El retorno del Rey

Todos los gestos simbólicos que ha dejado el regreso del Rey Juan Carlos a España

El retorno del viejo Rey tras 655 días de destierro pactado ha tenido una puesta en escena cuidada al detalle

Don Juan Carlos ha bajado la escalerilla despacio, agarrándose al pasamanos, pero sin ayuda de muletas

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El retorno del viejo Rey tras 655 días de destierro pactado ha tenido una puesta en escena cuidada al detalle. Don Juan Carlos volvía a pisar suelo español pasados unos minutos de las siete de la tarde y todo lo que ha sucedido desde que ha aterrizado el jet privado que le trasladaba desde Abu Dabi hasta su salida del aeropuerto, ha sido una sucesión de gestos cargados de simbolismo.

El Gulstream G-450 tomó tierra y avanzó hasta detenerse junto a la comitiva que esperaba al Rey emérito. Un tiro de cámara limpio, con los coches oficiales sin interferir en la visión, como suele ser habitual. Sorpresa que ha sido bienvenida por los medios de comunicación porque así han podido así captar un plano frontal de cómo iba a producirse el momento de Don Juan Carlos pisando de nuevo el suelo de la nación de la que fue soberano durante 39 años.

Después de abrirse la puerta de la aeronave y de que tres miembros del séquito bajaran rápidamente con parte del equipaje, no sin antes un breve lapso de tiempo de espera para crear aún más expectación, el camino ha quedado despejado para que el Rey emérito se mostrara por primera vez ante los españoles. A los 84 años y con 17 operaciones quirúrgicas a sus espaldas, Don Juan Carlos ha bajado la escalerilla por su propio pie. Despacio, agarrándose con firmeza al pasamanos, pero sin ayuda alguna de muletas o de un tercero, como se le ha visto en otras ocasiones recientes. Objetivo cumplido. No regresaba un anciano inválido, sino alguien al que se podía gritar «¡Larga vida al rey!».

La segunda imagen simbólica la ha protagonizado la infanta Elena, que le esperaba a pie de pista y era el único miembro de su familia que se ha desplazado al aeropuerto de Vigo para recibirle. Padre e hija se han fundido en un fuerte y prolongado abrazo, al que ha seguido una pronunciada reverencia de la infanta al monarca, simbolizando así que allí estaba no sólo el padre, sino también el hombre que llevó la Corona del Reino de España durante cuatro décadas.

Todo se desarrollaba de cara a las cámaras, sin que ni siquiera los escoltas interfirieran en el plano. Tras montarse en el vehículo que le iba a trasladar hasta Sangenjo, aún quedaba un último gesto. En la salida del aeropuerto, solicitó detener el coche un instante para, con la ventanilla bajada, asomar su rostro y saludar brevemente a los periodistas que estaban allí cubriendo un momento histórico: el del retorno de un rey a la que siempre fue su tierra. Donde le gustaría agotar su vida y reposar después para la eternidad.

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