Volver al pueblo para montar un negocio

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Trabajadores de Orballo (Foto: Orballo)

La España rural muere poco a poco: pierde de media cinco habitantes cada hora

Para impulsar el desarrollo económico y competitivo de Galicia, la corporación Hijos de Rivera puso en marcha el Mercado de la Cosecha en 2012, un proyecto que apoya a los emprendedores rurales

La España rural muere poco a poco: pierde de media cinco habitantes cada hora. La radiografía es alarmante: casi 5.000 municipios están en peligro de extinción, según la Red Española de Desarrollo Rural (REDR). Sin embargo, estos territorios ofrecen más oportunidades laborales de las que puedan imaginar. Volver al pueblo para montar un negocio se ha convertido en una forma de “trabajar para vivir” para los jóvenes: los ‘neorrurales’ apuestan por el medio rural como forma de vida y crean riqueza en el campo mientras recuperan las tradiciones de sus ancestros.

Galicia es una de las comunidades autónomas que cuenta con mayor porcentaje de población rural: un 26% del total vive en estos municipios. Sin embargo, la región ha registrado un fuerte descenso en los últimos 17 años: ha caído un 17,6%, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Para impulsar el desarrollo económico y competitivo de Galicia, la corporación Hijos de Rivera puso en marcha el Mercado de la Cosecha en 2012, un proyecto que apoya a los emprendedores rurales y les brinda una plataforma para darse a conocer. La compañía, en el marco de su compromiso social, quiere impulsar el desarrollo socioeconómico del medio rural gallego con esta iniciativa.

Desde elaborar cosmética gallega realizada con productos ecológicos, producir plantas aromáticas, resucitar el ajedrez vikingo y las mariñeiras, comercializar yogures artesanos o hacer chorizos de calabaza. En total, son treinta iniciativas que giran en torno a la agricultura, la artesanía, la gastronomía y la ganadería y comparten una misma filosofía: ser sostenibles, respetar el medio ambiente y generar riqueza en el medio.

Ecosistema Orballo

En 2012 Gerardo decidió abandonar Madrid y volver a Galicia para ‘refrescar’ el medio rural. Comenzó cultivando seis variedades de plantas aromáticas y cuatro años después, decidió ampliar el catálogo y ofrecer alimentos elaborados con ingredientes que ayudan a mejorar la salud de las personas y del medio ambiente: desde ‘ecoarroces’ hasta infusiones.

“Galicia siempre ha sido potencia en producción de aromáticas. Nuestro clima es perfecto para su cultivo. Las personas de Orballo recogemos esa tradición y aprendemos de ella. En Orballo seguimos haciendo lo de siempre, pero de una forma diferente. Podríamos compararlo con un sendero en el bosque. La tradición es un camino, una forma de llegar a tu destino. Si otras personas no hubiesen creado ese sendero caminando antes que tú, tendrías que ponerte a caminar entre matorrales. En Orballo innovamos saliendo del camino de vez en cuando para hacer otras rutas”, cuenta Gerardo a OKDIARIO.

En Orballo deslocalizan los puestos de trabajo para retener el talento y construir una empresa que va más allá de un negocio de infusiones. “Creemos que con inquietud (innovación) y esfuerzo (pasión) se puede mejorar y avanzar como sociedad. Para nosotros cultivar en ecológico es una forma de entender el mundo. En Orballo decimos que somos responsables del mundo que queremos tener“.

‘Navegando’ en las mariñeiras

En el siglo XV, las mariñeiras salvaron la vida a más de un marinero en sus largas travesías por aguas peninsulares. Hace más de diez años, tres hermanos decidieron recuperar esta tradición panadera e incorporar ingredientes modernos: dieron a luz al proyecto DaVeiga.

Xosé Lois, Carlos y Oscar Lamazares recuperaron las ‘galletas de los barcos’ y aprovechar las tendencias actuales de sabores como las semillas de chía, mantequilla, el aceite de oliva… Los tres hermanos, que trabajaban por cuenta ajena en Galicia, querían poner en marcha un proyecto “que nos permitiera desarrollar nuestra actividad laboral en el rural, nuestro lugar de origen, estar al frente de un proyecto empresarial propio, auto-gestionado, y con un fuerte compromiso social”, cuenta Xosé Lois.

El próximo año, las galletas que navegaron el Océano Atlántico, cruzarán el charco y viajarán hasta Estados Unidos.

