Crianza

Suena raro pero una experta en crianza positiva lo avala: «Enseña desde temprano para que luego sea más fácil»

experta crianza positiva
Blanca Espada

La crianza positiva es un tipo de crianza que parece marcar la tendencia de los padres actuales. Tiene buenos argumentos que se basan principalmente en las emociones y en el refuerzo y validación de estas desde una temprana edad, pero lo cierto es que muchos expertos consideran también la importancia de no sólo aplicar lo positivo, sino tratar lo negativo o lo frustrante mediante el prisma de este tipo de crianza. Y una de esas voces es la de Lee Lima, asesora de crianza positiva que desde su cuenta de Instagram @babytribu ha explicado más sobre esta forma de criar a los hijos, además de dejar claro un mensaje, y es que tenemos que enseñar desde temprano para que luego sea más fácil.

Su planteamiento no nace de la exigencia, sino justo de lo contrario. Parte de la idea de que los niños necesitan tiempo, paciencia y acompañamiento para desarrollar habilidades que no vienen de serie. La tolerancia a la frustración, la espera sin angustia, la capacidad de identificar emociones… Todo eso se aprende poco a poco. Y, según explica, cuanto antes tengan la oportunidad de practicar, más natural les resultará después. En uno de sus últimos posts además deja claro que no se trata de imponer ni de endurecer a los niños, sino de estar presentes mientras descubren que la incomodidad ocasional forma parte de la vida.

Experta en crianza positiva lo avala: «Enseña desde temprano para que luego sea más fácil»

En una imagen compartida en su perfil, la experta resume varios puntos que pueden parecer simples, pero que en conjunto suponen un cambio profundo en la manera de acompañar a un niño. Son estos:

  • Enseñarles a respirar profundo cuando se impacienten.
  • Evitar darles todo de inmediato y mostrarles cómo esperar.
  • Usar rutinas claras para ofrecer seguridad.
  • Ayudarles a poner palabras a lo que sienten.
  • No acompañar las esperas con pantallas.

El primer punto, la respiración, puede parecer menor, pero muchas familias lo reconocen como uno de los recursos más útiles. No porque vaya a resolver un berrinche en cinco segundos, sino porque ayuda a introducir un pequeño paréntesis entre la emoción y la reacción.

La idea de no darlo todo de inmediato es, quizá, la que más debate genera. Vivimos rodeados de soluciones rápidas pero con los niños, es mejor hacer lo contrario. No por castigo, sino porque un niño que nunca espera un minuto difícilmente aprenderá a esperar cinco. Es un aprendizaje gradual, pero que solo se puede entrenar si existe la oportunidad real de hacerlo.

Esta experta también recomienda rutinas que forman parte del mensaje. No como una agenda rígida, sino como un marco que les ayuda a saber qué viene después. Cuando un niño entiende que hay un orden y que ese orden se repite, la espera no se convierte en un abismo, sino en algo previsible. Y eso reduce la frustración de forma natural.

En cuanto a poner palabras a lo que sienten, la experta insiste en que verbalizar ayuda a ordenar. Decir «estoy enfadado», «me da rabia» o «quiero que pase ya» no resuelve la emoción, pero la coloca en un sitio reconocible. Para un niño pequeño, que vive todo con intensidad, eso es un ancla.

Y así llegamos al consejo que más reacciones provoca: no usar pantallas para acompañar las esperas. No porque las pantallas sean malas por definición, sino porque tapan la emoción en lugar de permitir sentirla. Si cada momento incómodo se apaga con un estímulo externo, la tolerancia a la frustración no puede crecer. Se entrena justo al revés: con pequeños momentos reales de espera, con un adulto cerca que no desaparece.

«La paciencia no nace con nosotros»

En el texto que acompaña la publicación, @babytribu desarrolla una idea esencial: la paciencia no es innata. Ningún niño viene equipado con la capacidad de esperar sin moverse o de aceptar un ahora no. Eso se aprende, igual que se aprende a hablar o a montar en bicicleta. Y el aprendizaje es más sólido cuando ocurre desde la calma, no desde el reclamo o el enfado.

Por eso insiste en que los niños necesitan espacios donde aburrirse sea normal. Donde no pase nada especial. Donde no haya estímulos constantes. Un rato de aburrimiento no es un fracaso educativo: es el inicio de la creatividad, de la iniciativa y también de la tolerancia a la frustración.

La experta también subraya que las herramientas de crianza positiva funcionan mejor cuando se aplican desde la capacitación y no desde el rescate. Es decir, acompañar para que un niño aprenda a gestionar, no para eliminar cualquier incomodidad que aparezca. El adulto no desaparece, no se desentiende: guía, traduce emociones, sostiene. Pero deja que el niño participe en el proceso.

Aunque pueda sonar extraño de primeras, la idea tiene lógica. Si un niño nunca vive una pequeña frustración, cuando llegue una grande como un conflicto en el colegio, una decepción, o una espera que no depende de él no tendrá herramientas mínimas para sostenerse. En definitiva, en en la tolerancia desde temprano no significa endurecer sino acompañar para que lo difícil no llegue de golpe.

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