EEUU acaba con Maduro

Grandes colas para comprar comida en Caracas y amplias zonas de Venezuela sin luz por segundo día

La actividad en el país, con el transporte público semivacío y la actividad económica en mínimos

colas Venezuela
Venezolas haciendo cola ante comercios en Caracas, este domingo.
Roberto Pérez
  • Roberto Pérez
  • Periodista y licenciado en Ciencias Políticas. Especialista en sector público, economía política y presupuestaria, e instituciones político-administrativas. Trabajó para Agencia Efe y Cope, ejerció durante más de 20 años en ABC -etapa que incluyó el ejercicio temporal de la corresponsalía de Nueva York- y actualmente es subdirector de OKDIARIO.

Venezuela vive inmersa, por segundo día consecutivo, en un ambiente de parálisis socieconómica tras la operación llevada a cabo por EEUU que se saldó con bombardeos selectivos de objetivos militares del Ejército chavista y el arresto del narcodictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, trasladados a Estados Unidos y encarcelados para ser juzgados por narcoterrorismo. Washington ha dejado al frente del país a la chavista Delcy Rodríguez, número dos de Maduro.

El ambiente ciudadano en Venezuela es de calma profundamente tensa a pie de calle, con el miedo al hambre como mayor inquietud. De ello dan fe las larguísimas colas con las que este domingo ha amanecido Caracas y otras grandes ciudades del país, con personas aguardando la apertura de establecimientos comerciales y farmacias para adquirir productos básicos.

El temor al desabastecimiento ha arreciado en un país que vive sumido por la pobreza tras décadas de chavismo en el poder que ha dilapidado la riqueza que le aportan los recursos naturales de los que goza Venezuela, entre los que se cuentan potentes reservas petrolíferas y de metales preciosos.

Los bombardeos selectivos llevados a cabo por EEUU, unidos a la deteriorada situación de las infraestructuras del país por culpa de la dictadura chavista, han impactado de lleno en el suministro energético. Hay amplias zonas del país, entre ellas el sur de la capital, Caracas, que llevan ya dos días sin suministro eléctrico.

«No sabemos lo que nos viene», explicaba este domingo por la mañana a un periodista local una mujer que aguardaba en una de las largas colas ante establecimientos comerciales. «Hay que estar preparados y adquirir comida, por lo que pueda pasar», indicaba.

La actividad en el país es mínima, en absoluto normalizada. El transporte público funciona con relativa normalidad, pero la afluencia de pasajeros es escasísima. Los ciudadanos han optado por restringir al máximo sus desplazamientos cotidianos, lo que incide de lleno en la actividad económica de Venezuela.

Tras la intervención llevada a cabo por la Casa Blanca, y la toma de control efectiva del Gobierno del país caribeño –ha decidido mantener a la chavista Delcy Rodríguez de presidenta bajo estrecha supervisión política de Washington–, resolver las severas carencias de necesidades básicas de la población que sigue viviendo en Venezuela se convierte en un reto inmediato para la Administración Trump. Unas carencias que, al menos en estos primeros días tras la operación militar de EEUU, se han visto momentáneamente agravadas tal y como lo perciben los habitantes.

Así, un problema inmediato que debe afrontar la tutela de Washington sobre el Gobierno de Delcy Rodríguez es remontar la actividad económica del país y que los flujos de dinero permitan reflotar el paupérrimo poder adquisitivo de la población de Venezuela.

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