Tres trenes con 1.200 pasajeros pasaron por la vía ya dañada antes del Iryo que descarriló en Adamuz
Se trataba de dos trenes Iryo y un tren de Renfe, que pasó minutos antes que el siniestrado
El paso del último tren de Renfe a las 19:09 mostró un "pico" de anomalías
Tres trenes con capacidad para más de 1.200 pasajeros pasaron por la vía ya dañada minutos antes del Iryo que descarriló este domingo en Adamuz (Córdoba) y que acabó chocando con un Alvia provocando la muerte de 45 personas. Así consta en la nota publicada este viernes por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF). Esos tres convoyes sufrieron muescas en sus ruedas, evidenciando los defectos de la vía que acabarían provocando una catástrofe apenas media hora después.
La CIAF publicó este viernes una actualización de la nota sobre la investigación del accidente de Adamuz. En él, aseguró que el origen del incidente fue la «fractura del carril» previa al «paso del tren Iryo siniestrado».
La comisión que revisa la tragedia de Adamuz señaló que las «ruedas del lado derecho» del Iryo habrían sido dañadas por la rotura del carril en el tramo de Adamuz donde se produjo la tragedia. Los primeros vagones del tren Iryo, que pasaron antes del que descarriló, muestran «muescas en la banda de rodadura».
Además, la comisión revisó varios trenes que pasaron antes de los trenes siniestrados. Y también han detectado muescas que evidenciarían que el carril estaba en mal estado antes de que se produjera el accidente: «Se han detectado muescas con un patrón geométrico compatible presentes en las bandas de rodadura de algunas ruedas derechas de tres composiciones diferentes que habían circulado por la zona con anterioridad al accidente».
Tres trenes de diferentes compañías
Se trata de tres convoyes, un tren 130 Renfe Viajeros con capacidad para 299 personas y dos trenes 109-003 de Iryo, con 461 plazas cada uno. En total, la CIAF tiene constancia de que los problemas de la vía impactaron sobre esos tres vehículos.
En ese mismo sentido, Transportes dio a conocer este viernes que Talgo, gestor de los datos de paso del AVE, localizó varias anomalías en las vías cuando el tren 130 de Renfe Viajeros pasó por Adamuz media hora antes del Iryo accidentado.
«El último paso de nuestros trenes por ese punto generó esta información y se produjo a las 19:09, aproximadamente, en el caso de Adamuz», anunció Puente. «El pico de la gráfica» que mide las anomalías en la vía «es el mayor de todos» en el momento en el que discurrió por Adamuz el «último tren que pasó por el tramo del accidente antes de que este se produjera». Así lo anunció este viernes el ministro de Transportes en una rueda de prensa.
Pese a que había picos en esa gráfica que reflejaban incidencias, ninguno llegó a los niveles de gravedad como para activar los frenos de forma automática. Aun así, Puente reconoce que había «algo en la infraestructura», matiza, eso sí, que no sabe dónde, pero que había «algo que estaba evolucionando en el sentido de producir una mayor aceleración lateral del material rodante que pasaba por ese punto» . Es decir, que se estaba produciendo una pequeña anomalía en el tramo de Adamuz, menor de lo exigido para activar las alertas y frenar los trenes.
«Algo» estaba ocurriendo
De ese modo, la vía ya estaba sufriendo, en un punto determinado, una variación anómala que indicaba que «algo» estaba ocurriendo. Sin embargo, como la gravedad estaba por debajo del umbral mínimo para tomar medidas inmediatas, como el frenado de los trenes, no se tomó ninguna decisión al respecto.
Puente señaló que los Iryo sufrieron mayor impacto por esa vía rota porque «es un tren especialmente pesado». «Por tanto, si lo que había en la vía era una pequeña deficiencia que todavía no había dado la cara y que era la que producía esa muesca en los bogies, se notaba más en vehículos más pesados», argumentó en la rueda de prensa en la sede de la cartera de Transportes.
Sin embargo, como demuestra el documento de la CIAF, las muescas no sólo afectaron a los trenes de la empresa italiana, sino que también lo hicieron al último tren de Renfe que pasó por esa vía. Unos convoys que podían transportar hasta 1.200 personas y corrieron el riesgo de transitar por una vía que ya demostraba anomalías y que, pocos minutos después, provocó el accidente más grave de la Alta Velocidad española.