El inquietante y siniestro carnaval del siglo XIV que sobrevive en un remoto pueblo de Guadalajara
Una cosa fantástica del carnaval en España es la comida y la fiesta, pero también tiene celebraciones que para la gente de fuera resultan un tanto extrañas. Quizás la que parece más siniestra ocurre en Guadalajara.
Quien pone rumbo al Señorío de Molina y se deja caer por Luzón, una pequeña localidad alcarreña, descubre un lugar donde el carnaval se transforma en algo oscuro, primitivo y profundamente especial.
Cada sábado de carnaval, el pueblo deja de ser un tranquilo enclave rural para convertirse en el escenario de uno de los rituales más sobrecogedores que se conservan en España: el Carnaval de los Diablos de Luzón.
El carnaval más siniestro de Castilla-La Mancha nació en la Edad Media
El origen exacto de esta fiesta sigue envuelto en misterio. Los primeros testimonios escritos la sitúan en plena Edad Media, aunque algunos estudiosos apuntan a tradiciones paganas anteriores, vinculadas a ritos de fertilidad y purificación.
Lo cierto es que los Diablos de Luzón han conseguido atravesar épocas y prohibiciones. De hecho llama la atención que incluso durante la dictadura franquista se siguiera celebrando, aunque entonces era necesario solicitar permisos especiales.
El peor momento lo vivió durante los años 70 y estuvo al borde de la desaparición. Por suerte los propios vecinos decidieron retomar la fiesta. Eso hizo que viva una segunda juventud desde los años 90.
Desde entonces, el carnaval no ha dejado de crecer en notoriedad, hasta convertirse en uno de los más singulares de Castilla-La Mancha. Cada año el pueblo se llena de visitantes.
Qué es el carnaval de los diablos de Luzón que celebran en Guadalajara
Todo comienza a primera hora de la tarde. Los participantes se transforman en diablos siguiendo un ritual que empezó en la Edad Media. Visten completamente de negro y se cubren el rostro y los brazos con una mezcla de aceite y hollín.
Todo para convertirse en auténticos diablos de oscuridad. Además, en la boca colocan una dentadura tallada en patata cruda, que acentúa su expresión grotesca y terrorífica.
Pero para ser verdaderos diablos hay un detalle que no puede faltar: cuernos enormes y un cencerro en la cintura (conocidos como trabucos). A partir de ahí toca iniciar la marcha.
Al ritmo de las dulzainas, los diablos recorren las calles persiguiendo a vecinos y visitantes para mancharlos de negro. Nadie está a salv salvo las Mascaritas.
Estas figuras silenciosas, vestidas con indumentaria tradicional femenina y el rostro cubierto con un paño blanco, deambulan sin hablar y sin expresión. Los diablos tienen terminantemente prohibido tocarlas.
El patrimonio en carnavales de los pueblos de Castilla-La Mancha que no se puede perder
Al caer la noche, la fiesta culmina en la plaza del pueblo con una gran hoguera, un baile popular y el reparto de viandas. Y es que esta fiesta es una prueba más de la cultura de Castilla-La Mancha.
Castilla-La Mancha tiene pueblos increíbles y este tipo de carnavales es una afirmación de la identidad colectiva. Ya no corre riesgo de desaparecer y el siguiente paso es que más gente lo conozca.
Para ello, parte de la simbología del carnaval puede verse durante todo el año en el Museo de las Tradiciones de Luzón.