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Eslava Galán: «Los políticos hacen leyes educativas demenciales, pero sus hijos van a colegios privados»

Juan Eslava Galán
Juan Eslava Galán. @Tere Armenteros

Licenciado en Filología Inglesa, doctor en Letras, historiador y uno de los divulgadores de Historia más conocidos de nuestro país. Juan Eslava Galán (Jaén, 1948) ha escrito junto a Antonio Piñero (Cádiz, 1941) –uno de los mayores expertos mundiales de la figura de Jesús de Nazaret– Viaje a Tierra Santa para analizar, no sin ironía, la veracidad de los textos bíblicos.

Se confiesa aganóstico, no ateo. No tiene miedo a la muerte porque es un trámite en la vida que tenemos que pasar, ni tampoco perder de vista los placeres terrenales porque «a mi edad mucho de ellos ya me han abandonado». 

Es honesto en sus palabras, explica aspectos complejos de la vida y la Historia con la sencillez y la seguridad que dan los conocimientos. Y hablando de jerarquías eclesíasticas, asegura que el Papa Francisco no es santo de su devoción: «¡Los ha habido mejores! El Espíritu Santo, que es el que escoge a los Papas, no siempre está acertado».

El tema es serio, pero estoy soltando carcajadas. ¿Usted cree que eso es normal?

(Reímos) Bueno, es que siempre le doy ese toque de humor a mis libros con el fin de aligerar la parte, digamos, más doctrinal.

¿Tiene citas literarias para cualquier situación mundana?

Casi, casi, y eso, no lo dudes, te lo dan los años. Pero, además, hay libros como la Biblia que lo contienen todo.

Habla del momento de la revelación, ese instante en el que somos conscientes de nuestra existencia, de nuestra muerte y de lo que nos espera tras ella. Dice que una vez que pasa eso, los humanos nos dividimos en dos: los ateos y los creyentes. ¿Usted es de los primeros o de los segundos?

Yo soy agnóstico. Los ateos son el reverso de la religión porque están seguros de que no hay Dios y yo seguro de eso no estoy. De lo que sí estoy seguro es de que si hay un Dios no será el que corresponda a ninguna de las religiones más o menos reveladas, que son invenciones humanas. Y también estoy seguro de que si hay un Dios seguramente tiene que ser, por fuerza, una buena persona que no va a castigar a nadie mandándonos al infierno ni nada de eso.

¿Queremos creer en algo superior aunque no lo entendamos?

Sí, efectivamente. El hombre tiene un problema básico con respecto a los demás animales y es que nosotros sí que sabemos que nos vamos a morir. Eso nos produce una angustia tremenda y, obviamente, ese es el origen de la invención de las religiones. Hay quienes quieren creer que después hay otra vida y hay personas, por tanto, que necesitan ese consuelo que brinda la religión.

¿Cree que las jerarquías religiosas han usado la religión para dar consuelo o más bien para convertirla en una herramienta de dominación?

Históricamente las jerarquías religiosas, los que han vivido –y viven– de la religión, siempre se han aliado con el poder y, por supuesto, la han usado como una forma de dominación. Eso cambia con los siglos, obviamente, cuando los pueblos comienzan a desarrollarse, ése es el punto en el que empiezan a liberarse y a contar con la herramienta de la cultura. Esto conlleva menos fanatismos y, por tanto, es algo negativo para las religiones organizadas porque comienzan a perder cuota de poder.

Hablaba de la muerte y de nuestra consciencia sobre la misma. ¿Teme su llegada?

Pues no, francamente. La muerte es un accidente por el que todos tenemos que pasar y, bueno, le temo a la muerte dolorosa, pero no al hecho en sí mismo. Sí que temo a la falta de memoria, a no saber quién soy, a esa vejez provecta que todos tenemos. Pero estamos obligados a dejar este mundo para dejar espacio a los que vienen.

Dicen que sobra gente.

(Ríe) No creo que sobre, pero tampoco creo que convenga recargar más el mundo con presencia humana.

En todo caso, nos vamos a morir. ¿Qué placer terrenal lamentará perderse?

Con 74 años, que es la edad que tengo, hay muchos placeres que ya me han abandonado. Alguno queda, claro, como por ejemplo la gastronomía y eso hasta que los médicos me quiten de comer esto o aquello. Pero lo que más me gusta, con lo que disfruto, es con la lectura y con el cine. También encuentro placer en la conversación y los encuentros con los amigos. Como ves, todos son placeres muy civilizados.

