Jesús Manuel Martín, cabrero extremeño (47 años): «Los animalistas vienen a los pueblos y a los que somos de aquí nos quieren decir hasta cómo tenemos que llevar el caballo y el burro»

Jesús Manuel Martín Crespo, conocido en internet como «El Autóctono», es cabrero en la Sierra de Gata desde hace más de 20 años. Vive en Torre de Don Miguel (Cáceres) y sus vídeos sobre el día a día con el ganado le han convertido en un referente para miles de personas que siguen atentamente desde la ciudad lo que ocurre en el campo extremeño.
En una entrevista radiofónica, el ganadero repasó sin rodeos los problemas que arrastra el sector primario: precios que no cubren los costes, papeleo, normas que llegan desde los despachos y falta de relevo generacional. La primera pregunta del locutor, sin embargo, no fue sobre economía, sino sobre un personaje concreto de sus vídeos, al que alude a menudo con ironía.
Jesús Manuel Martín y «la tía Pescueza»: su crítica a los animalistas de ciudad
Quien no conoce a este «comunicador» campestre no conoce al personaje que jocosamente ha creado y que ha acuñado como «la tía Pescueza». Por eso, vamos directo a introducirla: ese es el apodo con el que Jesús Manuel Martín se refiere a «las malas animalistas que se nos están viniendo a los pueblos».
Según explicó, son personas que se instalan en el medio rural y, al poco tiempo, pretenden corregir a quienes han vivido siempre allí: «A los que somos de aquí ya nos quieren decir hasta cómo tenemos que llevar el caballo y el burro, prácticamente».
En este sentido, el cabrero aclaró que no se trata de una sola persona: «Hay varias, pero suele ser ese perfil».
Incluso, su queja va más allá de los vecinos recién llegados. A su juicio, quienes legislan sobre el campo tampoco lo conocen, y lo resume con una comparación propia: «Eso es como si me mandas a mí a mirar por un avión, si yo no tengo ni idea».
Como ejemplo cita la prohibición de quemar restos vegetales. En la sierra, explica, la poda del olivo se ha quemado siempre porque no todos tienen máquinas para triturarla ni pueden meterlas en terrenos tan abruptos.
Por eso cree que el problema irá a más: «Cada generación son más urbanitas los que nos gestionan a nosotros», lamentó durante la entrevista.
Precios bajos y burocracia: las quejas de este cabrero de la Sierra de Gata
El otro gran frente que toca es el económico. Según Jesús Manuel, en el campo todo lo que se compra sube, pero lo que se vende no: «El hecho de que compres un tractor vale dinero; todo el abono vale dinero. Nuestros productos nunca han valido».
Y las subvenciones, añade, no compensan esa diferencia, y tampoco la responsabilidad de trabajar con animales las 24 horas del día, todos los días del año.
A esto se suma el papeleo. El ganadero describe una burocracia que obliga a contratar gestores, pagar seguros para casi todo y duplicar registros: «Nos dicen que vale el libro digital, pero también te piden el de papel».
Siguiendo esta línea, lo resume con una de sus frases más repetidas: «El papel sí lo puedes llevar al campo, pero no el campo al papel».
A su vez, en otra entrevista con Libre Mercado, el cabrero contó que, al estar en régimen ecológico y de alta montaña, debe anotar a diario por dónde pastan sus animales, cuándo nacen los cabritos y cuánto pesan. «Parecemos secretarios y yo no he ido al colegio», resumió entonces. También denunció que le habían retirado unas 40 hectáreas de la subvención de la PAC.
Por otro lado, su diagnóstico sobre el futuro es pesimista. Recuerda que buena parte del olivar tradicional de la Sierra de Gata está abandonado y que en muchas vegas ya no se siembra (o se cubren de placas solares y almendros).
En su opinión, si el sector no se recupera, España perderá su capacidad de producir alimentos y en las ciudades se pagará «lo que nunca se les ha imaginado» por una patata.
Un poco de la vida de Jesús Manuel Martín, «El Autóctono»
Detrás del personaje que protagoniza este artículo hay una explotación familiar con unas 350 cabras de raza verata, además de vacas de razas autóctonas como la berrenda y la avileña, criadas en extensivo.
Su canal se centra en esa ganadería tradicional, en la gastronomía de la zona y en la vida diaria del pueblo, y acumula unos 252.000 suscriptores en YouTube y 655.000 seguidores en Facebook.
Pese a esa popularidad, rechaza que lo llamen influencer. «Yo soy ganadero», respondió cuando el locutor de la emisora almeriense Agroradio le planteó la etiqueta.
Inclusive, en una entrevista con Canal Extremadura fue todavía más claro: si algún día tiene que elegir entre la ganadería y las redes, se quedará siempre con lo primero. Los vídeos, en su caso, son una forma de contar lo que hace, no un sustituto del trabajo con el rebaño.
Por último y como dato de color, una de las salidas que ha encontrado es cobrar por limpiar cortafuegos con el ganado, una fuente de ingresos por la que, según cuenta, los cabreros de la zona tuvieron que pelear durante años.
De aquel grupo apenas quedan cuatro en activo. Sus hijas están estudiando, pero su hijo ya le ha dicho que quiere quedarse con las cabras en la sierra.