Por qué el calor de verano es el peor enemigo de tu móvil y cómo frenarlo

Hay algo que los fabricantes de móviles no destacan, sus dispositivos no están diseñados para el calor extremo. Apple recomienda no exponer el iPhone a temperaturas superiores a 35 grados. Samsung establece el mismo límite para sus Galaxy. Y en España, con veranos que superan los 40 grados en muchas zonas y superficies como el asfalto o la arena de la playa que pueden alcanzar los 60 o 70 grados, dejar el móvil al sol durante unos minutos puede causar daños que no se manifiestan de inmediato pero que acortan significativamente la vida del dispositivo. Proteger el móvil del calor es una necesidad real si quieres que tu teléfono dure más de un par de veranos.
Qué le hace exactamente el calor extremo a tu móvil
El componente más vulnerable al calor es la batería. Los smartphones modernos usan baterías de litio cuya capacidad se degrada de forma acelerada cuando se exponen a temperaturas altas de forma repetida. Cada vez que la batería se calienta en exceso pierde una pequeña fracción de su capacidad máxima, y ese daño es acumulativo e irreversible. Un móvil que ha pasado varios veranos expuesto al sol directo tendrá una batería que aguanta bastante menos que uno que ha sido tratado con cuidado, aunque ambos tengan la misma antigüedad.
El calor también afecta al procesador. Cuando la temperatura interna supera ciertos umbrales, el sistema operativo reduce automáticamente la velocidad del procesador para evitar daños, un proceso conocido como throttling. El resultado es un móvil que va más lento, las apps tardan más en cargar y la experiencia general se deteriora. En casos extremos, el dispositivo puede apagarse solo como medida de protección. Si tu móvil se ha apagado solo en la playa o en el coche, no era un fallo aleatorio, era el sistema protegiéndose del calor.

La pantalla y los componentes internos también sufren. Las pantallas OLED, presentes en la mayoría de smartphones de gama media y alta, son especialmente sensibles a las altas temperaturas y pueden desarrollar manchas o irregularidades de color si se exponen al calor directo de forma prolongada. Los conectores internos y la placa base también pueden verse afectados por las dilataciones térmicas repetidas, aunque estos daños son más raros y suelen aparecer en situaciones de calor muy extremo.
Cómo proteger el móvil del calor de forma práctica
La regla más importante es la más obvia y la más incumplida, nunca dejes el móvil al sol directo. Ni en la playa, ni en el coche, ni en la terraza. En el coche es especialmente crítico, el interior de un vehículo aparcado al sol puede superar los 70 grados en verano, una temperatura que puede dañar el móvil en cuestión de minutos y que además representa un riesgo de incendio con ciertos dispositivos.
En la playa, guarda el móvil en la bolsa a la sombra cuando no lo estés usando. Si necesitas usarlo bajo el sol, hazlo en intervalos cortos y evita cargarlo al mismo tiempo, la combinación de calor ambiental y calor de la carga es especialmente dañina para la batería. Desactiva funciones que generan calor innecesario cuando no las necesites como el Bluetooth, el GPS y el brillo al máximo, ya que contribuyen a elevar la temperatura interna del dispositivo.
Si el móvil se calienta, lo peor que puedes hacer es meterlo en el congelador o echarle agua. El cambio brusco de temperatura puede causar condensación interna y cortocircuitos. Lo correcto es apagarlo, retirarlo del sol, quitarle la funda si la tiene para facilitar la disipación del calor y dejarlo enfriar a temperatura ambiente en un lugar con sombra. En cuanto a las fundas, las de silicona gruesa retienen el calor y dificultan la ventilación, en verano, una funda fina o prescindir de ella en situaciones de calor extremo es mejor para proteger el móvil del calor que llevarlo siempre con ella.
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