Fallas 2019

Fallas 2019: Origen e historia de la Ofrenda de las Flores a la Virgen de los desamparados

La Ofrenda de las Flores a la Virgen de los desamparados es uno de los actos más bonitos de las Fallas de Valencia 2019.

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Descubre la historia de la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados en Valencia

La Ofrenda de las Flores a la Virgen de los desamparados es uno de los actos más destacados de cuantos se celebran en las Fallas de Valencia, ya que supone el homenaje que hace Valencia a su virgen. Veamos ahora cuál es el origen y la historia de la Ofrenda de las Flores a la Virgen de los desamparados.

La Ofrenda de las Flores a la Virgen de los desamparados es un acto que todos los años se celebra durante dos días. En estas Fallas de Valencia 2019, se celebrará el domingo 17 y el lunes 18 de marzo, cuando miles de falleras depositen varios ramos de claveles rojos, blancos, rosas y amarillos a los pies de la Virgen. Con estas flores, los falleros tejen el diseño del manto de la imagen de la virgen, un espectáculo que cada año congrega a más asistentes siendo una de las tradiciones más bonitas e importantes de cuantas se viven estos días en Valencia, pero ¿cuál es su origen?.

Origen e historia de la Ofrenda de las Flores a la Virgen de los desamparados

Las Fallas realizan su ofrenda floral a Nuestra Señora de los Desamparados desde 1941. Para dicha ofrenda se dedican dos tardes completas, cuando las comisiones de las Fallas, encabezadas por las Falleras y sus Tribunales se dirigen a la Virgen de los Desamparados, acompañados de  las bandas de música en una ceremonia en la que los trajes tradicionales y los ramos de flores son las principales atracciones.

Los participantes suelen portar canastas llenas de flores y, a veces, pequeños templos alegóricos hechos de claveles, gladiolos y lirios.  Protegida por la torre Miguelete, la Plaza de la Virgen se transforma en un jardín de flores durante la ofrenda. La fachada de la basílica se convierte en un tapiz floral que cubre toda la pared, dando forma a una enorme representación de Nuestra Señora. En el centro de la plaza, se establece una estructura de madera de 14 m de altura, en la que ágiles escaladores insertan las ofrendas florales a medida que se las arrojan, creando una efigie gigantesca de la Virgen de los Desamparados.

La tradición de dicha ofrenda se remonta como decimos al 1941 cuando unas Clavariesas depositaron en la Basílica, ramos de flores a la Virgen, y a estas se unieron unas jóvenes vestidas de labradoras y cubiertas con mantillas.

En años sucesivos las comisiones falleras se van sumando cada vez más a esta ofrenda y es en 1949 cuando la organización decide celebrarla fuera de la basílica, ante la afluencia de gente que se congrega. En esa primera ocasión de la ofrenda en el exterior, es cuando en la fachada del templo, se construyen unos bastidores con listones de madera para que se puedan colocar los ramos de flores.

La ofrenda se convierte en algo masivo y las comisiones falleras comienzan a competir entre ellas para hacer los mejores ramos, canastas y tapices que van haciéndose cada vez más grandes. Se incorporan las bandas de música, la Ofrenda infantil y poco a poco la celebración crece hasta el punto de que los desfiles acaban al filo de la medianoche.

En 1964 se decide que para la Ofrenda solo se podrá desfilar con trajes regionales y en 1965, se acuerdan nuevos itinerarios si bien el desfile llega a reunir a 20.000 personas . De este modo se decide dividir el desfile y ofrenda en dos días, dejando la tarde del 17 para los desfiles infantiles y la del 18 para los mayores.

En 1970 se produce una congregación masiva (debido a la incorporación de famoso, público y autoridades) llegando a desfilar más de 25.000 niños en la Ofrenda infantil y más de 30.000 en la de adultos. Por ello la junta que organiza la ofrenda, decide realizar dos itinerarios distintos: uno que partirá desde la Glorieta, y el otro desde la Avenida del Oeste para después unirse los dos en la Plaza Zaragoza junto a la Catedral. El 1971 el desfile llega de nuevo  hasta la Plaza de la Virgen como siempre.

Desde 1987, la Junta Central Fallera encarga a José Azpeitia la confección de un busto de la Virgen y el Niño Jesús sobre un bastidor de 15 metros de altura en el que se van depositando los ramos de flores para conformar un espectacular tapiz, mientras que el resto de las flores se siguen depositando en los bastidores de la pared de la Basílica. Pedro Llorca Lardies es asignado para realizar sobre el bastidor, un dibujo que será distinto cada año y que realiza  en cuerda de pita para que se puedan ir incorporando los ramos de flores a través del trazado del dibujo.

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