspedacusta sowerbii, originaria de las aguas cálidas del río Yangtsé en China, ha colonizado ya casi todos los continentes, con excepción de la Antártida. Su llegada a la región de Bariloche marca un hito en el estudio de especies exóticas en el sur argentino. Una de las características más destacadas de este animal es que tiene de 400 a 600 tentáculos.
El equipo investigador subraya que, una vez que este organismo se establece en un nuevo entorno, su erradicación resulta técnicamente imposible debido a la complejidad de su ciclo de vida.
¿Qué impacto tiene esta medusa invasora en el ecosistema local?
La mayor preocupación de los expertos radica en la competencia por los recursos alimenticios. Esta medusa de agua dulce se alimenta de los mismos organismos que consumen los peces pequeños de la zona.
Al reducir la disponibilidad de alimento para estas especies autóctonas, se genera un efecto dominó que altera toda la cadena trófica, afectando finalmente a los peces de mayor tamaño que dependen de esos pequeños ejemplares para subsistir.
El cambio climático actúa como un catalizador en este proceso de invasión. Las temperaturas más altas del agua durante periodos prolongados y los inviernos moderados favorecen que la especie pase a su fase de medusa visible, la cual requiere temperaturas superiores a los 17 grados centígrados para manifestarse.
Actualmente, las científicas del Conicet trabajan para determinar la magnitud real de este impacto y el grado de asentamiento de la especie en los cuerpos de agua patagónicos.
El desafío de frenar la expansión de la medusa de agua dulce
La capacidad de dispersión de este organismo es extraordinaria debido a su fase de pólipo, una etapa microscópica en la que se adhiere a diversas superficies.
Los pólipos pueden viajar largas distancias pegados a las patas de aves migratorias, en el cuerpo de peces o en equipos de pesca y embarcaciones humanas.
La ausencia de depredadores naturales en la región agrava la situación, permitiendo un crecimiento poblacional sin control biológico. Para mitigar este avance, las autoridades y científicas recomiendan seguir protocolos estrictos de desinfección.
Es fundamental drenar el agua de botes y otros artilugios flotantes fuera de los lagos, además de desinfectar redes y motores con agua caliente o soluciones desinfectantes.
La colaboración ciudadana también resulta clave: se insta a la población a reportar avistamientos enviando fotografías y coordenadas geográficas a través de la plataforma iNaturalist o a la cuenta de Instagram @fotolab.gesap para ampliar el registro de distribución de esta especie.