Juan Lobato: «Dimití porque quería una alternativa constructiva a Ayuso y Ferraz fue a la confrontación»
"Una de las medidas futuras del PSOE debería ser dar acceso total a los ciudadanos a las cuentas del partido"
"Lo que más me preocupa en España y en el PSOE hoy es la corrupción"
Hoy el protagonista de EL FOCO es el senador socialista, técnico de Hacienda y es líder de los socialistas madrileños, Juan Lobato. Hay una frase que ordena toda la conversación con él, aunque no se pronuncie al principio: «Lo que más me preocupa hoy en España y en el PSOE es la corrupción». No es una frase de apertura calculada ni un titular buscado. Aparece cuando la pregunta le lleva ahí, a lo incómodo: el poder, su desgaste y sus trampas.
La entrevista no tuvo preguntas pactadas ni condiciones previas. Respondió a todo. Hoy, en política, ese simple dato ya es información. Lobato insiste en una idea que atraviesa todo su discurso: La política española se ha acostumbrado tanto al enfrentamiento que ya confunde la confrontación con el pensamiento y la consigna con el criterio. Él, frente a la polarización rentable, defiende el desgaste silencioso de gobernar. «Hay que unir y construir. Enfrentar es fácil». Ahí se encuadra su dimisión en Madrid: «Planteé una alternativa constructiva a Ayuso y en Ferraz se apostó por una confrontación personal. Yo eso no lo compartía». No cuestiona la ideología, sino la estrategia. Y en política, esa discrepancia suele ser la más incómoda.
Explica que «el PSOE no está en una fase de renovación ni de transformación. Está en acción de Gobierno». La afirmación podría sonar autocomplaciente si no viniera acompañada de una exigencia concreta y poco habitual: «Una de las medidas futuras del PSOE debería ser dar acceso total a los ciudadanos a las cuentas del partido». Lo hizo durante su etapa como alcalde de Soto del Real. No como eslogan, sino como práctica. No detalla cómo ni cuándo podría implementarse a escala nacional. Tampoco entra en las resistencias internas que una propuesta así genera. Y precisamente por eso la frase pesa más de lo que aparenta.
Lobato habla también de inmigración, de economía productiva, de fiscalidad y de desequilibrios. Sostiene que un líder no es quien agita, sino quien ordena: «Un líder debe generar convivencia».
Reivindica una socialdemocracia menos gestual y más eficaz. Más ambiciosa en los objetivos, más moderada en las formas. Y se permite algo cada vez menos frecuente en política: admitir contradicciones, reconocer errores y asumir que la política no es un compartimento estanco. «Trabajaré en la empresa privada, también en el extranjero», admite. Pero no ahora. Ahora, dice, es el momento del país.
La conversación completa merece tiempo. No para encontrar consignas, sino para escuchar cómo piensa un político cuando no habla para el aplauso.
Le divertía discutir con Ayuso en la Asamblea, pero su verdadera pasión está fuera del foco político: su familia —su mujer, sus hijos—. Tiene amigos de Vox y de Podemos. Reconoce errores, contradicciones y una en particular que le persigue. Habla también de quién le inspira. Algunos, incluso, desde posiciones ideológicas muy distintas a la suya.