Las vacas reinas de Cortes de Muar

Hace 30 años, los padres de Germán y Rita crearon una quesería en su granja de Vigo, donde se mudaron en los años 70. En 2013 decidieron jubilarse y dejaron en sus hijos la decisión de continuar con el negocio familiar. “Nos autoretamos en darle al queso lo que el queso nos había dado a nosotros. Lo primero que hicimos fue pensar que el queso tiene que ser bonito y tenemos que homenajear a las protagonistas: las vacas. Y, nos inventamos la historia de Cortes de Muar”, cuenta Germán.

Cada queso tiene su nombre propio. “Elaboramos queso con esas vacas reinas. Al final del día, se recogen en su Corte (casa real donde viven los reyes, pero en gallego significa también la cuadra, donde viven los animales) y Muar significa mugir en gallego, siguiendo la historia de las reinas que se recogen por la noche en su Corte, a Muar (para nosotros el idioma de las vacas, que hablan todo con M) acerca de las bondades del queso. De ahí, que cada queso tenga un nombre de vaca típico y que empieza por M: Marela, Mimosa, Morena….”, explica.

Elaboran los quesos con base de leche cruda y sin complementos, un proyecto que “va a contracorriente, ya que vivimos en una zona con una mentalidad bastante “industrializadora”. Hemos sido capaces de cambiar un modelo de negocio que no era sostenible económicamente y de forma de vida“.

Ajedrez vikingo o parchís tradicional

Ana se dedicaba junto con su marido a la restauración de muebles y carpintería. Un buen día, hace ocho años, su hija le dio una idea para que abandonasen los esfuerzos físicos que implicaba su puesto de trabajo: recuperar los juegos tradicionales como el ajedrez vikingo o el parchís tradicional.

Buxaina da vida a treinta juegos hechos artesanalmente con madera en un taller que forma parte de su casa. A día de hoy, en un mundo con la tecnología tan presente, su fundadora asegura que acercan estos juegos a los colegios y los niños “no se acuerdan de ir a los ordenadores”.

Los yogures celtas de Kalekói

Susana y Álex abandonaron sus trabajos estables para embarcarse en un proyecto común: poner en valor la leche de su ganadería familiar tal y como hacían sus abuelos elaborando un yogur artesano. Crearon en 2015 Kalekói porque el sector ganadero “leva muchos años en una situación un tanto delicada y nosotros creemos que hay futuro en el rural”.

Cada día, recogen la leche fresca para producir el yogur. Su producto, explican, no compite con las industrias por el precio sino por la diferenciación.

Leche ordeñada para cosmética

Cinco mujeres emprendedoras y artesanas se reinventaron para seguit viviendo dignamente del medio rural: en 2016 crearon Muuhlloa, donde desarrollan productos de cosmética ecológicos. La elaboración de cada uno de ellos dura un año de media, ya que “no existe en el mercado ninguna empresa cosmética que utilice la leche recién ordeñada como lo hacemos nosotras, utilizan leche liofilizada o la proteína de la leche, de ahí la dificultad para poder estabilizar nuestras cremas”, indican.

Recuperaron las explotaciones familiares en decadencia y fueron “capaces de demostrar las posibilidades existentes dentro del mundo rural: nuestra filosofía es generar una sinergia con otras pequeñas empresas, creando una economía colaborativa que permita el aprovechamiento de recursos poco o mal utilizados hasta el momento“.

Chorizos de calabaza para veganos

Si les dijeran que el chorizo está hecho de calabaza, probablemente no se lo creerían. Tres mujeres decidieron revolucionar el mercado recuperando la tradición culinaria de sus antepasados y adaptándola a las exigencias del mercado actual: crearon el calabizo, un chorizo elaborado en madera de roble con base de calabaza.

“Estamos convencidas de que se afronta mucho mejor el futuro cuando te apoyas en tu pasado, de donde vienes, en tus tradiciones. Todos en algún momento tenemos nostalgia de nuestro pasado. Por eso decidimos apoyarnos en lo que creemos que siempre se ha hecho muy bien en nuestra tierra: los chorizos. Pero era necesario “remasterizar” ese producto y actualizarlo. Así que decidimos adaptarlo a una forma de alimentación actual”, cuentan las fundadoras.

Todos ellos son el rostro de los neorrurales, los valientes que deciden abandonar la ciudad para volver a los aromas del pueblo, las callejuelas y los auténticos sabores.

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