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El euro cae a mínimos de más de cinco años por la huida hacia el dólar y la inacción del BCE

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La banca tiene abierta una guerra por hacerse con el pasivo de los ahorradores.

El euro ronda los 1,055 dólares, mínimos desde hace más de cinco años, por la huida de los inversores hacia el dólar -considerado tradicionalmente un activo refugio- así como por el retraso del BCE respecto a la Fed en la normalización de la política monetaria. El cambio de tono en los mensajes lanzados por los miembros de la institución europea no ha servido para sostener a la divisa comunitaria.

La propia presidenta del organismo, Christine Lagarde, ha dejado entrever una posible subida de tipos en julio, como ya lo hicieron antes varios miembros de la institución la semana pasada. A las diferentes declaraciones abogando por un alza de las tasas tan pronto como en el séptimo mes del año se ha sumado Martins Kazaks, gobernador del Banco de Letonia, quien también calificó como «bastante razonables» las expectativas de dos o tres incrementos este año.

“Es probable que el BCE tenga que dar prioridad a la lucha contra la inflación subiendo los tipos de interés en la reunión de julio si persiste el aumento de los precios del gas en Europa, pero los mercados son conscientes de que esto se hará naturalmente a expensas del crecimiento, que en la eurozona ya se encuentra en una situación precaria”, apuntan los especialistas en divisa de Monex Europe.

Ni siquiera la aceleración en la reducción de compras de deuda por parte del BCE ha servido para impulsar al euro, ya que el organismo “es relativamente menos agresivo, y se espera que la política monetaria se endurezca a un ritmo inferior al de la Fed”, explican los analistas de la plataforma de pagos Ebury. Previsiblemente, la próxima semana el banco central estadounidense elevará en medio punto, el doble que la adoptada en marzo, que fue de un cuarto de punto y supuso la primera vez que incrementaba los tipos de interés desde 2018.

Aversión al riesgo

Hasta ahora, el euro se ha depreciado un 4,5% en abril y pone rumbo a su mayor caída mensual en más de siete años, también golpeado por la aversión al riesgo de los inversores, que buscan el dólar refugio de las caídas de las Bolsas por la incertidumbre en torno a la guerra de Ucrania y las cuarentenas en China, a lo que se suma en las últimas jornadas la preocupación en torno al suministro energético ruso tras el corte de gas a Polonia y Bulgaria.

El euro no es el único que se está debilitando frente a la aplastante cotización del dólar y a pesar de las caídas ha resistido mejor que el yen japonés y la libra esterlina. En cualquier caso, “esta semana hemos visto la rotura brusca de los mínimos del año 2020, cuando la volatilidad se adueñó del par con el coronavirus. Por tanto, de continuar con esta tendencia, es probable que veamos un acercamiento al nivel de los 1,05 dólares”, advierte Diego Morín, analista del bróker IG.

Un euro más débil encarece los productos importados, lo que aumenta las presiones inflacionistas en la zona euro” y dificulta aún más la labor del BCE a la hora de gestionar la presión de los precios y el crecimiento”, apunta Ben Laidler, estratega de mercados de eToro, mientras que una divisa más débil “ayuda a que las economías y las empresas del continente sean más competitivas y a compensar algunas de las crecientes presiones económicas”.

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