Casa de la Moneda

El BOE se la juega a la Casa de la Moneda: tiene que dejar de vender éste ejemplar

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Blanca Espada

El comienzo de 2026 ha sorprendido incluso a quienes siguen de cerca el mercado de los metales preciosos. La plata, que llevaba años moviéndose dentro de márgenes relativamente tranquilos, ha pegado un salto tan brusco que ha descolocado a varios sectores. Uno de los más afectados es la Casa de la Moneda, que depende de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT) y que se ha visto obligada a parar en seco la venta de algunas de sus monedas. El motivo no tiene misterio: con los precios actuales del metal, venderlas supone perder dinero.

La escalada comenzó como un repunte llamativo, pero en cuestión de días el mercado rompió todos los registros. El oro superó los 5.200 dólares y la plata siguió un recorrido aún más vertical, alcanzando los 114 dólares por onza. Con esas cifras, el valor del metal supera de largo los precios oficiales a los que la FNMT tenía fijadas sus piezas de colección. Mantener la venta con esos importes, simplemente, no era viable. Ahora la institución depende de un paso que no está en su mano: que el BOE publique una actualización de precios. Esa revisión tiene que salir del Ministerio de Hacienda a partir de la propuesta del Tesoro. Hasta que eso ocurra, la Casa de la Moneda ha decidido congelar tanto la venta directa como la distribución a sus puntos habituales para evitar un escenario de pérdidas aseguradas.

La Casa de la Moneda: tiene que dejar de vender éste ejemplar

La FNMT decidió frenar la venta cuando la plata rondaba los 80 dólares por onza. En aquel momento la situación ya era preocupante, pero la escalada continuó y en SÓLO unos días la cotización se disparó por encima de los 110 dólares. Esto dejaba a las monedas conmemorativas en un escenario absurdo: su valor en plata superaba el precio al que se estaban vendiendo.

Expertos del sector ya habían advertido de que, con un precio tan elevado, fabricar monedas de plata se convertía en un negocio insostenible. Para ilustrarlo, basta con un cálculo sencillo: si la plata se mueve en torno a los 80 euros por onza (hoy ya supera los 100 en algunas sesiones), una moneda tamaño 8 reales tiene un valor intrínseco superior a los 64 euros. A esa cifra se suman los 10 euros del facial, el coste del cospel, la fabricación, los seguros y la logística. El resultado, según estimaciones de especialistas como los de blognumismatico.com, sitúa el coste real por pieza en torno a los 78 euros.

Si se aplica un margen razonable para cubrir la volatilidad del metal, que podría subir otro 20% en los próximos meses, y se añade el IVA del 21%, es fácil que el precio oficial de una moneda de 10 euros ronde o incluso supere los 100 euros. Eso explica por qué la FNMT no puede seguir vendiendo al precio anterior: cada moneda sería una pérdida asegurada.

Una situación que recuerda a 2011

Esta no es la primera vez que la plata obliga a las instituciones a reaccionar con urgencia. En 2011 ocurrió algo similar: las monedas de 12 euros, muy populares entonces, llegaron a tener un valor en plata superior al facial. El resultado fue un fenómeno de arbitraje inesperado. Los ciudadanos compraban monedas al Banco de España por su valor nominal y las vendían en joyerías y distribuidores especializados por un precio mayor, simplemente por el contenido en plata.

La escena dio lugar a una especie de ruta diaria entre la sede del Banco de España en Barcelona y tiendas especializadas, que llegó a movilizar miles de monedas cada día. Aquello terminó cuando el Banco de España elevó el facial de las emisiones siguientes a 30 euros para evitar que el metal volviera a superar al precio de venta.

La comparación con el momento actual no es casual: la plata ha vuelto a escalar con la misma fuerza de entonces, y las casas de moneda de varios países, incluida la US Mint, se han visto obligadas a suspender la venta de piezas para evitar pérdidas o, peor aún, que acaben fundidas de inmediato.

Qué ocurrirá ahora con las monedas de la FNMT

La FNMT no ha paralizado la actividad para fundir sus propias monedas, sino para evitar vender piezas cuyo precio oficial ha quedado completamente desactualizado. La institución ya ha solicitado al Tesoro una revisión de precios y será Hacienda quien publique, a través del BOE, la nueva tabla oficial que permitirá volver a comercializarlas.

En el caso de las monedas de 40 euros, la situación es distinta. Las que ya estaban distribuidas en sucursales del Banco de España probablemente se hayan retirado o agotado, pero el valor intrínseco actual todavía no supera lo suficiente al facial como para convertirse en un negocio inmediato. Todo depende de si la plata continúa subiendo: con un 10% adicional bastaría para que también fueran rentables para fundición.

Hay otro punto claro: la Casa de la Moneda no fabricará más monedas con facial de 40 euros en estas condiciones. La próxima emisión tendrá un valor distinto, adaptado a la nueva realidad del mercado. Si la plata sigue al alza, un facial de 50 euros podría quedarse corto; es posible que las próximas piezas se muevan en torno a los 60 euros o incluso más.

Un impacto directo en los coleccionistas

La subida de la plata plantea otro desafío ya que el precio final de las monedas podría alejar a muchos coleccionistas españoles. Si ya había quejas cuando costaban 65 euros, piezas que superen ampliamente los 100 euros quedarán fuera del alcance de buena parte del público.

La FNMT lo sabe y deberá replantear su estrategia. Una opción sería lanzar series en módulos más pequeños, como los 4 reales, o incluso explorar emisiones en metales no nobles para mantener el interés del aficionado medio. El equilibrio será delicado en un contexto en el que, mientras la plata sube sin freno, los salarios apenas se mueven.

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