En un momento de este libro usted habla la de religión católica y de la forma en la que evolucionamos las personas pasando de ser feligreses a convertirnos ciudadanos. ¿Durante el franquismo cree que hubo una involución y fuimos más feligreses que ciudadanos?

El franquismo impuso aquel nacionalcatolicismo que venía al principio unido a esta etapa, aunque ha sido un periodo muy largo y ha tenido una evolución. También creo que ese primer franquismo fue el que padecimos los de mi generación, como decía Terenci Moix: “Demasiada misa para tan poco niño”. (Ríe) Diría que de ese exceso viene la reacción en contra que hemos tenido porque, de todos modos y en cualquier caso, la religión debe administrarse en libertad. Es decir, el que crea pues hace fenomenal en creer, pero evidentemente que no intente imponer sus creencias al otro. Y viceversa: si alguien no cree, pues no cree.

Nuestra educación, nos guste o no, es judeocristiana. ¿En qué nota usted los vestigios de la misma cuando observa a la sociedad presente?

Diría que en el juicio y la condena que hacemos del prójimo. Esto es algo que suele estar bastante presente en nuestra sociedad y eso es un tic judeocristiano que tenemos. Medimos los pecados ajenos y, de algún modo, limitamos la libertad de nuestros iguales. Y creo que es algo que deberíamos superar, trabajar en ser una sociedad con una conciencia más abierta.

No obstante, y dicho esto, en gran medida lo que Jesús predica en los Evangelios corresponde también bastante a la moral natural, así que diría que desde ese punto de vista no tendríamos que combatirlo, de hecho, lo veo sensato. Sin embargo, lo que no veo tan sensato es el uso que han hecho las diferentes iglesias, no sólo la católica, de la predicación de Jesús.

Habla de los discípulos y de la forma que tenemos de verlos hoy. Nos los imaginamos como personas muy humildes y, sin embargo, muchos de ellos tenían sus propios negocios e incluso empleados a su cargo. ¿Empresarios podríamos llamarlos?

Claro, es que esa imagen de que son pobres pescadores y analfabetos no es realmente así, piensa que un señor que tenía una barca en ese momento ya era adinerado. Lo que hemos intentado en este libro escrito a cuatro manos es rescatar lo que hay de historia al principio del cristianismo, añadiendo análisis arqueológicos. Es decir, hacer un estudio al margen de la fe, que –ojo– es muy respetable las personas que la tienen, pero nosotros hemos estudiado la Historia usando los Evangelios y analizado la revolución que supuso el surgimiento del cristianismo y su posición en el Imperio Romano.

Otro personaje histórico es la figura del Rey David, presentado como un señor casi revestido de oro que es pura ficción.

Sí, sí. Y se nos ha demostrado que es un reyezuelo de pastores que no tuvo importancia ninguna, pero que creció mucho en la Biblia por cuestiones más políticas que religiosas. La arqueología está modificando muchas ideas preconcebidas que tenemos de la Biblia. En realidad, todo fue un cirio que montó el Rey Josías para demostrar un pasado esplendoroso a Israel y para fijar también cómo tenía que ser la religión judía en adelante.

En este viaje, que además fue real, encontráis a Paca, una española que está allí apoyando la causa palestina. ¿Qué pretendíais mostrar con este personaje? ¿La dualidad tan discutida de Palestina e Israel?

Es que si el viajero va con los ojos abiertos, esa dualidad se percibe. El problema es que como observadores deberíamos escuchar a todas las partes, eso es una parte fundamental del funcionamiento de la vida. Muchas veces yo he notado que en España tendemos a escuchar sólo a una parte y suele ser la que creemos más desfavorecida.

Leyendo sus páginas, intuyo que el Papa Francisco no es de su agrado. ¿No es así?

Es jesuita y, además, argentino. Por tanto, tiene esa suavidad para exponer su postura que, además, como todo sabemos, tiene mucho de demagogia. Así que, qué quieres que te diga: ¡Hemos tenido Papas mejores! Eso sí, ya sabes que es el Espíritu Santo el que escoge a los Papas, aunque no siempre está acertado.

¿Qué Papa le ha gustado?

A mí, como a todo el mundo, Juan XXIII. Ese sí que era un buen Papa.

¿Hay visto El joven Papa de Paolo Sorrentino? Bueno, en fin, ya sabe que este Papa Pío XIII no ha existido.

