Crianza

Una experta en crianza positiva, sobre poner límites a los hijos: «Los niños se sienten perdidos»

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Blanca Espada

En los últimos años, hablar de crianza positiva se ha convertido casi en una tendencia. Pero detrás de este término que suena amable y conciliador se esconde algo mucho más profundo. No se trata sólo de respetar a los niños o de evitar gritos y castigos, sino de asumir un compromiso real con su desarrollo emocional y su futuro. ¿Qué implica esto en la práctica? ¿Cómo se traduce en el día a día de familias reales con agendas complicadas y poco tiempo para todo?

Lee Lima, coach de familias, educadora de disciplina positiva, profesora universitaria y ponente TEDx, que acaba de publicar el libro Hijos educados en la crianza positiva ha hablado para la revista Hola! explicando los riesgos que puede tener también, la crianza positiva si no se siguen estableciendo límites. En las páginas de su libro plantea un enfoque integrador y realista para padres y madres con hijos de entre 3 y 9 años. Un enfoque que parte de una premisa clara dado que la crianza positiva no es ausencia de límites, sino un marco firme y respetuoso que da seguridad. «Cuando los límites no están claros o no se aplican de forma sana, los niños se sienten perdidos», afirma . Y no lo dice sólo desde la teoría ya que lleva años acompañando a familias que buscan una forma más consciente de educar, sin renunciar a la autoridad ni a los valores.

Una experta en crianza positiva habla sobre poner límites a los hijos

Uno de los pilares que defiende esta experta es que la crianza positiva no es perfecta, ni busca padres ideales. «Nos vamos a equivocar», reconoce Lima, «pero lo importante es la actitud desde la que educamos. No es un ‘yo contra ti’, sino un ‘yo contigo’». A diferencia de otros enfoques más rígidos, no existen recetas universales. Cada familia tiene sus propias dinámicas, valores, heridas y fortalezas. Por eso, en lugar de fórmulas cerradas, Lima habla de pilares. Entre ellos, destaca cuidar la pertenencia de todos los miembros de la familia, fomentar relaciones horizontales donde todos importan, y ejercer un liderazgo emocional que guíe sin imponer.

Los principios que sostienen esta forma de educar

Inspirada en las bases de la psicología de Alfred Adler, la crianza positiva se construye sobre principios como el respeto mutuo, la cooperación, la dignidad y la confianza en el potencial del niño. Entre las claves que desarrolla Lima en su libro, destacan:

  • Enseñar habilidades sociales y de vida.
  • Educar con amabilidad y firmeza al mismo tiempo.
  • Fomentar la autoestima y la autonomía.
  • Conectar antes de corregir.
  • Entender el error como parte del aprendizaje.
  • Confiar en los recursos internos de cada niño.

Pero, ¿por qué empezar por enseñar habilidades sociales y de vida? Porque, según Lima, es la guía que orienta todo lo demás: «Nos ayuda a preguntarnos si lo que estamos haciendo con nuestros hijos realmente les está educando para la vida».

Cómo poner límites sin perder el vínculo

Uno de los grandes malentendidos en torno a este tipo de crianza es que se asocia a una permisividad excesiva. Pero Lima es clara ya que sin límites no hay crianza positiva. Los límites no sólo no son enemigos del respeto, sino que son necesarios para la seguridad emocional y la convivencia.

Eso sí, deben establecerse con sentido y desde una flexibilidad razonable. No todo se negocia: las cuestiones de salud o seguridad no están sujetas a debate. Pero en otros casos, hay que valorar el contexto, la edad y el momento del niño. La clave está en saber qué límites son negociables y cuáles no, y comunicarlos con firmeza pero sin perder el respeto.

Qué hacer cuando hay conductas difíciles

Incluso cuando se educa desde esta filosofía, pueden surgir comportamientos desafiantes. Y ahí es cuando toca recordar que el comportamiento es un mensaje. «Cuando un niño pega o insulta, lo hace porque no sabe cómo hacerlo diferente», explica Lima. No se trata de justificarlo, sino de entender qué hay detrás y actuar desde una combinación de amabilidad y firmeza: por respeto al niño, pero también por respeto a los adultos y al entorno.

La crianza positiva propone observar al niño de verdad, ver qué necesita, cómo se siente, y actuar desde ahí. Muchas veces, sólo con sentirse vistos y tomados en cuenta, los niños bajan la guardia. Porque no buscan salirse con la suya: buscan pertenecer.

¿Y si no tengo tiempo para estar presente?

Lima reconoce que vivimos en una época en la que el ritmo de vida que llevamos afectan tanto a niños como a adultos. Extraescolares, deberes, trabajos interminables. «Si le preguntamos al niño, lo que más quiere es jugar y pasar tiempo con sus adultos de referencia», señala. La clave, más que la cantidad de horas, está en la calidad del tiempo compartido. Qué se hace en ese rato: si se juega, se conecta, se disfruta o si sólo se dan órdenes, se corrige o se regaña. También invita a reflexionar sobre por qué llenamos la agenda de nuestros hijos, y por qué a menudo nos cuesta encontrar huecos para el simple disfrute en familia.

Fomentar una mentalidad en crecimiento

Por último, otro de los aspectos que Lima desarrolla en su libro es la mentalidad de crecimiento, un concepto trabajado por la psicóloga Carol Dweck. Consiste en enseñar a los niños que pueden mejorar con esfuerzo y constancia, y que los errores no son fracasos, sino oportunidades. Desde esta perspectiva, la crianza no es solo para hoy, sino una inversión en el futuro. Se trata de enseñar a los niños a ser resilientes, autónomos, capaces de adaptarse y con una buena autoestima. Pero también se trata de que los padres se liberen del peso de hacerlo perfecto y abracen una forma de educar más amable, consigo mismos y con sus hijos.

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