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¿Sabías que el pelaje del oso polar no es realmente blanco?

Oso polar
El oso polar posee en realidad una apariencia similar al resto de los de su especie.
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A la pregunta: “¿De qué color son los osos polares?”, la mayoría de nosotros responderíamos con una afirmación que a simple vista parece obvia y contundente. Esta majestuosa criatura se diferencia del resto de miembros de su especie por un pelaje blanco y abundante, su principal seña de identidad. Sin embargo, ¿qué ocurriría si te dijera que nuestra percepción ha estado equivocada todo este tiempo? En realidad, cuando estamos en presencia de un oso polar, somos testigos a la vez de un efecto óptico de gran relevancia, consecuencia directa de unas pequeñas microburbujas que albergan en su melena. Aunque parezca increíble, este animal tiene el cabello transparente y hueco, que actúa como una fuente de calor gracias a las diminutas cámaras de aire que almacenan cada uno de sus pelos. Los mismos que provocan dicha tonalidad en su piel.

¿De qué color es realmente el oso polar?

Oso polar
La composición de su pelaje les ayuda a protegerse del frío.

Lo cierto es que tras este descubrimiento, el oso polar no dista mucho de sus parientes pardos, pues su piel es tan oscura y castaña como la del resto. Esta es, además, una gran aliada a la hora de combatir el frío extremo de la zona en la que habitan. El color negro y oculto de su piel retiene la radiación solar que procede del gran astro, aumentando así su temperatura corporal. Un proceso en el que también participan los depósitos de grasa que se acumulan sobre la dermis. Esta apariencia supone también una ventaja evolutiva. Pues les permite camuflarse en el entorno, protegiéndose así de amenazas externas que desestabilicen su tranquilidad.

Oso polar
El oso polar se encuentra, actualmente, en peligro de extinción.

Lamentablemente, y contra todos los esfuerzos, el Ursus Maritimus, apelativo científico del oso polar, se encuentra actualmente en peligro de extinción. De hecho, según datos oficiales, sólo permanecen con vida alrededor de unos 25.000 ejemplares en todo el mundo. Una cifra que va en continuo descenso desde 1982. La situación no es solo consecuencia de la caza furtiva efectuada por el ser humano. Esta especie se enfrenta cada día a los efectos devastadores del cambio climático. Como por ejemplo, la acumulación de contaminantes en el hielo o el calentamiento de su ecosistema. Un hábitat natural que se extiende desde Canadá, pasando por Estados Unidos, hasta llegar a Groenlandia, Rusia o Noruega.

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