Bombazo en la arqueología española: hallan en Teruel el mayor archivo escrito de la España prerromana
En España la lista de yacimientos arqueológicos resulta casi interminable: algunos son más conocidos, otros más modestos. Pero en la provincia de Teruel se ha descubierto un cerro que lleva décadas guardando un hallazgo que ahora empieza a entenderse.
A apenas kilómetro y medio de Azaila, el Cabezo de Alcalá conserva los restos de una ciudad ibérica destruida de forma violenta en el siglo I a.C. Según el estudio, lo que se ha documentado allí no es una colección aislada de textos antiguos, sino el mayor archivo epigráfico de la Hispania prerromana, un conjunto que obliga a repensar cómo y para qué escribían los íberos.
Los arqueólogos españoles hallan en Teruel el mayor archivo escrito de la España prerromana
El yacimiento del Cabezo de Alcalá no destaca por grandes esculturas, sino que se trata de casi mil grafitos repartidos en platos, cuencos, ánforas, pesas y grandes recipientes de almacenaje, objetos ligados al uso diario y al comercio.
La ciudad ibérica que ocupó el cerro entre los siglos II y I a.C. vivía integrada en una red económica activa, con contactos constantes con el mundo romano. Esa relación se refleja en los soportes: muchas inscripciones aparecen sobre cerámica de barniz negro importada de Italia, mientras que los textos están escritos, en su mayoría, en lengua ibérica.
La investigadora Aránzazu López Fernández explica en su trabajo publicado en Palaeohispanica que la escritura en Azaila no funcionaba como un símbolo de prestigio. Servía para identificar una pieza en una despensa común, para anotar el peso de una ánfora, para marcar un contenido o dejar constancia de una transacción. López destaca que muchos textos se grabaron después de cocer la cerámica, justo cuando el objeto empezaba su vida útil.
La escritura no aparece asociada a un momento solemne, sino al uso práctico del objeto. Por eso abundan las inscripciones mínimas, de una o dos letras, que bastaban para cumplir su función.
Cómo son estos escritos hallados en Teruel
Cada tipo de soporte cumple un papel distinto. Por ejemplo, en la vajilla fina, los grafitos suelen ser discretos y se colocan en zonas poco visibles, como la base de un plato. En la cerámica ibérica local, en cambio, los textos ganan tamaño y se sitúan en lugares fáciles de leer durante el uso.
En el ámbito del comercio, las ánforas concentran la información más compleja. Allí aparecen nombres propios, cifras, marcas metrológicas y palabras que aluden al contenido. Algunas inscripciones combinan grafitos ibéricos con sellos y anotaciones pintadas en latín, una mezcla que refleja una economía compartida entre productores romanos y usuarios indígenas.
Algunos ejemplos de lo que se ha encontrado son abreviaturas de nombres propios, marcas que indican cantidades, signos que aluden al peso del contenido o palabras vinculadas al producto transportado.
Más que un archivo de textos, el yacimiento ofrece una imagen directa de la vida cotidiana en una ciudad ibérica poco antes de desaparecer, cuando la guerra la arrasó y sus habitantes tuvieron que abandonarla.