Sí, sí, la he visto. Hay algunos intentos de hacer Papas en la ficción, esos Papas me parecen estupendos, pero no siempre son como los Papas verdaderos en los que sí podemos ver cómo tratan la palabra de Cristo. Un tratamiento que, por cierto, siempre deja bastante que desear.

Usted conoce a fondo la historia de las religiones, ¿qué opina cuando se usa la palabra sagrada para perpetrar crueldades como los atentados islamistas de los últimos años?

Todas las religiones a veces tienen aspectos negativos. El Islam, que debería ser simplemente la adoración de Dios, ha ido adquiriendo una serie de connotaciones que no tienen nada que ver con la caridad islámica. Ésta existe, evidentemente, pero desde luego ha sido cambiada. La realidad que estamos viendo ahora es diferente como muestra, por ejemplo, el crimen de estas chicas de Pakistán que no se querían casar con sus primos,  etc. Es que te diría que son cosas que no tienen nada que ver con el Islam, sino con costumbres bárbaras que existen en algunos pueblos islámicos y que ellos mismos deberían de ir desterrando.

Pero, ¿cómo se destierra algo que parece tan tan arraigado?

Durante el cristianismo del S.XVI tuvimos la gran suerte de que desligamos pecado de delito. Piensa que el pecado se castigaba, no sólo por la justicia divina, sino también por la civil. De ahí que haya habido costumbres bastante bárbaras como, por ejemplo, quemar brujas. De modo que al Islam le vendría bien una especie de puesta en escena como la que nosotros hicimos con la Ilustración. Es decir, llevar a cabo una Ilustración islámica que desligue el pecado del delito. Eso le vendría bien a la humanidad entera.

Si se sienta a tomar algo con Dios. ¿Qué le preguntaría?

Le preguntaría la razón por la que ha hecho el mundo tan defectuoso. Suponiendo que sea todopoderoso, como decimos siempre que es, le preguntaría por qué consiente que haya niños con enfermedades tan terribles. Esto no debería permitirlo un Dios piadoso; pero yo lo digo porque soy agnóstico, claro.

Un creyente le diría que es una decisión de Dios que tiene que aceptar.

Si, así es. Lo explican todo así.

En el colegio: ¿Religiones o religión?

En Inglaterra había una asignatura sobre el hecho religioso que se llamaba Divinity. Por tanto, creo que la religión es una parte fundamental de la educación y debe ser impartida, no para que los niños sean religiosos, sino para que tengas conocimientos generales. Si los padres quieren que sea religioso ya se encargarán de llevarlos a la doctrina, a la parroquia. La educación debe ser laica, debemos enseñar arte, historia, matermáticas, etc; pero también es conveniente enseñar en qué consisten las religiones principales y conocerlas por dentro. No adoctrinando, pero sí informando. Eso sería fundamental.

En este momento, ¿cómo ve los conocimientos de Historia entre la sociedad?

Una barbaridad me parece. Mira, desde el S. XIX cada plan de estudios que han hecho ha sido peor que el anterior. El último propuesto por el Gobierno, que suprime toda la Historia anterior a la Guerra de la Independencia (1812) me parece absolutamente una auténtica barbaridad. Los políticos que los aprueban, claro, ya se cuidan de llevar a sus niños a colegios privados donde merece la pena estudiar. Ese odio que se tiene a las Humanidades es una auténtica barbaridad.

Hay quien dice que de nada sirve saber quiénes fueron los Reyes Católicos o García Lorca.

Ya, bueno. Vale para mucho ser culto y tener cultura, entre otras cosas para valerte en el mundo moderno. En Alemania, una sociedad totalmente avanzada, se sigue estudiando latín y enseñando esas Humanidades que dicen que no sirven. Pero, insisto, los que aprueban estos planes de estudios tan demenciales bien se cuidan de que sus hijos no sean víctimas de sus propias leyes educativas. Los hijos de estos políticos van a sitios estupendos a estudiar para progresar en la vida.

¿Cómo se puede combatir la osadía que da la ignorancia?

A base de enseñanza, filosofía y enseñar a los alumnos a pensar, eso también es importante.

Y de buenos profesores, ¿no?

Los profesores son mucho mejor que los planes de estudio que se aprueban. Ellos son las primeras víctimas porque los planes académicos los hacen pedagogos que no han cogido una tiza en su vida.

@MaríaVillardón

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