Los historiadores lo avalan: en la Edad Media no había chimenea y así es como se tenían que calentar
Toma nota de cómo calentaban las casas en la Edad Media
Conmoción entre los arqueólogos tras descubrir en Uzbekistán una mítica ciudad medieval de la Ruta de la Seda
El arriesgado oficio de la posguerra española que subsistía en Madrid y Valencia: hoy solo lo vemos en las películas
Adiós a las islas de cocina de siempre: su sustituto es mucho más práctico, elegante y cómodo

En la Edad Media no había chimenea y la manera de entrar en calor era muy diferente de la actual. Vivimos en un periodo histórico en el que la comodidad es máxima, podremos disfrutar de un calor en invierno o fresco en verano que hace que sea más fácil ganarle la partida al tiempo. Pero hace, unos siglos, las casas eran muy diferentes, lo que hacía que las personas se las tuvieran que ingeniar para sobrevivir sin pasar mucho frío.
A medida que vamos atrás en el tiempo nos damos cuenta de los grandes desafíos que tenían los que vivieron antes que nosotros. Por lo que, quizás hasta la fecha no sabíamos que podríamos empezar a tener en mente algunos cambios que pueden acabar siendo lo que nos dará algunos detalles que pueden ser esenciales. Un cambio de tendencia que, sin duda alguna, puede darnos más de una sorpresa que puede acabar siendo lo que nos acompañará en estos días. Los historiadores avalan la manera en la que se calentaban las casas antes de que las chimeneas se popularizarán.
Lo avalan los historiadores
Cuesta creer que en la Edad Media no había chimenea en las casas, es un invento posterior que no se popularizó de inmediato. Es decir, las casas en esos días no podían disfrutar de una construcción interior sin generar grandes cantidades de humo y pudiendo crear un ambiente cálido y agradable.
Las películas han hecho que tengamos una imagen del pasado muy idealizada que realmente puede acabar siendo lo que nos acompañará en estos días. La realidad es que hay algunos elementos que pueden convertirse en un detalle que podría acabar generando en estos días.
Miramos el pasado y lo hacemos de tal forma que descubrimos que, en esos tiempos idealizados, no había ni ventanas, ni tampoco chimeneas, las casas usaban un sistema para calentarse que pueden acabar siendo los que nos acompañarán en estos días.
Un cambio de tendencia que, sin duda alguna, acabaremos obteniendo de una forma muy diferente, si vemos la forma en la que se calentaban de forma realmente especial. Los historiadores nos descubren una forma barata de calentar la casa, aunque no era demasiado bueno para la salud, en un invierno como el que hemos vivido o incluso más frío, las consecuencias podían ser terribles.
No había chimenea en la Edad Media y si se tenían que calentar las casas
Colocar un fuego en el suelo para calentar la casa, era algo que se hacía hace unos siglos. Una manera de conseguir calor en una vivienda que no podía tener muchas ventanas sin cristales ya que hacía que el calor se escapaba por momentos en estas construcciones.
La única manera de esquivar el frío era calentarse con mantas o con pieles en unas camas que se llenaban. Compartir cama toda la familia era una forma de evitar que el frío llegase a todos, de tal manera que son muchos los que apostaron por este tipo de detalles.
Los expertos de Chimeneasllofrio nos explican un poco mejor la manera en las que las chimeneas llegaron a las casas con una cronología que cambio por completo la forma de ver este elemento.
El siglo XVII. Fue en este siglo cuando el príncipe Ruperto de Rin, perteneciente al Sacro imperio Romano-germano, pero refugiado inglés durante la mayor parte de su vida, creo un sistema de emparrillado o rejilla que permitía al aire entrar por debajo del combustible, logrando que el fuego permaneciera vivo durante más tiempo y logrando apartar la molesta ceniza. Su diseño incluía también el clásico conmutador del flujo de aire, que permitía variar el tiro de la chimenea, permitiendo al aire entrar o salir.
En los albores del siglo XVIII. El gran genio americano Benjamin Franklin creó la conocida como estufa Franklin. Esta estufa de hierro fundido estaba diseñada para ofrecer calor a las estancias y era capaz de hacerlo incluso cuando el fuego se había extinto en su interior, gracias a la capacidad del metal para retener la energía calorífica. Esta innovación devolvió a la chimenea al centro de las estancias, ya que esta estufa logró eliminar el molesto humo. La eficiencia calefactora, así como la comodidad de uso mejoró de forma exponencial. Pero este gran invento presentaba un problema de seguridad, y es que los incendios se producían de forma común con este tipo de estufas, dada su ubicación en las estancias y el intenso calor que eran capaces de producir.
Comienza el siglo XIX. El Conde Rumsford se encargó de rediseñar la chimenea, logrando hacerla más segura y mejorando aún más las salidas de humo. Su adaptación logró que las chimeneas se incorporaran a las paredes de las casas, en lugar de unidas exteriormente. Un ingenioso sistema en el que un pequeño embudo en la primera parte de la salida de humos, permite que el fuego ascienda y el humo escape rápidamente fuera de la vivienda.