Crianza

Los expertos alertan del peligro de la moda de la crianza positiva en el colecho: «Un signo de que hay un problema»

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Blanca Espada

En los últimos años se ha puesto de moda hablar de crianza positiva casi como un paraguas bajo el que entran todo tipo de decisiones familiares. Entre ellas, el colecho. De este modo, lo que antes se veía como algo puntual, limitado a los primeros meses, ahora parece haberse convertido en una práctica casi natural que puede durar incluso años. Es ahí donde surge el problema, ya que que no siempre se entiende igual y algunos especialistas empiezan a notar que, en ciertos hogares, se está llevando demasiado lejos.

Dormir cerca de un bebé pequeño tiene sentido y, de hecho, los pediatras insisten en que compartir habitación durante los primeros seis meses reduce el riesgo de muerte súbita. Pero una cosa es tener una cuna al lado y otra muy diferente es que un niño de siete, ocho o incluso diez años siga necesitando meterse en la cama de sus padres cada noche. Cuando ni siquiera puede dormir en casa de un familiar sin ellos, muchos expertos consideran que ya no hablamos de comodidad, sino de una dependencia que conviene revisar. Pero no es sólo eso, los padres, tal vez por vergüenza o porque saben que no es lo normal, suelen ocultar que su hijo duerme con ellos, y esto hace que muchos casos lleguen tarde y que lo que empezó siendo una práctica elegida acabe convertido en una dependencia que afecta al sueño de toda la familia.

Los expertos alertan del peligro de la moda de la crianza positiva y el colecho

Álvaro Bilbao, neuropsicólogo y una de las voces más influyentes en divulgación sobre infancia, intenta reducir el dramatismo pero reconoce que hay señales claras de alarma. No se trata de fijar una edad exacta, explica, pero sí de observar la evolución del niño. Si termina la educación primaria y sigue necesitando dormir con sus padres, algo se ha torcido en el camino. Él mismo utiliza algo de ironía humor para explicarlo: no hay que expulsar al bebé de la cama al nacer, pero tampoco alargar la situación hasta que cumpla 25 años.

Su experiencia en consulta muestra un patrón que se repite. Algunos niños no son capaces de dormir fuera de su casa si no es acompañados de un adulto, lo que les impide quedarse con familiares o participar en excursiones escolares. Ahí es donde la crianza positiva mal entendida, que pretende respetar todos los ritmos del niño, se convierte en un obstáculo. Para Bilbao, permitir el colecho sin límites termina creando inseguridad en lugar de aliviarla.

La psicóloga Elisa López coincide en ese análisis. Asegura que no hay problema si el colecho es una elección consciente y funciona para la familia. La dificultad aparece cuando es la única manera en la que el niño es capaz de conciliar el sueño. Si no puede dormir en casa de los abuelos o de un amigo y rechaza pasar una noche fuera por miedo o incapacidad, entonces sí estamos ante un indicador claro de dependencia emocional. En cambio, si el pequeño duerme con sus padres pero luego va de colonias o pasa fines de semana con otros familiares sin dificultades, la situación no suele generar conflicto.

Cuándo poner límites y cómo hacerlo

En consulta, muchos padres plantean una duda habitual: si el niño no da el paso hacia su habitación por iniciativa propia, ¿debemos forzarlo? Para Bilbao, el límite tiene que venir del adulto. Dormir en pareja o simplemente descansar con tranquilidad también es una necesidad de los padres, y el niño debe aprender a respetarla. Él reconoce que sus propios hijos han dormido con ellos algunas noches, especialmente cuando estaban enfermos, pero siempre hubo un regreso natural a su habitación.

La orientadora familiar Sonia Iglesias introduce un matiz que tranquiliza a muchas familias. Asegura que ningún adolescente desea dormir con su madre o su padre y que el propio desarrollo cerebral empuja a buscar espacio y privacidad. En otras palabras, el colecho no se eterniza si se acompaña con límites y se explica al niño que se le ayudará a dormir solo, aunque al principio cueste un poco más.

Marcar horarios, acompañar al niño en el proceso y mantener un mensaje firme pero afectuoso suele funcionar mejor que las rupturas bruscas. La clave está en no transmitir culpa ni miedo, sino seguridad.

La crianza positiva y sus efectos cuando se aplica sin límites

El debate no está en la crianza positiva en sí, sino en cómo se interpreta. Muchos expertos coinciden en que la idea de respetar los ritmos del niño es valiosa, pero advierten de que algunos padres la han llevado a un extremo que genera el efecto contrario al que buscan. Bilbao, de hecho, afirma que cada vez ve más casos de niños de 12 y 13 años que no pueden dormir sin su madre y que presentan signos de ansiedad cuando deben enfrentarse a situaciones que implican independencia.

También menciona situaciones más llamativas, como algunos niños de sexto de primaria que siguen utilizando pañal por la noche pese a no existir ningún problema médico. Cuando se descarta una causa física, el origen es emocional y está relacionado con la falta de límites y con un acompañamiento excesivo que impide avanzar en la autonomía.

La adolescencia, recuerdan todos los especialistas, exige independencia. Y para llegar a ella con seguridad es necesario que en la infancia empiecen a separarse ciertos espacios, empezando por el más básico: la cama.

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