Ni premios ni castigos: la tendencia que no sabotea el desarrollo según los expertos en crianza
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En los últimos años, muchas familias se han encontrado en el mismo punto: intentar educar sin caer ni en los premios constantes ni en los castigos de siempre. Una tendencia que ha ido dando paso a una forma distinta de mirar la crianza, más centrada en lo que necesita el niño que en cómo conseguimos que obedezca. Algo que ha querido reflejar una publicación de @babytribu, una de las cuentas de crianza respetuosa más seguidas en Instagram, que plantea algo que a muchos padres les remueve por dentro, y es que quizá no haga falta ni premiar ni castigar para que un niño aprenda a comportarse.
El post parte de una idea sencilla pero incómoda: tanto los premios como los castigos funcionan desde el control, no desde la comprensión. Y por eso, en lugar de pegatinas, amenazas o recompensas, propone acompañar, escuchar y explicar. La reacción ha sido inmediata, porque toca un tema que preocupa a casi todo el mundo: cómo conseguir que los niños cooperen sin convertir la convivencia en un tira y afloja continuo. Más que una moda, la propuesta encaja con lo que recomiendan muchos especialistas en desarrollo infantil: ayudarles a entender el porqué de las cosas y no sólo lo que esperamos de ellos. Al final, el debate no es tanto entre métodos como entre prioridades. ¿Queremos que nuestros hijos hagan las cosas para agradar o para evitar un castigo, o preferimos que desarrollen criterio propio y sepan autorregularse? La publicación de @babytribu pone el foco justo ahí, en aprender a educar sin recurrir a atajos y en acompañar desde la conexión, no desde la presión.
La tendencia que no sabotea el desarrollo según los expertos en crianza
La imagen principal de la publicación plantea un objetivo muy concreto: «Si quieres criar hijos que no dependan de premios para portarse bien». Y a partir de ahí enumera estrategias que, lejos de sonar teóricas, conectan con situaciones reales que viven muchas familias:
- Enseñar que hacer lo correcto tiene valor por sí mismo.
- Usar el diálogo en lugar del chantaje.
- Hacer que se sientan útiles y valorados.
- Evitar las pegatinas y ofrecer tiempo, atención y afecto.
- Reconocer el esfuerzo, no solo el resultado.
- Acompañar con presencia, no con presión.
En el texto que acompaña la publicación, @babytribu profundiza en una idea que para muchos padres resulta incómoda: premiar a un niño por comportarse bien puede, en realidad, sabotear su motivación interna. Es decir, hacer que actúe solo para obtener algo a cambio y no porque comprenda el sentido de lo que hace. En definitiva, es fácil entender que los niños no necesitan premios necesitan sentir que son capaces, valiosos y parte importante de su familia.
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Por qué esta tendencia gana fuerza entre los expertos
La psicología del desarrollo lleva décadas estudiando cómo afecta el refuerzo externo en la conducta infantil. Y varias teorías coinciden en algo que la publicación transmite de forma sencilla, y es que cuando el foco está en el premio, el aprendizaje se vuelve superficial. El niño deja de escuchar lo que necesita o siente y solo busca agradar o evitar una consecuencia negativa.
Los especialistas explican que esto ocurre incluso con recompensas muy pequeñas. Una pegatina puede parecer inofensiva, pero si se convierte en el motivo por el que un niño recoge sus juguetes, es probable que deje de hacerlo cuando no haya premio de por medio. Y lo mismo sucede con amenazas o castigos: funcionan en el momento, pero no generan comprensión.
Por eso la tendencia actual apuesta por algo más exigente para el adulto que es acompañar sin recurrir al control. Implica hablar, explicar, poner límites desde la calma, reconocer el esfuerzo y sostener la frustración del niño sin minimizarla. No es más permisivo; es más complejo y requiere constancia.
El papel del adulto
Una de las frases más compartidas del post es «acompaña con presencia, no con presión». Resume bien el cambio de tendencia. No se trata de dejar hacer, sino de estar. De que el niño perciba que hay un adulto disponible, atento, que marca el camino sin imponerlo mediante amenazas o recompensas constantes.
Cuando un niño se siente visto y valorado, como recuerda @babytribu, la necesidad de premios desaparece, porque su motivación nace de sentirse competente. Esta idea encaja con las recomendaciones actuales de la crianza basada en la conexión: los niños cooperan más cuando se sienten parte de algo, no cuando persiguen un premio.
¿Entonces nunca hay que usar premios?
El enfoque no dice que estén prohibidos, sino que no deberían ser la base de la crianza. Dar un helado ocasionalmente por celebrar algo o reconocer un esfuerzo con un detalle no es lo mismo que establecer un sistema constante de recompensas para obtener obediencia. La clave es que el niño entienda el motivo de las cosas, no solo la consecuencia. Y aquí es donde coinciden todos los expertos que trabajan con familias: la crianza funciona mejor cuando el adulto transmite sentido, límites claros y afecto estable.
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