El impresionante manjar gallego que solo se hace durante el carnaval (y muchos dicen que son un vicio)
En España, cada festividad va asociada a una comida concreta, y los postres son uno de los elementos que más destacan. Están los famosos churros con chocolate, que gustan a todo el mundo, o los polvorones, que no faltan en ninguna mesa de Navidad. Sin embargo, cuando llega el carnaval, el protagonismo cambia y pasa a otro dulce.
Este postre no destaca por un exceso de azúcar ni por rellenos llamativos de Nutella o crema de pistacho, sino que el truco está en la textura y en el aroma del anís mezclado con azúcar glass, un bocado que muchos consideran imprescindible en carnaval.
Este es el manjar gallego que se prepara en carnaval y sólo aparece una vez al año
Las orejas de carnaval, también conocidas en Galicia como orellas de Entroido, nacen de una costumbre muy concreta. El carnaval marcaba el último momento para gastar los ingredientes «prohibidos» antes de la Cuaresma: huevos, mantecas y grasas que no podían quedarse olvidados en la despensa.
De ahí sale una masa hecha con harina, huevo y grasa, que se estira hasta casi transparentar. Cuanto más fina queda, mejor se infla al entrar en el aceite y más crujiente resulta después.
El nombre no es casualidad, sino que la forma recuerda, con bastante imaginación, a la oreja del cerdo, un guiño a la matanza y a la cocina de aprovechamiento que marcó durante siglos la gastronomía gallega.
Este dulce permitía hacer muchas raciones con pocos ingredientes, algo ideal cuando la casa se llenaba de visitas, disfraces y sobremesas largas. Cada familia lo hace con su toque especial: más anís, menos ralladura, manteca de vaca en lugar de mantequilla. No había una receta única, pero sí una idea clara de cómo debían quedar.
Esta es la receta del manjar gallego que se prepara en carnaval
Para preparar este dulce de carnaval no hacen falta técnicas raras ni ingredientes difíciles de encontrar. La receta se basa en harina, huevo, grasa y un toque de anís.
Ingredientes (para unas 30 unidades)
- 250 g de harina de trigo.
- 50 g de mantequilla.
- 1 huevo.
- 100 ml de agua tibia.
- 25 ml de licor de anís o aguardiente.
- Ralladura de medio limón.
- 1 pizca de sal.
- Azúcar glass para espolvorear.
- Aceite suave (girasol u oliva suave) para freír.
Procedimiento:
- Pon en un cuenco el huevo, el agua tibia, el anís, la mantequilla y la ralladura de limón. Mezcla bien hasta obtener una crema homogénea, sin grumos.
- Añade la harina poco a poco junto con la sal y trabaja la masa hasta que quede elástica, ligeramente grasa y fácil de manejar.
- Forma una bola, cúbrela y deja reposar la masa al menos una hora. Este reposo ayuda a que luego se estire sin romperse.
- Divide la masa en porciones pequeñas, del tamaño de una canica grande.
- Engrasa ligeramente la encimera y el rodillo con aceite, sin añadir harina, y estira cada porción todo lo posible hasta que quede muy fina, casi transparente.
- Calienta abundante aceite en una sartén o cazo, sin que llegue a humear.
- Fríe las orejas en pequeñas tandas. En cuanto se inflen y se doren, dales la vuelta si hace falta y sácalas del aceite.
- Déjalas escurrir sobre papel de cocina para retirar el exceso de grasa.
- Espolvorea azúcar glass cuando aún estén templadas y sírvelas tal cual.
Unas cuantas al día son una de esas alegrías pequeñas que sólo aparecen en carnaval y que, cuando se acaban, se echan de menos hasta el año siguiente.