Iglesia de la Magdalena de Granada: historia y origen del templo
Historia y origen de la iglesia de la Magdalena de Granada, uno de los templos más antiguos y emblemáticos de la ciudad.
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En el centro de Granada, en la esquina entre las calles Gracia y Puentezuelas, se encuentra la Iglesia de la Magdalena. Este monumento es mucho más que una iglesia; es un libro de historia hecho de piedra, arte y devoción. Entre sus muros se guardan historias fascinantes.
Los orígenes
La historia de la Magdalena empieza justo después de la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492. Tras la conquista, los nuevos gobernantes cristianos se dedicaron a organizar la ciudad a su manera. Una parte importante de este proceso fue crear nuevas parroquias para atender a la población cristiana que llegaba.
Entre 1501 y 1508 se construyó la primera Iglesia de Santa María Magdalena. No estaba donde la vemos hoy. Se levantó extramuros, en una zona que hoy sería la calle Mesones. Es muy probable que se haya edificado sobre los cimientos de una antigua mezquita.
Esta primera iglesia, probablemente de estilo mudéjar o renacentista muy sencillo, fue el centro religioso de un barrio en crecimiento durante todo el siglo XVI. Allí se bautizaba, se casaba y se registraba la vida de los vecinos. Sin embargo, con el paso del tiempo y los cambios en la ciudad, este templo se quedó pequeño.
Un nuevo templo
En el siglo XVII, un grupo de monjas agustinas fundó un convento dedicado al Santísimo Corpus Christi. Con el apoyo de varias familias ricas de Granada, las monjas construyeron una iglesia nueva y más grandiosa para su convento, en un solar mejor situado.
La construcción de este nuevo templo se llevó a cabo entre 1677 y 1694. Aunque algunos expertos creen que el diseño inicial pudo ser del gran artista granadino Alonso Cano, la dirección de la obra recayó en José Granados de la Barrera. El resultado es una joya del barroco andaluz.
La iglesia de la Magdalena tiene una fachada sobria de ladrillo, con una portada de piedra y una torre campanario a un lado. Está ligeramente retrasada, protegida por un pequeño pórtico con tres arcos.
En el interior hay una sola nave amplia cubierta por una bóveda de cañón y una hermosa cúpula sobre el crucero. Esta estructura es típica del barroco; la mirada se dirige espontáneamente hacia el altar mayor.
La gran fusión
El siglo XIX trajo grandes cambios. El gobierno llevó a cabo las “desamortizaciones”, que consistían en expropiar y vender muchos de los bienes y tierras que pertenecían a las órdenes religiosas. Muchos conventos cerraron.
En 1840, el convento de las agustinas fue suprimido. Al mismo tiempo, la antigua parroquia de la calle Mesones estaba en ruinas y el ayuntamiento necesitaba su solar para ensanchar las calles.
Por tanto, la iglesia del antiguo convento del Corpus Christi se convirtió en la nueva sede de la Parroquia de Santa María Magdalena. Se llevaron allí los objetos más importantes de la antigua parroquia, incluyendo su pila bautismal. Así, el edificio barroco heredó el nombre y la función centenaria de la humilde parroquia.
Tesoros artísticos
Dentro de la iglesia se respira arte por los cuatro costados. El altar mayor está presidido por un gran cuadro de Juan de Sevilla que glorifica la Eucaristía. A los lados hay varios retablos barrocos que albergan pinturas y esculturas de los mejores artistas de la escuela granadina de los siglos XVII y XVIII.
Entre las imágenes más veneradas se encuentra Nuestro Padre Jesús del Rescate. Es una impresionante talla del siglo XVII que protagoniza una de las procesiones más importantes del Lunes Santo granadino.
En su pila bautismal, en el año 1826, fue bautizada una niña llamada Eugenia de Montijo. Esta niña, que vivía justo enfrente de la iglesia, años después se convertiría en Emperatriz de Francia al casarse con Napoleón III. Hay una placa en la fachada de la casa natal (hoy un hotel).
Hoy, la Magdalena es una parroquia muy dinámica. Sus puertas están abiertas tanto para fieles y visitantes que quieran admirar su patrimonio.
Arquitectura y estilo
Como estamos viendo, el edificio responde a los rasgos del barroco granadino, aunque con una sobriedad acorde a su origen conventual. No se trata de una iglesia monumental, pero sí equilibrada y elegante. La fachada es sencilla y discreta, algo habitual en este tipo de construcciones religiosas, y encaja perfectamente con el entorno urbano que la rodea.
El interior presenta una nave única, bien proporcionada, que transmite una sensación de recogimiento. La arquitectura prioriza la funcionalidad y la espiritualidad, más que el impacto visual, lo que hace que el espacio resulte acogedor y tranquilo para quien lo visita.
Qué ver en su interior
Dentro de la iglesia se conservan varios elementos de interés artístico y devocional. El altar mayor preside el espacio con sobriedad, acompañado de capillas laterales que albergan distintas imágenes religiosas. Algunas de estas obras han sido restauradas en los últimos años, recuperando detalles y colores que habían quedado ocultos con el paso del tiempo.
Más allá del valor artístico, el interior refleja el uso continuo del templo como lugar de culto. No es un espacio pensado solo para ser observado, sino vivido, lo que le da un carácter especial y auténtico.
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Temas:
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