Nada que celebrar

Nada que celebrar

uve un amigo al que cuando le felicitaban el día del aniversario de su boda siempre contestaba: «gracias, pero no hay nada que celebrar». Es lo primero que he recordado cuando los propietarios del Mallorca, sin duda inducidos por sus ejecutivos tan mal asesorados como malos asesores, decidieron celebrar el décimo aniversario de su malogrado desembarco amparado en la conmemoración de la fundación del Real Alfonso XIII durante los próximos idus de marzo.

El progresivo deterioro de la plantilla año tras año, la pésima gestión social liderada por el CEO Alfonso Díaz, el fracaso permanente del primer equipo y del fútbol formativo a lomos de los desidia y desahogo de la dirección deportiva, Pablo Ortells, justifican el desarraigo de una afición engañada y traicionada algunos de cuyos integrantes han decidido no participar de tales pantomimas aunque el principal responsable, Andy Kohlberg, haya viajado a Palma para presidirlas.

Quedan seis días para la clausura del mercado de invierno 2026 sin que se haya registrado más movimiento que la incorporación «cara al futuro» de un chaval, Kalumba, rescatado del filial de un equipo modesto de la Ligue 1 francesa, el Angers. Un ejercicio de oráculo inútil ante las perentorias necesidades urgentes que precisa la escuadra de otro incauto víctima de la farsa: Arrasate.

Tamaña parodia, pues nunca han tenido la menor intención de fichar a nadie ni nadie ha querido firmar por este club, admite diversas interpretaciones, pero no nos adentremos por el camino de la especulación. Encaja con lo que fue en su momento la política de los Phoenix Suns cuya directiva, bajo el mandato de Robert Sarver, fue calificada como la peor de la NBA. Hemos entendido la causa y el mensaje.

Así que los refundadores que se autoproclaman a si mismos buenos refundadores, pueden festejar cuanto deseen aunque ni para eso saben elegir la idoneidad del momento, que está más para oraciones que para saraos. Pero lo que si han captado Kohlberg y sus secuaces es la facilidad con la que la sociedad mallorquina y sus «mass media», o «menos», se pliegan a cualquiera mientras no pida dinero o especies; eso si en la misma proporción que le desprecia cuando no lo trae. Sobre todo, si lo ha prometido.

Lo último en OkBaleares

Últimas noticias