Cuál es el monumento más alto del mundo y su historia
Conoce cuál es el monumento más alto del mundo, dónde se encuentra y la historia que hay detrás de esta impresionante construcción.
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El monumento más alto del mundo en la actualidad es el Burj Khalifa, un rascacielos situado en la ciudad de Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos. Con una altura total de 828 metros y 163 plantas habitables, esta colosal estructura no solo ostenta el récord de altura desde su inauguración en 2010, sino que se ha convertido en un símbolo global de ambición arquitectónica, desarrollo urbano y poder económico.

El monumento más alto del mundo en la actualidad es el Burj Khalifa, un rascacielos que se alza en el corazón de Dubái, Emiratos Árabes Unidos. Con sus 828 metros de altura y 163 plantas, no solo ostenta un récord difícil de igualar, sino que se ha convertido en una imagen reconocible en todo el planeta. Más allá de las cifras, su historia está profundamente ligada a la transformación de Dubái y a la ambición de una ciudad que decidió reinventarse mirando hacia el cielo.
El contexto de una ciudad en expansión
Durante las últimas décadas del siglo XX, Dubái entendió que su futuro no podía depender únicamente del petróleo. La ciudad comenzó a apostar con fuerza por el turismo, el comercio internacional y el sector inmobiliario. En ese proceso de cambio surgió la idea de construir un edificio icónico, uno que simbolizara esa nueva etapa y situara a Dubái en el centro del mapa mundial.
El Burj Khalifa nació como la pieza clave del desarrollo urbano Downtown Dubai, un ambicioso proyecto que reúne zonas residenciales, hoteles, espacios comerciales y culturales. No se trataba solo de levantar el edificio más alto del mundo, sino de crear un nuevo núcleo urbano capaz de atraer inversión, visitantes y atención internacional.
Diseño e inspiración arquitectónica
El diseño del Burj Khalifa fue responsabilidad del arquitecto Adrian Smith, entonces integrante del estudio Skidmore, Owings & Merrill (SOM). La inspiración llegó desde un lugar inesperado: la flor Hymenocallis, típica de regiones desérticas. Su estructura sirvió de base para la planta en forma de Y del edificio, una decisión que combinaba estética y funcionalidad.
Esta forma permitió distribuir mejor los espacios interiores y, al mismo tiempo, aumentar la estabilidad del rascacielos. La silueta escalonada, que se va estrechando a medida que asciende, responde a una necesidad muy concreta: reducir el impacto del viento. En construcciones de esta altura, el comportamiento aerodinámico es tan importante como el diseño visual, y cada detalle fue pensado para garantizar seguridad y eficiencia.
Un desafío técnico sin precedentes
Construir el Burj Khalifa supuso enfrentarse a retos técnicos nunca antes abordados. Las obras comenzaron en 2004 y exigieron desarrollar nuevas soluciones en prácticamente todos los aspectos de la ingeniería. Uno de los mayores desafíos fue el bombeo de hormigón a alturas superiores a los 600 metros, algo inédito hasta ese momento.
La cimentación también requirió un planteamiento innovador para soportar el enorme peso de la estructura. En el punto álgido de la construcción, más de 12.000 trabajadores de diferentes países participaron en el proyecto. El ritmo era impresionante: aproximadamente una planta cada tres días. Todo ello ocurrió, además, en medio de la crisis financiera global de 2008, lo que obligó a ajustar presupuestos y plazos sin detener las obras.
De Burj Dubai a Burj Khalifa
El edificio fue concebido inicialmente con el nombre de Burj Dubai. Sin embargo, el día de su inauguración, en enero de 2010, se anunció un cambio significativo. Pasó a llamarse Burj Khalifa, en honor al jeque Khalifa bin Zayed Al Nahyan, entonces presidente de los Emiratos Árabes Unidos. El gesto simbolizaba el apoyo recibido por Dubái en un momento económico complejo.
La inauguración fue un acontecimiento seguido en todo el mundo, con un espectáculo de luces, agua y fuegos artificiales que reforzó la imagen del edificio como nuevo icono global. Desde ese instante, el Burj Khalifa dejó de ser solo una obra en construcción para convertirse en un símbolo del siglo XXI.
Usos y vida dentro del rascacielos
Más allá de su impacto visual, el Burj Khalifa es un edificio plenamente funcional. En su interior conviven viviendas privadas, oficinas, el hotel Armani Dubai, restaurantes y varias plataformas de observación. La más conocida, “At the Top”, ofrece vistas panorámicas que abarcan tanto el desierto como el golfo Pérsico y se ha convertido en una de las principales atracciones turísticas de Dubái.
Vivir o trabajar en el Burj Khalifa implica una logística compleja. Sistemas de ascensores de alta velocidad, soluciones avanzadas de climatización y un mantenimiento constante son necesarios para que el edificio funcione con normalidad. Todo ello forma parte de una infraestructura invisible, pero esencial.
Impacto cultural y simbólico
El Burj Khalifa no es solo un récord arquitectónico; es una declaración de intenciones. Representa la capacidad humana para llevar la ingeniería al límite y transformar el paisaje urbano de forma radical. Para Dubái, es un emblema de modernidad y ambición, una imagen que se ha integrado en su identidad y proyección internacional.
Al mismo tiempo, el edificio ha generado debates. Cuestiones como la sostenibilidad, las condiciones laborales durante su construcción o el sentido de las megaestructuras forman parte de la conversación en torno a su legado. Estas reflexiones no restan valor a la obra, sino que subrayan su complejidad.
Un récord aún imbatido
Desde su inauguración, ningún otro edificio ha logrado superar la altura del Burj Khalifa, aunque varios proyectos aspiran a hacerlo en el futuro. Mientras tanto, sigue siendo el monumento más alto del mundo y un referente inevitable cuando se habla de arquitectura contemporánea.
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